Lo reiteramos año tras año. El verano es una época que suele adolecer de noticias realmente trascendentales en el universo cofrade. Por lo tanto, es habitual que se reproduzcan determinadas informaciones que carecen del suficiente rigor informativo como para que gocen de la credibilidad requerida. Una de estas noticias que se reproduce cada mes de agosto (o inicios de septiembre) es la previsión que sobre el clima de la próxima Semana Santa se deriva del “estudio de las cabañuelas”, esa pseudociencia especialmente proclive a no acertar merced a la experiencia de cada temporada. Basta con recordar que año tras año suelen prever un pronóstico similar para la Semana Santa, lluvias moderadas y generalizadas (en la pasada acertaron en lo segundo, en lo primero llovió para salvar una sequía, con lo que resultaron algo más que moderadas). Una previsión demasiado difusa como para que nadie pueda tomarla en serio y tan poco concreta que es muy probable que en algo acierte.
Pese a ello, parece que los cabañuelistas no cejan en su empeño y cada temporada vuelven a realizar sus pronósticos que sirven de entretenimiento en la quietud del período estival en lo que a actualidad cofrade se refiere, que provocan el enfado generalizado entre aquellos que se las creen cuando no son favorables. En este caso, los primeros indicios con vistas a 2025 ya apuntan a que la primavera podría estar marcada por la inestabilidad, lo que inmediatamente ha sido reproducido a diestra y a siniestra para desesperación de unos pocos, regocijo de los anti todo y divertimento de la mayoría. Válidas o no, las cabañuelas vuelven a mostrarse pesimistas respecto a la próxima Semana Santa, que dará comienzo el 13 de abril y se prolongará hasta el día 20.

En concreto, el conocido cabañuelista de Quesada (Jaén), Alfonso Cuenca, atención a la sorpresa, vaticina que los días 7 y 15 de abril el clima presentará «nubosidad variable y tormentosa, con lluvias de moderadas a leves y temperaturas entre los 15 y los 30 grados». Entre los días 15 y 23 la «nubosidad será abundante» y las lluvias de «moderadas a leves» (pero lluvia, al fin y al cabo), con las mismas temperaturas. Un desastre, vaya.
Por su parte, el cabañuelista Pedro Buitrago prevé un mes de abril con un clima variado con días soleados intercalados con tormentas ocasionales, aumento de las temperaturas y lluvias más frecuentes. Es decir, lo mismo de cada año, algo lógico teniendo en cuenta que hablamos de la primavera, pero rara vez se traduce en aciertos, por mucho que el recuerdo de la extremadamente lluviosa Semana Santa de 2024 aún permanezca en nuestra memoria reciente. Si llovió la pasada Semana Santa, desde luego no fue porque lo vaticinasen las Cabañuelas. De lo contrario habrían acertado también todos los años anteriores; y no lo hicieron.
Cabe recordar que estos pronósticos son realizados por los cabañuelistas observando el comportamiento meteorológico del mes de agosto y otros aspectos de la naturaleza como el color del cielo, el comportamiento de los animales o el mar, para predecir así -con más o menos acierto-, cómo será el tiempo en los próximos meses. Las cabañuelas se realizan a partir de la observación del conjunto de las condiciones meteorológicas durante los días del mes de agosto, desde que sale el sol hasta que se pone.
Según el tradicional método, desarrollado especialmente en zonas rurales, el primer día del mes haría referencia al tiempo que va a hacer en enero del año siguiente, el día dos de agosto al mes de febrero, y así sucesivamente hasta el día doce que se cerraría el año con diciembre. Además, están las cabañuelas de retorno, que se trata del mismo sistema pero a la inversa. El día trece de agosto haría referencia a lo que podría pasar en el mes de diciembre del próximo año, el catorce al mes de noviembre y así con el resto de días del mes de agosto.
Teniendo en cuenta que la primavera es una estación marcada por la inestabilidad meteorológica, resulta una auténtica quimera realizar pronósticos a más de tres días vista -incluso a veces ni eso-, más aún realizar predicciones con tantos meses de antelación. No obstante, volvemos a insistir como cada año, esto de las cabañuelas sirve como divertimento estival, ya saben: la próxima Semana Santa, en boca de los cabañuelistas, será inestable, como siempre… Si bien alguna vez deberían acertar aplicando la estadística más elemental, esperemos que en esta ocasión, como suele ser habitual, tampoco. No se las crean
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