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El Rincón de la Memoria, Sevilla

El primer Lunes Santo

Antes de que la jornada del Lunes Santo se crease era habitual que en este día hicieran estación de penitencia a la catedral las hermandades que no habían podido efectuar su salida el Domingo de Ramos. Aprovechando el vacío de corporaciones, las hermandades podían salir otro día si la lluvia lo había impedido. Incluso podían hacerlo por la mañana de otra jornada antes de que se iniciase oficialmente con la salida de la primera cofradía de la nómina.

Aunque el año en que se inauguró fue en 1923, ya antes tenemos un referente en un cabildo que organiza la decana del día a finales de 1918, cumpliéndose por tanto un siglo de una reunión donde los hermanos dijeron “no” a la salida en Lunes Santo. A pesar de ello, las negociaciones no cesaron, ya que tan solo cinco años más tarde la cofradía realiza su estación de penitencia en Lunes Santo.

El cabildo donde se obtuvo el sí contó con el apoyo de 23 miembros, obteniendo tan solo 2 votos en blanco y 5 que se negaban a que El Museo realizase su estación de penitencia en Lunes Santo. Tal fue el revuelo que durante este encuentro se informó a los asistentes de que el hecho de salir el 1923 era solo a modo de prueba, pudiendo regresar al puesto que ocupaba el Viernes Santo sin perder en antigüedad. Otra puntualización remarcaba que se haría contando con la participación de otra u otras cofradías, para que así no fuese la única que pusiese su cruz de guía en la calle en solitario.

El año anterior, la hermandad del Museo había acudido a la catedral con la dolorosa bajo palio, hecho que no habían conocido las generaciones anteriores al menos hasta 1729, año en el que la Virgen de las Aguas salió de este modo, según recogen diversos historiadores como Carrero. Para la Semana Santa de 1922 nos encontramos con el estreno de las manos de la dolorosa, realizadas por Antonio Infantes y que venían a sustituir a las anteriores, unidas. Sin embargo aquel año la lluvia fue protagonista, por lo que no pudo contemplarse en la calle esta estampa, así como el palio realizado en los talleres de Olmo, con orfebrería de Seco Imberg.

El Museo traslada su decisión al ayuntamiento, quien cita a la corporación de Las Aguas, por aquel entonces en San Jacinto, acudiendo representantes de esta y acordando aceptar salir el Lunes Santo, con la condición de que esto fuese aprobado por el vicario y con la autorización de regresar al Domingo de Ramos si así se acordase, sin perder su antigüedad. La corporación trianera se encontraba ahora con un panorama más beneficioso con la salida en la tarde del Lunes Santo. No tendría que esperar al paso de la hermandad de La Estrella, teniendo espacio y tiempo para ello. Tras el beneplácito del vicario se daba vía libre a la salida el Lunes Santo de la conocida como “Silencio de Triana”.

El 26 de marzo de 1923, Lunes Santo, a las seis y media de la tarde salió el paso del Cristo de las Aguas y la Virgen del Mayor Dolor, haciéndolo desde la capilla del Museo el crucificado del capitán Cepeda y, bajo palio, María Santísima de las Aguas, curiosamente vestida de hebrea. Ambas entraron en sus respectivos templos después de las doce y media de la noche. Sin embargo, la corporación radicada en la Plaza del Museo fue la más perjudicada por el horario, pues acumuló un retraso que solo un día más tarde obtendría respuesta: cien pesetas de multa por haber invertido más tiempo de paso que el requerido y que fueron descontados de la subvención que el ayuntamiento entregó a las hermandades.

Al año siguiente es la hermandad de Las Penas la que se incorpora a la nómina. El primero de los pasos proveniente de la cofradía de San Agustín, siendo modificado con la inclusión de hachones forjados, mientras que el segundo contó con piezas dejadas por otras corporaciones. La hermandad con sede en San Vicente se convertía en la tercera de un lunes que el año anterior pasó a la historia. Una jornada que fue asentándose en una década donde lo hizo además el Martes Santo, con la incorporación de La Bofetá en 1920 -que se añadía a Santa Cruz, que llevaba desde 1904 en este día-, y La Candelaria y San Benito en 1922, signo inequívoco del crecimiento que experimentaba la Semana Santa.

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