Dicen que en Capuchinos una belleza angelical despierta cada mañana. Mi alma, curiosa, arde en deseos de ver a aquella hermosura tan sublime y es hasta que mis ojos no se posan en ella, que este ardor de pecho, no amaina. Soberana de una corte de pureza virginal la llaman y es ahora que te contemplo, cuando mi corazón lo confirma, pues esa belleza envuelta por tan cuaresmales vestimentas, no puede ser obra terrena.
Madre, hasta llorando deslumbras, ni las lágrimas que recorren tu rostro quieren dejar en tu blanca tez, la rojez de sus huellas. ¿Cómo es posible que tu dulzura, a los hostigadores de tu hijo no conmueva? El tiempo a tu lado pasa volando y es cuando me doy cuenta, que he pasado la tarde a tu lado, embelesada por tu belleza.
No llores Reina de la Paz, no te dejo abandonada, te quedas en manos de los ángeles que te guardan que hace un tiempo esperan que me vaya, para poder quedarse a tu lado y contarte los secretos que tan solo para Tí, su corazón guarda.





