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De Cerca, Sevilla

Rocío Plaza: “Las estampidas de público coinciden con episodios de tensiones sociales y políticas”

Rocío Plaza Orellana es doctora en Historia del Arte por la universidad de Sevilla, además de profesora del departamento de Escultura e Historia de las artes plásticas de la facultad de Bellas Artes. Entre otras obras, es autora de “Los orígenes modernos de la Semana Santa de Sevilla: El poder de las cofradías”, una completa investigación sobre la celebración más conocida de la capital hispalense que se centra en el último cuarto de siglo del XVIII y principios del XIX.

“Las hermandades tomarían préstamos de la escena como músicas con aires de fandangos, boleros e incluso tonadillas en los cultos, o crearán escenografías más complejas para las escenas de los misterios”

– Obras como “Bailes de Andalucía en Londres y París, (1830-1850)”, “El flamenco y los románticos, “Los espectáculos escénicos en Sevilla bajo el gobierno de Godoy”. ¿Qué tiene la Semana Santa de espectáculo a finales del siglo XVIII?

En Sevilla coincide la apertura del teatro moderno tras muchos años de prohibiciones con las reformas borbónicas. Las reformas afectarán a la escena teatral y a los cortejos de las estaciones de penitencia en las calles. Y tanto el teatro como las cofradías tendrán defensores acérrimos que los apoyarán y protegerán frente a otros que querrán reformarlos e incluso extinguirlos. El resultado fue el inicio de un proceso complejo por la supervivencia de ambos que contaminó a los dos. En concreto, las hermandades tomarían préstamos de la escena como músicas con aires de fandangos, boleros e incluso tonadillas en los cultos, o crearán escenografías más complejas para las escenas de los misterios.

“Sin la llegada de los turistas en el siglo XIX, y su consolidación a lo largo del siglo XX, tendríamos otra Semana Santa en la calle”

– La investigación viene avalada por una importante cantidad de fuentes documentales. ¿Qué legajo u obra le llamó más la atención? ¿Por qué?

Una noticia periodística que ofrece El Correo de Sevilla en 1805, en la que un lector escribe para contar que ha escuchado la música de una de las tonadillas más populares, la de “Doña Toribia”, en un culto de la cuaresma. No lo hace sólo para denunciar este hecho concreto, sino para quejarse de lo que considera ya algo habitual desde hacía unos años: las músicas que se escuchan en las iglesias en estos cultos en los que abundan los aires de fandangos, boleros y seguidillas.

– Algunas hermandades son bastante reservadas a la hora de abrir sus archivos a los investigadores. ¿Se ha encontrado con algún caso?

Las hermandades a las que he pedido la consulta de sus archivos me lo han facilitado, que han sido casi todas las que realizaron estación de penitencia entre 1777 y 1808. Ha sido largo el proceso, pues son muchas, y cada una tiene unas normas particulares de acceso que he debido seguir, pues son archivos privados y dependen de la disponibilidad de los hermanos.

“La obligación de aprobación de las nuevas reglas de las hermandades por el Consejo de Castilla, por ejemplo, conllevaba un importante desembolso económico”

– El punto de partida es el año de 1777, cuando Carlos III emite una serie de normativas con las que pretende modificar las fiestas populares, como la cédula que acaba con las procesiones de disciplinantes. ¿Les costó a las hermandades adaptarse a estos nuevos tiempos?

Sí. Las reformas que se planificaron para las hermandades y cofradías estaban destinadas a regularlas, y entre los objetivos estaba el de facilitar la fiscalización y el control de sus bienes por parte del Estado en un proyecto de integración económico centralizador. De igual forma, siguiendo la dinámica legisladora de las autoridades municipales y eclesiásticas anteriores, se intentó impedir que su exposición pública albergara la posibilidad de desórdenes por la posesión de leyes internas. Por ello, los cambios trajeron sobre todo trastornos económicos, que afectaron más a las hermandades con menos recursos y con menos capacidad de adaptación. Es decir aquellas que no contaran entre sus hermanos con personas con un patrimonio disponible para la hermandad, o con influencias políticas que le facilitaran el proceso, tanto respecto al cumplimiento de la nueva legislación, como de su incumplimiento. La obligación de aprobación de las nuevas reglas de las hermandades por el Consejo de Castilla, por ejemplo, conllevaba un importante desembolso económico, pues les exigía agentes en Madrid que respondiera por ellos y les agilizara el proceso durante años; y no todas pudieron permitírselo.

“Los desórdenes durante las estaciones de penitencia han estado presentes siempre, por eso las numerosas prohibiciones de permanencia en la calle de las cofradías durante la noche, o los antifaces de los nazarenos, fueron una constante por las autoridades”

– Uno de los argumentos esgrimidos para prohibir la Madrugada fue el desorden público. Parece mentira, pero siglos después el desorden público sigue siendo un tema de debate. Las carreritas del año 2000, los sucesos del pasado año, el conato de carrerita acaecido en las proximidades de la Magdalena este año… En este aspecto, parece que hemos cambiado poco…

Los desórdenes durante las estaciones de penitencia han estado presentes siempre, por eso las numerosas prohibiciones de permanencia en la calle de las cofradías durante la noche, o los antifaces de los nazarenos, fueron una constante por las autoridades municipales y eclesiásticas. Las estampidas de público también estuvieron presentes en algunos momentos, como vemos en este libro en Sevilla, y coinciden con episodios de tensiones sociales y políticas. Pero también coincide su conocimiento con momentos de mayor libertad en las costumbres o en la opinión pública, por lo cual tenemos más información de algo que parece más habitual de lo que creíamos.

“La gran diferencia en Sevilla entre la Semana Santa anterior a 1850 y la posterior es precisamente esa, la progresiva llegada de extranjeros durante la primavera”

– El turismo también hace su acto de aparición. Es curioso cómo los periódicos de la época miman al turista mientras hoy en día impera la “turismofobia”. La desaparición del turismo, además de asestar un duro golpe a la economía de la ciudad, ¿sería lo suficientemente significativo como para hablar de una nueva Semana Santa?

La gran diferencia en Sevilla entre la Semana Santa anterior a 1850 y la posterior es precisamente esa, la progresiva llegada de extranjeros durante la primavera. En torno a la Semana Santa, a su variable calendario, se articulará toda la oferta destinada a la diversión y al consumo lúdico de los visitantes desde la ubicación de la Feria de abril, la selección de la corrida del Domingo de Resurrección, la oferta de las salas de teatro, de variedades, cafés cantantes… y por supuesto toda la oferta hotelera. El ferrocarril con sus billetes especiales de temporada y su tren botijo multiplicarán año tras año el fenómeno a partir de 1860. Sin la llegada de los turistas en el siglo XIX, y su consolidación a lo largo del siglo XX, tendríamos otra Semana Santa en la calle.

“Gustavo Adolfo Bécquer se muestra rotundo cuando asegura que precisamente debido a su exuberancia, colorido y pomposidad la Semana Santa de Sevilla es próspera”

– Uno de los protagonistas es Olavide. Aunque religioso, entendía la cuestión de fe como algo íntimo. ¿Se ha ido perdiendo este sentir entre la población en beneficio del exorno y la espectacularización?

En Sevilla es precisamente en este momento, último cuarto del siglo XVIII cuando comienza no sólo a construirse esta nueva estética, sino sobre también este discurso. Continuará su curso hasta nuestros días con hermandades con una estética más austera, y otras más coloridas y brillantes. Ha sido una dualidad constante en la ciudad y siempre ha convivido en el debate. Gustavo Adolfo Bécquer, por ejemplo, se muestra rotundo con respecto a este debate cuando asegura que precisamente debido a su exuberancia, colorido y pomposidad la Semana Santa de Sevilla es próspera, y goza de la mejor salud pública en su tiempo.

– La aparición de las joyas en las coronas, el color en las túnicas… ¿qué papel juega en estos cambios la burguesía?

Se adaptarán a las nuevas modas imperantes, marcadas por Francia principalmente a lo largo del siglo XIX en lo relativo a colores o tejidos, o al teatro con sus escenografías y sus diseños de vestuario historicista. El teatro, la ópera o las revistas de modas son espacios y diversiones que caracterizaron a la burguesía europea, y trasladarán su estética a todas las manifestaciones de las que ellos formen parte. Y en esto incluyeron desde el tocado de las Vírgenes hasta las broches de los uniformes de gala de sus cortejos.

– Hermandades formadas por nobles, otras por trabajadores. ¿Había hermandades de primera y de segunda o el hecho de cumplir una misma función las equiparaba en igualdad de condiciones?

Había hermanos bien posicionados entre las autoridades locales y eclesiásticas, como también hermanos con un buen patrimonio dispuesto a emplearlo en su cofradía. Ambos facilitaron a algunas hermandades la consecución de lo que deseaban, ya fuera realizar una estación de penitencia nocturna, un cuerpo de nazarenos o la aceptación de la invitación por parte del Asistente de la ciudad, o del provisor eclesiástico, de convertirse en uno de sus hermanos. Todo esto contribuía a que algunas hermandades encontraran una posición más relevante en el entramado social de la ciudad frente a otras que debían conseguir sus objetivos con menos recursos.

“La Semana Santa ya había atravesado tremendos problemas que habían disminuido considerablemente el número de cofradías durante las estaciones de penitencia”

– Algunos estudiosos hacen hincapié en que la Semana Santa sufre una profunda renovación con la llegada de los duques de Montpensier. ¿Fue tan significante la aparición de estos para que surtieran cambios o la ciudad, y también la Semana Santa, ya estaba atravesando una metamorfosis antes de la llegada de los duques?

La Semana Santa ya había atravesado tremendos problemas que habían disminuido considerablemente el número de cofradías durante las estaciones de penitencia, y se había ido reponiendo gracias al esfuerzo y a la inversión económica de muchos hermanos, en diferentes momentos del siglo XIX antes de que llegaran la Infanta Luisa Fernanda de Borbón y Antonio de Orléans. Su presencia trajo a numerosos viajeros, cortesanos europeos, a la familia de los Orléans, y sobre todo el interés de la prensa. Ello colocó el foco de atención nacional en estos días en la ciudad, otorgándole una propaganda como antes no la había tenido. La participación de los duques en los cortejos, tanto desde el palco que le dispuso la ciudad como en las mismas procesiones, o de la duquesa en los cultos o con sus obras caritativas durante estos días dotaron, a la celebración de un marco atractivo que la benefició mucho, consolidando y cohesionando el fenómeno turístico que había comenzado a desarrollarse en Sevilla. Pero al igual que en la hostelería o en los espectáculos de baile que se preparaban para los extranjeros coincidiendo con su llegada, el dinero para hacerla posible era privado, y en el caso de las estaciones de penitencia salía mayoritariamente del patrimonio particular de sus hermanos.

“Las hermandades han ido sobreviviendo por la eficacia que han tenido en la gestión de los recursos económicos propios, de sus hermanos dispuestos a invertirlos en las cofradías”

– En gran medida, las hermandades han sobrevivido gracias a que han ido apegándose al poder según sus conveniencias: Ayuntamiento, Arzobispado, Consejo de Castilla… ¿Cuál es el caso más llamativo de esta época?

Las hermandades han ido sobreviviendo por la eficacia que han tenido en la gestión de los recursos económicos propios, de sus hermanos dispuestos a invertirlos en las cofradías, y por las relaciones sociales y políticas que han conseguido implicar en sus  objetivos, en el tiempo que he investigado. Para comprender la versatilidad que ofrecen las hermandades en el tiempo, atravesando todo tipo de vaivenes políticos, creo que resulta imprescindible analizar a sus hermanos concretamente; y especialmente a sus juntas de gobierno, o diputaciones especiales nombradas para determinadas funciones puntuales según el momento. Son sus hermanos los que hacen las cofradías, y estos según los regímenes políticos que se han ido sucediendo no siempre se mantienen en las juntas de gobierno o en los puestos que ocuparon. Contar con Asistentes, regentes de la Audiencia o el Arzobispo podía ser la pretensión de casi todas, pero que estos respondieran por ella ya eso dependía de otros factores. Hay muchos casos llamativos totalmente opuestos tanto en intereses, inclinaciones políticas o capacidades económicas, desde las hermandades del Gran Poder, Jesús Nazareno, Macarena o Sagrada Entrada en Jerusalén que convivieron en el tiempo, y fueron variando a su junta de gobierno. Sin embargo, me parece especialmente importante en este momento la labor desempeñada por los nuevos cargos municipales creados por las reformas borbónicas, especialmente los llamados del Común. Ellos hicieron posible que hermandades como la de la Macarena saliera adelante.

– En líneas generales, las publicaciones sobre Semana Santa se centran en la exaltación, existiendo un espacio todavía menor dedicado a la investigación, como ofrece esta obra. Desde su perspectiva, ¿queda todavía mucho por investigar con relación a la fiesta mayor de la ciudad?

Sí, porque es una historia larga y compleja que precisa de enfoques y métodos de investigación interdisciplinares. Cuantas más disciplinas involucremos en su investigación, ya sean la historia, la música, las artes escénicas, la economía y todas aquellas con las que encontremos afinidades, más información obtendremos de esta realidad tan compleja y rica.

– La segunda parte abordará cómo las hermandades cambian debido a la invasión francesa. ¿Cuándo podremos disfrutarla los lectores?

Espero que para la próxima cuaresma.

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