Córdoba, ⭐ Portada

Rotulada la Plaza del Santísimo Cristo de las Penas

Desde este domingo, otro enclave de la ciudad de Córdoba lleva el nombre de una imagen sagrada en consonancia con la dinámica, potenciada en los últimos años, que está permitiendo que el nomenclátor de la ciudad de Córdoba se vaya cuajando con el nombre de personas relacionadas con el mundo de las hermandades así como con las diversas advocaciones que ocupan un lugar de privilegio en el altar de cabecera de miles de cordobeses.

Se trata del Santísimo Cristo de las Penas, el imponente y centenario crucificado que habita en la Iglesia de Santiago, en la calle Agustín Moreno, y que es titular cristífero de la hermandad homónima que se convierte en cofradía cada Domingo de Ramos, toda vez que la Junta de Gobierno de la hermandad ha solicitado que una plaza de Córdoba lleve el nombre de esta insustituible advocación, profundamente enraizada en el devocionario de la ciudad. La plaza ocupará el espacio libre situado entre Santiago y San Pedro, concretamente entre el acerado de la calle Agustín Moreno y la calle Valderrama.

La imagen del Santísimo Cristo de las Penas está considerada como la imagen más antigua de la Semana Santa cordobesa. Es una talla de autor anónimo. Su antigüedad se remonta para algunos autores hasta el siglo XIII, considerándola una pieza importante de la escultura gótica. Para otros, estaríamos ante una talla labrada hacia 1400 y profundamente modificada, en tiempo no determinado, para aproximarla a la moda del siglo XVI. Estéticamente, la imagen muestra una gran analogía con los crucificados que se tallan en la ciudad en la segunda mitad del siglo XVI, aunque el autor se inspiró en las formas manieristas que imperaban en la ciudad en los últimos años del quinientos.

En su composición, el autor ha simplificado las formas del cuerpo, representando el torso brevemente desbastado, lo que potencia el hieratismo de la talla; ha estilizado sus miembros, dándole unas proporciones alargadas. Su iconografía responde a la de Cristo muerto, con la cabeza inclinada a la derecha y abundante cabellera. La cabeza lleva corona de espinas formada por dos ramas llenas de púas, tipología que se prodiga en los crucificados de la ciudad hasta los días del manierismo. Otro elemento que llama la atención, porque lo desvincula de la estética propia del gótico, es el tratamiento del perizoma, anudado al lado izquierdo. Una imagen emblemática que desde ahora ocupa un lugar de privilegio en el callejero de Córdoba.

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