Salvador Giménez ha pronunciado un Pregón del Costalero de la Hermandad de la Sagrada Cena en una noche primaveral de un invierno extraño. Un pregón histórico y lleno de datos desconocidos para muchos.
Comenzó el pregonero con una primera chicota con lo que son los preparativos de cada uno de los cofrades y las personas que trabajan por y para ella. Reclama que se está perdiendo el verdadero sentido y significado como está ocurriendo en la sociedad actual. Realiza una exaltación de nuestra fé defendiendo a esas personas perseguidas por ser creyentes católicos. Realizó posteriormente un recorrido por sus Iglesias con sus respectivas hermandades y exaltando a la ciudad de Córdoba.
Su segunda chicota habla de nuestra ciudad, mencionando a su conquistador San Fernando y de su Beato Álvaro de Córdoba, donde creo el Via Crucis en la sierra cordobesa. Habla de la persecución en nuestra ciudad de los cristianos, por ello es la segunda capital de Santos Mártires. Habla también de la persecución a la cristianos en el Califato.
Su tercera chicota, comienza después de la Epifanía del Señor. Habla del deporte sacro de ser costalero. Comenta que hoy en día muchos han llegado por medio del costal, y reclama que después del costal debemos volver a la túnica. Noches de igualas y ensayos y quebraderos de cabeza para los capataces para colocar a sus cuadrillas.
Habla se las madres o mujeres que con mimo preparan sus ropas de trabajo.
Recuerda aquellas cuadrillas de profesionales y sus maneras y formas de trabajar, pasando de la época sepia al color. Recuerda a los primeros capataces de pasos en Córdoba. Y así continúa con sus detalles sobre las formas de mandar. Detalles de maneras de mandar en Córdoba, como José Gálvez, con su placa de policía. De él salieron dos discípulos como Rafael Muñoz e Ignacio Torronteras.
Alaba la labor de Rafael Muñoz fue el capataz de la transición en Córdoba. Ignacio Torronteras otro gran capataz de esta ciudad. Junto con ellos sobresale Rafael Sáez, proviniendo de su padre que sacaba numerosos pasos en la ciudad. Reinvidica una calle para estos capataces.
Cuarta chicota, cuando se encamina hacia la casa de hermandad con su ropa envuelta en una bolsa. Y comienza una chicota reivindicando los valores de los costaleros antiguos, humildad, compañerismo, amistad… Esto lleva a acercarse a nuevas hermandades y a la Iglesia. El costalero no deja de ser un servidor de las hermandades. Pide que el costalero sea un protagonista anónimo.











