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San Benito, protector de la Sierra Norte

A 12 de kilómetros de Castilblanco de los Arroyos se encuentra una de las devociones más destacadas de la provincia

El arroyo del Carpio y el de la Fuente Blanca circundan un enclave desde el que se divisa parte de Sierra Morena. Al fondo, el embalse de Melonares ofrece una estampa idílica en primavera, rodeado de encinas, y matorrales que alumbran el campo con flores rojas y amarillas, herederas de las últimas lluvias que han caído en la zona.

Unos orígenes confusos

La fuente de San Benito, en las afueras de Castilblanco de los Arroyos es el punto de partida de un camino que está pendiente de sendas actuaciones para adecentar el último tramo, que ha sufrido también la acción del agua. Al fondo, una ermita de la que se ignora la fecha de su construcción, aunque como revela el tercer tomo del Libro de la Montería, mandado a escribir por Alfonso XI, ya existía a mediados del siglo XIV. Tampoco se conoce con exactitud el origen de la devoción a San Benito, patrón de Europa, pero el hecho de que se conozca en las estampas más antiguas como «El aparecido» da idea de que quizá mediante su presencia esporádica en la región naciera el fervor que desde entonces rodea al milagroso santo.

El origen de la hermandad tampoco está claro. La primera referencia se halla en un inventario de 1595, año en el que la archidiócesis de Sevilla ordena una revisión de los bienes, salarios, corporaciones, etc., que forman parte de la misma. Y es gracias a esta investigación donde aparece mencionada la cofradía de San Benito. A partir del siglo XVII se produce un notable florecimiento en la hermandad. Casas, reses, terrenos… dan testimonio de la etapa de esplendor que atraviesa.

El devenir de los siglos

A lo largo de las centurias varias son las Reglas por las que se ha regido la corporación. En 1866, por ejemplo, se redactan nuevas por haberse extraviado las anteriores, y resulta llamativo que en el preámbulo de las mismas se recoja el deseo de los hermanos de que la hermandad vuelva a su antiguo esplendor. Después llegarán Reglas redactadas en 1928, pasando los hermanos a celebrar la romería el día de la onomástica de San Benito, el 11 de julio, a hacerlo los días 27 y 28 de agosto. Después llegarán nuevas Reglas en 1954, 1961, 1989 y 2005, estas con la finalidad de ser adaptadas a las normas diocesanas de 1997. Uno de los momentos más esperados por la corporación tuvo lugar en 1993 cuando la abadía benedictina de Santo Domingo de Silos y la hermanda matriz suscribieron una carta de hermandad, motivo por el que el padre abad de Silos cedió una reliquia de San Benito que actualmente se conserva en la ermita.

La ermita

Situada en la dehesa Cañada de la Parra, el templo, orientado al oeste, no posee una fisonomía medieval, aunque la disposición de tales modelos se encuentre documentada en documentos custodiados por el arzobispado, el archivo histórico provincial y la misma hermandad. Rectangular, y de una sola nave, está dividida en tres tramos mediante arcos de medio punto que descansan sobre pilastras adosadas. La parte superior, a dos aguas, antecede al presbiterio, de planta cuadrada, separado por una reja y donde se levanta el retablo que cobija a la sagrada imagen.

La pieza es la más destacada del conjunto si nos atenemos a su valor histórico-artístico. Aunque no se conserva la documentación que recoge la fecha de su construcción, por otros legajos se sitúa en torno a 1725. En madera de pino y dorado, destacan sus dos columnas salomónicas que flanquean la hornacina central, mientras que debajo, en el banco inferior, se encuentra el sagrario. El conjunto, en su parte superior, está rematado por un altorrelieve de Santa Escolástica, hermana de San Benito, bajo una hornacina trilobulada, donde aparece pintado el Espíritu Santo.

San Benito

La imagen, de candelero, conserva el tercio inferior tallado, lo que lleva a pensar que sufrió algún tipo de mutilación durante los siglos XVI y XVII, cuando numerosas imágenes fueron reformadas para ser revestidas por elementos textiles. Por su fisonomía, se duda de que sea el original al que se le rindió culto, desconociendo si el primitivo San Benito era una escultura o una representación pictórica. De las intervenciones, que han sido numerosas a lo largo de los siglos están documentadas dos, una en 1833 y otra en 1954.

El santo aparece imberbe, vestido con cogulla negra de benedictino y coronado por un nimbo. En su mano derecha sostiene el báculo, que, junto con la mitra, a sus pies, remite a su labor como abad. Su mano derecha mantiene un libro, en referencia a la Regla benedictina y en la parte inferior izquierda aparece el cuervo, indispensable para conocer uno de los milagros que realizó: un día, cuando se disponía a comer, un cuerpo apareció rápidamente llevándose el pan que iba a ingerir. Al unísono, el vaso de agua estallaba bajo la señal de la cruz. Y es que el santo, quien despertó envidias entre los monjes de Vicovaro, estuvo a punto de ser envenenado por estos, que habían manipulado previamente su comida.

La devoción hacia el venerado santo es más que evidente. En el lado de la epístola, donde se levanta la sacristía, se encuentra edificada una sala que ha quedado pequeña ante los numerosos exvotos que hay. Cientos, miles de milagros que aparecen en fotografías, óleos, dibujos… Tantos que se habilitó otra sala, situada junto a la tienda de recuerdos —donde pueden adquirirse desde medallas hasta deliciosa miel pasando por las velas que suelen depositarse en el cercano quemadero—, que contiene desde cuadros hasta vestidos de novia, pulseras o trajecitos infantiles. Y si uno observa el lugar de procedencia, marcado en algunos de ellos, es testigo de una devoción que traspasa fronteras: Alcalá del Río, La Algaba, Cantillana, Sevilla, Cazalla de la Sierra…

La imagen, que visita Castilblanco sin una periodicidad fija, —en los últimos años lo hizo en 2010 cuando fue nombrado Alcalde Perpetuo y Medalla de oro, y en 2013 con motivo del Año de la Fe—, cuenta con tres hermandades filiales, la más antigua Brenes, constituida en 1955, Cantillana, en 2008 y Tocina-Los Rosales. En Villanueva del Río y Minas la devoción la mantiene despierta una asociación parroquial. Más recientemente, en la parroquia de San Francisco de Asís, en Pino Montano, se ha creado un grupo de fieles de San Benito Abad, reafirmándose la idea de que estamos ante una de las grandes devociones de la provincia. Nada extraño, si hablamos del conocido como «Santo de los milagros».

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