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El Respiradero, Sevilla

San José Obrero, la verdad de un barrio

Hasta hace poco, San José Obrero se me quedaba lejos en el mapa de Sevilla. Nunca había ido, ni siquiera un Sábado de Pasión para ver a su cofradía. Lo veía lejano, me costaba situarlo y estoy seguro que me hubiese perdido buscando sus calles. La vida nunca me trajo a este barrio hasta hace unos días. Era una de las primeras noches de mayo, el aire empezaba a notarse algo cálido, la tarde se presumía hermosa y el ambiente dominical invita a seguir estando en la calle para aguantar hasta las últimas horas del domingo.

Salía San José Obrero, santo patrón del barrio. Era la imagen que estrenaba el tiempo de glorias. La prematura Semana Santa de este año quedaba muy atrás en el tiempo, de manera que la herida de despedirla sin poder saciarnos de ella estaba muy abierta. Los cofrades “jartibles” no pudieron cerrarla con el traslado de la Hiniesta Gloriosa a la Catedral. Así que la procesión de San José Obrero se presentaba como una oportunidad perfecta para calmar el revoloteo interior e incontrolable que muchos tenemos por el ansia de disfrutar de una cofradía en la calle.

Llegué al barrio cuando estaba anocheciendo. Parecía que no estaba en Sevilla. Había entrado en una nueva cara de la ciudad para mí. Siempre estaba allí pero mi ignorancia y los caminos de la vida lo habían obviado. Para mi sorpresa, intuí que San José Obrero era un pueblo. ¡Qué grande esta palabra, pueblo! Los que hemos vivido fuera de la ciudad conocemos la suerte de vivir en un pueblo. Pero para más gracia, San José Obrero es un pueblo dentro de una de las ciudades más bonitas del mundo. Esto le imprime un carácter, que sin saberlo, debe valer la pena vivir allí.

Las calles se presentaban decorosamente engalanadas. Los altos bloques de viviendas me iban conduciendo a la calle Jabugo al encuentro del patrón del barrio. A medida que se empezaba a escuchar la música el ambiente anunciaba un aire de fiesta. Y no mentía. Más que una procesión, había ido a una fiesta. Las marchas habían parado y un grupo de sevillanas empezaban a cantarle. Sus voces compartían palabras llenas de amor como en una parte de una sevillana en la que se encuentra la verdad del barrio.

“Un ramo de oraciones para San José Obrero, cargado de oraciones y de sentimientos nuevos, repiquetean las campanas al compás de sevillanas y es que el barrio está de fiesta, San José derrama gracia mientras su gente le reza”. Los que fuimos acogidos aquella noche en el barrio lo comprendimos. San José Obrero estaba de fiesta mientras su gente le rezaba. Y tenía sus motivos. Su gente de verdad estaba allí. Todos. Los que se ven diariamente y los que un día se marcharon dejando una parte de su alma en el barrio.

San José Obrero había salido con un ramo lleno de las oraciones de todo un barrio y su gracia venía derramada por el reencuentro de todos los vecinos que siempre se reencuentran el primer fin de semana de mayo. Ellos saben que en esa fecha su sitio está allí. Aquello me lo enseño mi amigo Javier que hace unos días me presentó la verdad del barrio experimentándolo en primera persona. A partir de ahora, esa fecha será para mí otro reencuentro. El de amigos. El de buscar al mejor maestro que con destreza de artesano cierre las heridas del alma derramando unas de las grandes verdades de Sevilla.

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