El Rincón de la Memoria, Portada, Sevilla

Sanjuanes sevillanos

Las cofradías concentran la mayoría de las representaciones del Evangelista presentes en nuestra ciudad

¿Bautistas o Evangelistas? Esta fue una de las pugnas con mayor presencia en la Sevilla conventual. La ciudad, con una importante presencia de órdenes religiosas acudió insólita a una lucha entre los partidarios de San Juan Bautista y San Juan Evangelista, cuya festividad, la de este último, se celebra hoy. Incluso tenemos ejemplos de su presencia en numerosos templos y cenobios sevillanos.

Entre el patrimonio que atesoran las hermandades no podía faltar, en lo que a imaginería se refiere, la presencia del discípulo amado, la imagen secundaria que más veces encontramos en nuestra Semana Santa. Tanto es así que hay corporaciones que poseen una talla del evangelista aunque no procesione durante la semana mayor y que vemos formando parte de los altares de culto cuando el sol comienza a vencer las tinieblas y el incienso recorre las calles de la memoria. Casos numerosos hay, como en La Exaltación, El Cerro o La O, con una interesante obra que por sus características bien pudo formar parte de un Calvario o un retablo. Pocos datos posee la corporación del Viernes Santo sobre este desconocido San Juan, en cuya calle sobresale al final la espadaña de la basílica del Cachorro.

En el interior de esta hallamos la imagen que más ha salido a la calle en la pasada Cuaresma. “Camarón”, porque ni las imágenes secundarias se libran de los apodos, fue realizado por Ramos Corona en 1994. Y en 2012 se somete a una profunda intervención. Una restauración donde pasa de estar a punto de arrancarse por bulerías a ser conocido como “El torero”. Una media verónica que no llega a terminar y que no le impide formar parte del quinario del Cristo de la Expiración. La pasada Cuaresma llegó a San Jacinto, a petición de la Estrella. Y antes de que el estado de alarma se convirtiera en el tema por antonomasia arribó en el Santo Ángel, para formar parte de un prodigioso altar como fue el del Cristo de los Desamparados.

Con mayor gracia está al final de la calle Feria una de las imágenes secundarias más logradas de toda la Semana Santa. Tan importante para la Amargura que cuando acaeció aquel incendio fortuito que casi termina con la belleza de la dolorosa los hermanos recogieron más información sobre el estado mismo de San Juan que de la propia Virgen. Porque añadir o eliminar al discípulo se entendería en algunas hermandades, pero no en otras como el Gran Poder o la que aquí referimos. Sería como eliminar el Cirineo en las Tres Caídas de San Isidoro o la Verónica del Valle.

Suprimido fue en el palio de la Virgen de Loreto, en el del Valle, pero también recuperado, en la sacra conversación del Sol —que también lo representaron las dos anteriores— o en Los Javieres, con cuya incorporación al palio ganó no solamente el paso sino la hermandad entera. ¿Se lo imaginan dentro de poco cruzando el dintel de la parroquia del Sagrado Corazón? Un diálogo soñado que se hace realidad cada Martes Santo, una jornada con tantas vueltas como han dado algunos Sanjuanes. Véase el caso del que hoy forma parte de la Hermandad de la Misión.

Porque San Juan ha ido siendo objeto de los cambios en las cofradías desde que estas se fundaron. Ha aparecido con María Magdalena y con la Virgen —como en la Esperanza de Triana—, formó parte de calvarios como el Buen Fin, Cristo de Burgos o la propia hermandad del Calvario, junto a María lloró sobre el cuerpo de Cristo muerto, en El Baratillo o los Servitas e incluso formó parte de instantáneas para el recuerdo, como aquella en la que subió al paso de la Virgen de la Palma para ver cómo podía quedar si se materializaba el cambio que, como saben, no sucedió.

Otros no gozan de apodos ni de fama, aunque su valía artística es innegable. Tanto que por sí solos podrían salir en pasos como sucede en otras regiones de la geografía. Ahí está el de la Carretería, cuyo parecido con el del retablo del altar mayor del hospital de la Caridad y con el de la parroquia del Sagrario es más que casual, situándose dentro del círculo de Pedro Roldán.

El San Juan de la Hermandad de Jesús Despojado se sitúa a la derecha de la dolorosa. La corporación pretendía rescatar la iconografía de la Sacra Conversación, que no llegó a fructificar.

También de su círculo lo hallamos en el paso de la Quinta Angustia, una hermandad donde todo es deleite. Y tras la parroquia de la Magdalena, en dirección a la Plaza del Duque, la gubia de Cristóbal Ramos hizo a quien acompaña a la Virgen de la Concepción, a la que recordamos sola bajo ese palio que es una catedral, en 2004 cuando El Silencio conmemoró el Dogma de la Inmaculada Concepción.

Son tantos que no faltan en las hermandades ni en la ciudad. Está en Triana, en el casco antiguo, en las feligresías con suelos adoquinados y en las más recientes. Intra o extramuros. San Juan es tanto para la ciudad que lo consagra patrón de la juventud cofrade.