
El hecho de ser San Juan Evangelista el discípulo que más contempló las últimas horas de Jesús lo convierte en el personaje secundario que mayor presencia tiene en la Semana Santa. Desde la sacra conversación, recuperada por la Hermandad del Sol en 2009 y presente antaño en corporaciones como la Esperanza de Triana o El Valle, hasta el diálogo con la Virgen María, como en la Amargura, Mayor Dolor y Traspaso del Gran Poder, Merced de Pasión y un largo etcétera, la figura de San Juan está íntimamente relacionada con la Madre de Dios, ofreciendo su consuelo en pasajes como el de la calle de la Amargura o cuando en el Calvario Jesús se dirige a María diciéndole “Mujer, ahí tienes a tu hijo. […] Ahí tienes a tu madre” (Juan, 19, 26-27).
Incluso aquellas que no cuentan con la presencia de San Juan Evangelista en los pasos que conforman la cofradía suelen tener una imagen de este que se reserva para el montaje de altares efímeros como triduos o quinarios, como en ocasiones observamos en las Penas de San Vicente o en el que levanta la priostía de la Hermandad de la Exaltación, a cuya dolorosa acompañó en varios años del siglo XIX el discípulo amado y María Magdalena representando la sacra conversación.

Este modelo iconográfico existió junto con la Virgen de Presentación del Calvario o la dolorosa de San Isidoro, de cuya representación encontramos referencias el Miércoles Santo de 1872, cuando acudió acompañada al primer templo de la ciudad con ambos. Aunque de este modo salió en más ocasiones, sola, acompañada por San Juan, obra de autor anónimo probablemente ejecutada durante la segunda mitad del siglo XVIII, lo hizo en un mayor número de veces y en distintos días de salida. Así pues, del Miércoles Santo pasó a realizar la estación de penitencia en la tarde noche del Jueves Santo, hasta que en 1879 se asentaría en el Viernes Santo. La última vez que pudo contemplarse a Nuestra Señora de Loreto junto con el Evangelista tuvo lugar en 1922. Conformando la sacra conversación pudo observarse en el besamanos de la dolorosa en 2009, mientras que en el paso la última vez sucedió el Domingo de Resurrección del año 2013.
En cuanto a la imagen del Evangelista, fue restaurada por David Martínez Amores en 2004, eliminándose las telas encoladas, que fueron sustituidas por otras de mayor calidad e incorporando una nueva articulación en los brazos. Sustituyó a una anterior, del siglo XVII que fue llevada a la Parroquia de San Ildefonso según consta en el libro de cuentas de la corporación. Fue entonces cuando se realiza una nueva, de la que no consta su autor, entregada en 1722, pagándose en un primer momento 300 reales y al año siguiente 110. De 1,70 cm. anteriormente estuvo en la casa hermandad pudiéndose contemplar ahora en el retablo que acoge la imagen de Nuestro Padre Jesús de las Tres Caídas en cuyo extremo opuesto al santo se encuentra una María Magdalena, atribuida al círculo de Montes de Oca.






