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Santiago Álvarez: “No entendemos que la Virgen de la Esperanza, el Señor de la Sentencia o la Virgen del Rosario puedan ser vistos como parte de un decorado (…) combatimos la inquietante idea de que la Basílica acabe convirtiéndose en un gran museo»

El candidato a hermano mayor de la Macarena, Santiago Álvarez, ha publicado una extensa carta dirigida a sus hermanos en la que desgrana los motivos que le han llegado a presentarse al proceso de elecciones y las líneas esenciales de cuál es su visión de hermandad. Álvarez afirma que su “decisión ha sido meditada, animada por muchos hermanos y fruto de una profunda reflexión al observar el devenir de la corporación durante los últimos cuatro años; esta vez con la perspectiva de estar fuera de su gobierno”. “No debemos preocuparnos por concurrir frente a otros hermanos en este proceso, eso es señal de la responsabilidad y cariño hacía la Hermandad y fruto del elevado número de Hermanos que nos unimos en una u otra visión de ella, aunque siempre con un mismo fin. La pluralidad de ideas engrandece a esta Hermandad y aparca posibles desviaciones hacía patrimonialización y personificaciones. Estoy convencido de que estas elecciones serán ejemplo de la clase que la Hermandad de la Macarena ha demostrado a lo largo de su historia. Desde el respeto y la mesura, no dejaremos lugar a nada que ensucie el nombre de la Hermandad ni por supuesto, de Nuestros Titulares. Por respeto a Ellos, a la Iglesia y a la Institución”, expone el candidato.

Álvarez explica presenta su candidatura “porque este grupo de hermanos que encabezo considera que la gestión de la Hermandad puede realizarse de otro modo. Queremos mirar al presente y futuro de nuestra hermandad sin olvidar nuestros orígenes. No queremos olvidarnos de aquello que nos ha hecho únicos y diferentes a lo largo de más de cuatrocientos años de historia”. Y añade que “no entendemos que la Virgen de la Esperanza, el Señor de la Sentencia o la Virgen del Rosario puedan llegar a ser vistos como parte de un decorado, sino como el medio para la consecución de los fines de nuestra Hermandad. Combatimos la inquietante idea de que la Basílica acabe convirtiéndose en un gran museo en el que las imágenes se acaben convirtiendo tan solo en algo accesorio dentro de una sociedad filantrópica. Ellos son y serán el centro de nuestras existencias macarenas, aquellos que nos guían por el camino de la verdad y el asa a la que nos agarramos en busca de Esperanza cuando la vida nos golpea con fuerza. Son en definitiva el mejor camino que podemos seguir para alcanzar los fines que nos marcamos en nuestras Reglas”, enfatiza y incide en que “pretendemos actuar con la humildad y la prudencia que siempre nos ha caracterizado, sin pretender convertirnos en el centro de todo; actuando en todo momento sin vanidad y dejando todo el protagonismo a los Hermanos y por descontado, a Nuestros Titulares”.

Álvarez indica que “la Hermandad de la Macarena reúne un numeroso grupo de personas y atesora un destacado patrimonio, generando además un importante movimiento económico. Pero por encima de todo ello es UNA HERMANDAD. Un grupo de fieles y devotos que buscan en ella vivir su compromiso cristiano, beneficiarse de sus gracias, convivir con los que se identifican con un mismo sentir y una historia común, tradición, SENTIMIENTO… Por encima de cuestiones empresariales o de obtención de beneficios, queremos una Hermandad que disponga de una buena administración y gestión; pero dirigida siempre bajo la ética, la moral y sobre todo, por el compromiso cristiano. No debemos permitir que por nuestras acciones se nos pueda tildar de un mercantilismo desmesurado que eclipse nuestra principal seña de identidad: la devoción a la Santísima Virgen de la Esperanza. No queremos olvidarnos de aquellos hermanos que viven en la lejanía y que son mensajeros de Esperanza allá donde se encuentran. Son tan macarenos para nosotros como los que se han criado a la sombra del Arco; en ambos casos su macarenismo les viene definido por el fervor y la devoción que muestran hacia Nuestros Sagrados Titulares. No hay manera de medir lo que siente el corazón de cada hermano y bajo ningún concepto vamos a caer en la trampa de pensar que hay un reducido grupo de macarenos de verdad, mientras que el resto de la nómina quedan relegados a conformarse con ser un mero número entre catorce mil más y una cuota que satisfacer. No olvidemos tampoco que, porque tenemos a nuestros Titulares, somos cofradía; pero gracias a nuestros Hermanos, nos podemos constituir como Hermandad”.

“A pesar de los loables esfuerzos que la Hermandad realiza desde antiguo en acción social –recuerda el candidato- no cabe duda de que el sustento de una hermandad continúa siendo el culto público”

“A pesar de los loables esfuerzos que la Hermandad realiza desde antiguo en acción social –recuerda el candidato- no cabe duda de que el sustento de una hermandad continúa siendo el culto público, y dentro de este queremos destacar ahora el externo. Hay que protegerlo, formar a los hermanos en la necesidad y en su riqueza, sin entenderlo como algo accesorio o incluso prescindible como algunas voces desde las propias hermandades nos han querido hacer ver. Una Hermandad que no le dé la importancia debida al culto -sobre todos al externo, que es propio de su identidad-, puede acabar por apagarse con el tiempo, como nos enseña la historia al señalar devociones otrora importantes y hoy abandonadas en apartados altares sin hermanos que las arropen”.

El candidato incide en que “en la época actual se hace de vital importancia que la administración y gestión de una Hermandad cuente con los recursos necesarios, tanto profesionales como en cuestión de equipamiento. Pero para que este cometido sea además aceptable debe haber un profundo conocimiento de esa Hermandad, de su presente y de su pasado, así como de qué metas se desean alcanzar. Es importante contar con buenos profesionales con una visión clara y aséptica de la realidad, pero para que funcione correctamente debe completarse teniendo en cuenta el sentir de los Hermanos, el conocimiento de sus fines, una dilatada experiencia de vida en ella, y por último -y no ello menos importante-, una acentuada devoción hacia los Sagrados Titulares”. Y subraya que “el equipo que me acompaña reúne todos estos requisitos y además pueden presumir de su “sentimiento Macareno” fruto de su participación activa y conocimiento de la Hermandad. Un Hermano Mayor debe actuar en sintonía y con el acompañamiento de sus Hermanos, en especial de los que ha elegido para componer la Junta de Gobierno y si así no lo hace debiera recapacitar y preguntarse el por qué”.

«Una Hermandad que no le dé la importancia debida al culto -sobre todos al externo, que es propio de su identidad-, puede acabar por apagarse con el tiempo»

Santiago Álvarez afirma que “decir que la Hermandad de la Macarena es una hermandad “de capa” es decir algo que todo el mundo conoce, pero que no hay que confundir con falta de seriedad. Todo lo contrario. Se trata de una Hermandad que cuando al convertirse en cofradía y echarse a las calles se acentúa su carácter popular, cercano, abierto, castizo, alegre y participativo; y es también cuando esta cofradía “de barrio” destapa sus sentimientos sinceros adquiridos a base de muchos años de emociones y sentimientos que se han ido instalando en lo más profundo del alma de los macarenos. Este carácter popular ha sido correspondido siempre por la ciudad que la cobija y cada vez que se produce el milagro de que la Virgen de la Esperanza pise sus calles, lo hace arropada por el fervor de todos cuantos la rodean ansiosos de reencontrarse nuevamente con ella, desbordando calles y plazas. Hay quienes piensan que todo esto es una muestra de frikismo o que tan solo se trata de “cosas por acompañar”; nosotros no compartimos esa visión ni tampoco supone un alivio para nosotros el que se frustre cualquier acto de culto externo. Ni somos de los que antes de salir, ya están deseando entrar, porque aguardamos con ilusión durante todo un año a que llegue ese día y queremos disfrutar cada minuto para llenarnos de Esperanza, repitiendo el rito que también siguieron quienes nos precedieron. Nos corresponde cuidar y mimar este legado para poder transmitirlo con emoción y de manera sincera a las siguientes generaciones para que nunca se llegue a apagar la llama de la Esperanza”.

El candidato expone que “si nos consideramos cristianos deberemos salir al encuentro del necesitado; si de verdad nos sentimos cristianos, cuando lo encontremos deberemos servirlo y no servirnos de él. No podemos caer en la vanidad. Estaríamos ante un acto filantrópico pagano, que ha dado lugar en nuestros días a la creación del “filantrocapitalismo”, pero alejados de lo que debe ser la Caridad para un cristiano, que nace del amor a Cristo. Hay empresas que realizan loables acciones caritativas a través de donaciones o por medio de sus fundaciones, que además procuran el aprovechamiento de los beneficios tributarios que se establecen en la legislación sobre estas fundaciones y donaciones. También tratan de rentabilizar esas acciones y mejorar su ventaja competitiva a través de lo que algunos autores han venido en llamar “Marketing caritativo” o “Marketing social”, resultando que en ocasiones la empresa patrocinadora resulta más relevante que la misma obra social”. Y añade al respecto que “las hermandades no deben caer en esta trampa y debemos actuar de manera desinteresada a favor del prójimo necesitado, sin que se tenga que esperar nada a cambio. Las hermandades deben practicar la Caridad y no dedicarse a hacer Marketing caritativo o social. Creemos que se debe actuar en silencio, que solo Dios sepa de la bondad de nuestras acciones. (…) En unos tiempos en los que las crisis sociales se suceden unas a otras debemos ser cautos ante este tipo de actitudes filantrópicas que se encuentran en su salsa y que bajo ningún concepto pueden servirnos de modelo a imitar. El mismo Papa Francisco nos recuerda repetidamente que la caridad cristiana es mucho más que la filantropía”.

Álvarez recuerda que “desde hace muchos años disponemos de una Asistencia Social que viene funcionando de acuerdo a lo que nos enseñan los evangelios, actuando con discreción y aportando siempre más de lo que se puede sin esperar nada a cambio. Ese es el camino que queremos recuperar y en el que además de aportar los indispensables recursos económicos, procuraremos la participación de los Hermanos en muchas y variadas acciones, convencidos de la generosidad demostrada por nuestros Hermanos en numerosas ocasiones. Todo el que quiera aportar su colaboración y ofrecer parte de su tiempo libre en ayudar al que lo necesita, tendrá las puertas de la Hermandad abiertas de par en par, donde recibirá la formación adecuada para cada cometido, de manera que el esfuerzo no sea en vano sino productivo y gratificante”. E incide en que “debemos actuar con humildad y saber establecer donde están nuestros límites y hasta donde llegan nuestras capacidades. Está bien contar con proyectos propios, pero también debemos encontrar en la colaboración con otros proyectos ajenos que hayan cosechado experiencia y demostrada solvencia el medio para canalizar otros tipos de ayuda. Seríamos tachados de engreídos si quisiéramos llevar a cabo directamente más de lo que podemos alcanzar con nuestras posibilidades”.

Además, añade que “de acuerdo con lo que disponen nuestras Reglas y Reglamentos, será siempre el hermano quien tenga preferencia como destinatario de las ayudas, pero además queremos abrir esa ayuda a su familia, de manera que se puedan detectar las causas que generan esas situaciones para poder actuar en consecuencia. Nuestro barrio y los barrios más deprimidos de la ciudad serán también objeto de especial atención, siguiendo así el mensaje del Papa Francisco cuando nos dijo que “Si nos atrevemos a salir de nosotros mismos e ir a las periferias, allí encontraremos a Jesús”. Como parte de la Iglesia que somos estamos convencidos de la necesidad de no dejar de contribuir de manera regular al Fondo Común Diocesano, que sirve para la sustentación del clero, mantener templos y dependencias parroquiales de aquellas parroquias que carecen de recursos y sostener los servicios comunes de la acción pastoral de la Archidiócesis, siguiendo el mensaje de San Pablo «Mostrad, pues, ante la faz de las Iglesias, vuestra caridad y la razón de nuestro orgullo respecto de vosotros» (II Corintios, 8, 24). Creemos también en la necesidad de no dejar de colaborar con el Seminario Diocesano para formar convenientemente los sacerdotes que más pronto que tarde estarán llamados a subirse a nuestros púlpitos. Además, no hemos de olvidar que tanto las aportaciones a la Iglesia de Sevilla como al Seminario, son obligaciones recogidas en el Reglamento interno de la Asistencia Social, por lo que necesariamente hay que participar en la cuantía que en cada momento se pueda”. Y subraya que “nuestro compromiso con el prójimo es vocacional, de entrega total y desinteresada, donde no caben focos ni publicidad, porque tal como proclamaba San Vicente de Paúl, patrón de la Caridad: “De los pobres no se presume”.

Álvarez hace un alegato recordando que “la historia de la Hermandad de la Macarena es la historia de sus Hermanos; de todos ellos, que día a día la han ido escribiendo, y con su trabajo y esfuerzo han logrado hacer de ella lo que ha alcanzado a ser. Y lo han hecho desde el fervor y la devoción a sus Titulares. Esta historia es una historia común de sinsabores y de alegrías, de esplendores y decadencias, de vida y de muerte, y a todos nos pertenece. Desde el primero al último. Todos formamos parte de ese patrimonio humano y a todos nos pertenece; y por ese motivo, nadie es más que nadie ni tampoco nadie puede apropiarse de lo que es de todos, porque todos somos y a todos nos pertenece”. Y subraya que “para llevar las riendas de cualquier Hermandad no son útiles los paternalismos, ni la soberbia, ni tampoco el afán de superioridad o el engreimiento personal. No debe confiarse esta misión al que viene a servirse sino al que lo hace para servir a los demás con respeto y con humildad. Vivimos en una sociedad donde la humildad se considera fuera de lugar, algo de tiempos pasados; definitivamente la virtud cristiana de la humildad es continuamente desterrada de nuestras vidas. Para el buen cristiano -y por tanto, para los macarenos también-, la gloria de todo lo bueno que tiene el hombre pertenece a Dios, siendo la verdad y la justicia los fundamentos de la humildad. Si la fe es el fundamento de la vida del cristiano al establecer el contacto inicial con Dios, gracias a la humildad removemos los impedimentos de la vida divina en el hombre, que como decía Santo Tomás son la soberbia y la vanagloria. La humildad es el buen cimiento que sostiene los edificios más altos; como afirmaba Santa Teresa “todo este edificio va fundamentado en humildad”.

Álvarez incide en el convencimiento de su candidatura de que “debemos recuperar la excelencia en nuestro patrimonio y procurar el mejor asesoramiento para contar siempre con los artistas más destacados. Tanto para la recuperación de lo perdido, el mantenimiento de lo existente y la creación de nuevos enseres en el futuro. A pesar de que el patrimonio y su mantenimiento ha sido siempre motivo de preocupación para las distintas Juntas de Gobierno, es cierto que a veces no se ha estado acertado en la elección de determinados artistas y se han realizado obras que destacan sobre el resto y no precisamente para bien. Por ello queremos dejar patente nuestro compromiso con la excelencia en los bienes de nuestra Hermandad”.

La carta concluye con un alegato: “Que la Virgen de la Esperanza, el Señor de la Sentencia o la Virgen del Rosario son el centro de nuestro sentir macareno es algo que debe quedar fuera de toda duda. Que debemos sentirnos felices y satisfechos cuando alrededor de ellos se arremolinan sus fieles devotos y sus Hermanos, tampoco es algo que tenga discusión alguna. Que no hay por qué esconder o reprimir los sentimientos solo lo ponen en duda aquellos que no sienten. Que necesitamos –ahora más que nunca-, de su cercanía, de sus roces, de sus besos, de sentir latir sus corazones cerca de nuestros pechos, tampoco es algo que deba alarmarnos. Que no debemos sentirnos presos en aras de una seguridad excesiva e irracional. Queremos manifestar nuestro sentimiento macareno, que no es privativo de unos pocos, sino que es parte muy íntima de todos los que sentimos en macareno. Deseamos que vuelva la alegría a nuestra casa, el orgullo de sentirnos unos afortunados, sentirnos trasmisores de una devoción varias veces centenaria, de pertenencia a una familia privilegiada por tener a quienes tenemos protegiéndonos. Queremos vivir en macareno y que tú, Hermano, nos acompañes en este ilusionante viaje porque sólo si todos nos unimos tendrá sentido la palabra Hermandad”.

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