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Se busca carrera oficial digna para la Semana Santa linense

Así, tal y como si fuera un anuncio en una de estas páginas web de ofrecimientos, compras e intercambios de todo tipo, se podría resumir la situación en la que se encuentra la Semana Santa de La Línea de la Concepción (Cádiz) respecto al itinerario común de las Hermandades de penitencia. Para poner en situación a todo aquel que no sepa de qué va la película, la carrera oficial de la ciudad gaditana ha transitado históricamente por la Calle Real, que une la Plaza de la Constitución con el Santuario de la Inmaculada en línea prácticamente recta, y, tras un lapso de cuatro años por una carrera oficial alternativa, recientemente se daba a conocer el retorno a la carrera oficial de siempre, tal y como informábamos desde este portal.

Desde el año 2015 hasta 2018 se tomaba la determinación de cambiar su ubicación a otro emplazamiento distinto, merced a factores como la proliferación de mesas de locales hosteleros durante el recorrido oficial de la Calle Real, cosa que afeaba el transitar de las Hermandades. El cambio, que comenzó a llevarse a cabo desde la Semana Santa de 2015, situaba el itinerario oficial por otras calles céntricas, como la Calle San Pablo, Carboneros -con paso incluído por el típico y bellísimo Paseito Fariñas- y la estrecha y breve Calle Alfonso X para desembocar en la Inmaculada. Una carrera oficial que, al igual que la anterior, también tenía sus luces y sus sombras, entre las cuales se puede destacar el transitar de repartidores entre cortejos de nazarenos, la presencia de cableado al paso de las Cofradías por el recorrido común o edificios poco vistosos, por decirlo suavemente. Por otra parte, el retorno a la Calle Real según las condiciones en las que se ha comunicado, en opinión de quien les escribe, no garantiza en absoluto que se solucionen los problemas que había anteriormente y que motivaron el cambio allá por 2015. Estos problemas tienen mucho en común con los que mencionaba anteriormente, solo que hay que cambiar al repartidor por los camareros de los recintos hosteleros de turno. Y en lo que respecta a la vistosidad de los edificios, se me antoja incluso peor la Calle Real que su alternativa estos últimos años, si bien hay que reconocer que no existen problemas de cableado.

La Semana Santa linense, declarada de Interés Turístico Nacional de Andalucía, posee grandes tesoros en lo que se refiere a imaginería, con obras de Ortega Brú, Dubé de Luque, Navarro Arteaga, Castillo Lastrucci, o Manuel Hernández León, entre otros. También en lo que respecta a patrimonio, con grandes pasos de misterio en proyección y diversos talleres de bordado locales que han ido engrandeciendo los pasos de palio de la ciudad así como la proliferación de otros enseres bordados. Son catorce, nada más y nada menos, las Hermandades de penitencia que vertebran la Semana Santa del municipio campogibraltareño, las mismas que en otras ciudades con tanta tradición cofrade como Utrera o Ronda, cinco más que en Alcalá de Guadaira, Lebrija, Antequera o Ayamonte, cuatro más que en ciudades como Dos Hermanas, el Puerto de Santa María o la vecina Algeciras, una menos que en Écija y solo cinco menos que Jaén capital. Por terminar con los aburridos datos estadísticos, no puedo dejar de referirme a un estudio que salió hace ya varios años en una desaparecida web cofrade linense que apuntaba que la Semana Santa de La Línea era la segunda que mayor proporción de Hermandades, en relación a su población, tenía, con 14 corporaciones penitenciales para unos 60.000 habitantes, resultando a una Hermandad por cada 4.285 habitantes -aproximadamente-, solo superada por Vélez-Málaga, que posee 22 Hermandades para unos 80.000 habitantes, tocando a una Hermandad cada 3.636 habitantes. Sirva todo lo anterior para poner en situación al lector. Hablar de la Semana Santa de La Línea, una ciudad con poco más de un siglo de historia, no es hablar de una Semana Santa pequeña de un pueblo perdido -con todo el respeto para los pueblos perdidos-, aunque por desgracia no sea conocida mediáticamente por diversos factores. Estamos ante un auténtico diamante a la espera de ser pulido.

Más allá de la localización física de la carrera oficial, de la cual no tengo problema en ofrecer, con toda la humildad del mundo, mi pensamiento utópico al final de este artículo, considero que hay otro problema más apremiante que resta lucimiento a nuestra Semana Santa en lo que concierne al tema horario. Vaya por delante, por si alguno está tentado a pensar otra cosa, que lo aquí expresado no es más -ni menos- que la opinión de un cofrade linense de a pie. En La Línea, como decía, hay catorce Hermandades de Penitencia, cifra nada desdeñable. Pues bien, de esas catorce solo una -la Entrada Triunfal- pasa con luz diurna por la carrera oficial, entrando a las 18:45h (tomando de referencia los horarios del año 2018, que se pueden consultar aquí), un gran día como es el Domingo de Ramos, y muy bien arropada popularmente. De las demás, la norma general es que decidan empezar a entrar en carrera oficial desde las 21:00h en adelante, llegando a haber entradas hasta a las 00:00h y no, en La Línea no hay Madrugá del Viernes Santo desde hace años, si bien conviene matizar que otras entradas en carrera oficial más allá de la medianoche se deben a la cercanía de ciertas Cofradías con su recogida en el propio Santuario de la Inmaculada, justo donde culmina la carrera oficial.

Sobra decir que hay Hermandades que encajan mejor con la noche por su idiosincrasia, como las de silencio o las de corte austero, pero no es menos cierto que resulta chocante que haya Cofradías de barrio que transiten a horas más allá de la noche, cuando no la medianoche, por las calles céntricas de la ciudad, y con recogidas, en consecuencia, a altas horas de la madrugada. Es cierto que cualquier Cofradía tiene un gran encanto iluminada por la luz de las velas con la noche ya sobrevenida, pero considero equivocado restarle tanto protagonismo a la luz diurna para el transcurrir de las Hermandades, especialmente de las que se desplazan desde los barrios hasta el centro neurálgico de la ciudad. Más aún cuando La Línea no es una ciudad especialmente bien iluminada de noche en determinadas calles, hecho que también resta belleza al discurrir de las Cofradías. El problema, más allá de mi gusto personal, que puede ser compartido o no, viene por la concentración de público, que tiende a ser menor en determinadas franjas horarias. Si bien la presencia de público para ver a las Cofradías por las calles linenses no se puede comparar a la de otros lugares con tradiciones de siglos y de gran importancia, desde mi humilde punto de vista lo cierto es que con estos horarios que proponen las Cofradías no se favorece en absoluto que el público linense, e incluso quienes vengan de poblaciones cercanas, acudan a ver procesiones en sus recorridos oficiales.

Considero que además de ser una celebración religiosa, la Semana Santa linense es un diamante en bruto que no se sabe explotar ni sacarle un potencial adecuado en absoluto en su vertiente cultural. Interesaría tener en cuenta la conveniencia de planificar del mejor modo diversos factores, como el horario, que podrían favorecer que hubiera más presencia en las calles del municipio, cosa que añadiría más lustre si cabe a las salidas procesionales que en ocasiones caminan, por desgracia, desangeladas por muchas calles. Tomando como referencia el itinerario del año pasado -que no ha cambiado demasiado en cuanto a horarios de entrada en carrera oficial durante los últimos lustros-, hay Cofradías que transitan por las calles céntricas bordeando la medianoche. ¿Qué público queda a esas horas de la noche en el centro de la ciudad? Poco, pero mayoritariamente juvenil, coincidirán conmigo, y alguno más adulto que resiste. Y de este estrato social, huelga decir que algunos optan por viajar a otras ciudades para disfrutar de su Semana Santa, por lo que se trata de una representación de la sociedad cofrade que, en mi opinión, también queda mermada. En cuanto a los otros grupos sociales, considero más que evidente que las familias con niños pequeños, en general no resisten a esas horas, y optan por ir a los respectivos barrios a ver a las Hermandades salir, y lo mismo sucede con las personas de edad más avanzada que no vivan cerca de la zona céntrica de la ciudad. En definitiva, no se favorece que un rango mayor de población en lo que a edad se refiere, acuda a ver procesiones en carrera oficial, que se presupone debería ser el momento más vistoso de los respectivos desfiles procesionales. La dignidad de la carrera oficial linense no pasa, en mi opinión, tanto por el lugar por el que se ha de emplazar, sino más bien en los horarios por los que las Hermandades pasan por ella, sea por el sitio que sea. En mi opinión, el del horario es un asunto más importante que el de poner una calle u otra, ya que repercute en el público que asiste al recorrido oficial.

Históricamente la Semana Santa linense se ha mirado en otros espejos para vertebrar la puesta en escena de las Hermandades en la calle. Sin embargo, en el tema horarios parece que las fórmulas que funcionan en otras importantes ciudades no se aplican en el municipio. Quizá el ejemplo de Sevilla no es el mejor para utilizarse en este caso, puesto que resulta casi obligatorio por razones de número de Hermandades y tiempos de paso motivados por la nómina de nazarenos que las Cofradías comiencen a discurrir por la Campana a partir de las cuatro de la tarde, pero bien se podría dirigir la mirada a otras ciudades referencia en cuanto a Semana Santa, como Málaga, Granada, Jerez de la Frontera, Huelva, Jaén o la propia Cádiz capital, en las que la nómina de Hermandades y nazarenos no es tan apretada como en Sevilla, pero que también optan por comenzar las entradas en carrera oficial a partir de las 18:00h, algunas de ellas incluso antes, como el caso de la capital de la Costa del Sol. Sin embargo, y para que no quede duda de que uno ofrece todos los datos, conviene decir que Algeciras, municipio vecino a La Línea y cuya Semana Santa es muy representativa de la comarca del Campo de Gibraltar, al igual que la linense, también organiza su carrera oficial igual de tardía, ya bien entrada la noche.

No hay razón objetiva, a mi juicio, que justifique la llegada de las Hermandades de barrio a carrera oficial más allá de las diez de la noche, más aún cuando el día que más Cofradías coinciden en la calle asciende a cuatro corporaciones penitenciales. Como tampoco hay razón objetiva que respalde que las recogidas de las distintas Cofradías de barrio, en consecuencia, no tengan lugar antes de la una de la madrugada, algunas incluso superando las cuatro de la madrugada. Sería tan sencillo como adelantar todos los horarios de salida de estas Cofradías dos o tres horas, es decir, en lugar de salir ya pasadas las siete de la tarde, cuando al poco de salir ya comienza a anochecer, hacerlo en torno a las cuatro o cinco. Mención aparte requieren los parones entre una Hermandad y otra, que no permiten que el paso de las corporaciones penitenciales por el recorrido oficial sea continuo y fluido. Del modo en que se gestiona este asunto actualmente, bajo mi humilde punto de vista, y como decía anteriormente, las Hermandades no promueven una mayor presencia de público de todas las edades que se podría atraer a ver el transitar por los puntos claves de la ciudad, como tampoco se favorece que haya unos cortejos más amplios que otorguen un mínimo de lustre a la nómina de nazarenos, aspecto en el cual la Semana Santa linense sigue siendo más bien discreta. De hecho, resulta complicado contar más de 150 nazarenos en muchas de las Hermandades de penitencia, aunque ese es otro tema que daría para un artículo diferente.

En cuanto al emplazamiento físico de la carrera oficial, reconozco que mi idea es utópica y poco popular -al igual que lo expresado en las anteriores líneas, para qué engañarnos-, y por supuesto también conlleva sus inconvenientes. A mí me encantaría ver transitar a las Cofradías por la bellísima Plaza de la Constitución, la Explanada como se conoce popularmente aquí, y luego buscar la Plaza Fariñas o los Arcos que dan acceso a la Inmaculada llegando por la Avenida de España. Sitios amplios, con vistas y edificios bonitos, como el antiguo Ayuntamiento o como el Peñón de Gibraltar de fondo, aunque también se colaría algún comercio no muy vistoso, el viento podría jugar malas pasadas a las candelerías, quizá la sonoridad de las bandas se perdería un poco al ser espacios tan abiertos y también hay algún cable, por nombrar los posibles inconvenientes.

Sin embargo, no es el objeto de este artículo el de expresar mi opinión del lugar por el que debería transitar el recorrido oficial, sino poner la mira en ese aspecto que considero más importante y que he tratado de desgranar a lo largo de estas líneas, como lo es el de los horarios y el perjuicio que llega a causar en el público asistente de no ajustarse a todas sus edades y circunstancias. La Semana Santa linense posee un potencial enorme que sus Hermandades no terminan de ser capaces de explotar por detalles que la perjudican, en mi opinión, como el hecho de que sea una Semana Santa «condenada» a vivirse casi en su totalidad a avanzadas horas de la noche. Mi ciudad, por desgracia, siempre ha padecido de una pésima fama de cara al exterior por motivos que no vienen al caso y de los que se aprovechan los carroñeros medios de comunicación para hacer leña de árbol caído. Sin embargo, no somos capaces de vender o apoyar como se debería uno de nuestros principales atractivos como lo es la Semana Santa, que tanto bien podría traer a la ciudad en términos de turismo, imagen y, en consecuencia, actividad económica. Para muestra de lo anteriormente comentado, no conviene obviar el hecho de que las Hermandades linenses no reciben ni un euro de subvención de las instituciones locales, como sucede en muchos otros lugares de nuestra geografía, a pesar de lo mucho bueno que aporta -y más que podría aportar- a la economía de la ciudad gaditana.

Para concluir, dejo la siguiente pregunta en el aire, más allá de la primordial labor evangelizadora y de protestación pública de fe, desde el prisma cultural de la Semana Santa y de cara a la imagen de la ciudad en el exterior ¿de qué sirve tener una imaginería de primerísimo nivel, pasos de palio y de misterio que encajarían en cualquier capital de provincia, maravillosas cuadrillas de costaleros y un decente nivel en lo que respecta a acompañamientos musicales en general, si luego las Cofradías transitan por muchos puntos, incluídos algunos de carrera oficial, con escaso público, cuando no nulo? O lo que es lo mismo, ¿de qué vale tener una de las mejores Semanas Santas de la provincia de Cádiz si luego no llega a conocerse ni valorarse más allá de sus fronteras? En mi opinión, de poco o nada. De este modo nos estamos tirando piedras sobre nuestro propio tejado, y creo que nunca nos hemos dado cuenta de ello, o eso quiero creer. Pensar lo contrario, es decir, que sí nos hemos dado cuenta de que se podría atraer a más público pero no se ha querido hacer, me parecería un perfecto ejemplo del concepto de negligencia.

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