Un acto institucional que salda una deuda simbólica con el Cerro del Águila
El Ayuntamiento de Sevilla ha culminado la rotulación completa de la calle Francisco Carrera Iglesias “Paquili”, situada en el barrio del Cerro del Águila, incorporando de manera oficial el apelativo artístico con el que el prestigioso bordador es reconocido internacionalmente. El acto estuvo presidido por el alcalde, José Luis Sanz, quien destacó la figura de Paquili como símbolo del talento, la constancia y la fidelidad a las raíces que definen a la ciudad.
Un reconocimiento largamente esperado
La calle había sido rotulada de forma incompleta hace veintiún años, una circunstancia que el alcalde calificó como una deuda pendiente con una de las grandes figuras del arte sacro sevillano. Con este gesto, el Consistorio ha querido reparar simbólicamente esa omisión, vinculando de forma definitiva el nombre artístico de Paquili a la vía que recorre el barrio que lo vio nacer y crecer.
Paquili como expresión de una manera de entender el arte
Durante su intervención, José Luis Sanz subrayó que Paquili trasciende la condición de nombre propio, al encarnar una forma de concebir el oficio, la devoción y el compromiso con el entorno. El alcalde destacó que su trayectoria ha contribuido a proyectar internacionalmente un sector centenario, que constituye a la vez industria cultural y patrimonio vivo de Sevilla, siempre desde una profunda vinculación con el Cerro del Águila.
Raíces personales y devocionales en el barrio
Francisco Carrera Iglesias nació en 1957 en el Cerro del Águila, en el seno de una familia trabajadora, y fue en este entorno donde despertó su vínculo con la religiosidad popular, especialmente con la Virgen de los Dolores, advocación que celebra cien años de presencia en el barrio. El alcalde evocó de forma especial la influencia de su madre en su formación humana y espiritual, así como su papel determinante en la coronación de la Virgen en 2002, acontecimiento que coincidió con su etapa como hermano mayor.
Formación, taller propio y expansión del bordado sevillano
Formado junto a maestros como Placede, Fidela Velázquez y las hermanas Martín Cruz, Paquili abrió su propio taller en 1984, iniciando una etapa de creación que ha enriquecido de manera decisiva el patrimonio cofrade de Sevilla. Su obra no solo ha permanecido fiel a la tradición, sino que ha sabido dialogar con otros lenguajes artísticos, extendiendo el bordado sevillano hacia la moda y la alta costura, mediante colaboraciones con Victorio & Lucchino o Loewe.
Proyección internacional y reconocimientos
La dimensión internacional de su trayectoria se consolidó en 2010, con su participación en una exposición extraordinaria en Córcega, a la que fue invitado por el entonces ministro de Cultura de Francia, Frédéric Mitterrand. A lo largo de los años, su labor ha sido distinguida con numerosos galardones, entre ellos el Premio El Llamador, el Premio a la Innovación en la Semana Santa o su condición de finalista del Premio Nacional de Artesanía.
Obras emblemáticas y legado artístico
Entre los trabajos más destacados de Paquili figuran los bordados del Palco Regio del Teatro Real de Madrid, piezas destinadas a la Virgen del Pilar o la reconstrucción de la histórica toca de rombos de la Esperanza Macarena, intervenciones que evidencian su capacidad para conjugar respeto patrimonial, excelencia técnica y sensibilidad contemporánea.
Defensa del artesanado como patrimonio cultural
El alcalde puso también el acento en su compromiso con el sector artesano, recordando que en 2018 fundó la Asociación Gremial Sevillana de Arte Sacro, entidad que preside en la actualidad y desde la que ha trabajado para dignificar y defender oficios tradicionales, esenciales para la identidad cultural de Sevilla.
Un nombre unido para siempre al barrio
En la clausura del acto, José Luis Sanz afirmó que Sevilla necesita referentes y los barrios necesitan memoria, subrayando que la grandeza de la ciudad se construye desde calles como esta, desde talleres humildes y desde personas que nunca olvidan su origen. La placa descubierta se erige así en símbolo de una Sevilla agradecida, de un Cerro del Águila orgulloso y de un talento que, cuando va acompañado de raíces y generosidad, deja una huella perdurable en la historia de la ciudad.





