Sevilla, ⭐ Portada

Sevilla encendió las fraguas y se hizo gitana

En los alrededores del antiguo convento del Valle se arremolinaban pieles de bronce y mujeres de pelo negro con zarcillos de corales. Atrás quedaron las madrugadas de tertulias en el ‘Uno de San Román’ y los Jueves Santo de arrancar las flores de los balcones para ofrecérselas a la Virgen de las Angustias. El tiempo había superado las dificultades de esta hermandad. Pero no había olvidado su pasado. Como dice Antonio Ortega «la iglesia de los gitanos sigue oliendo a mi agüela» a las madres y a los padres de todos aquellos que hoy acompañaban al «Manué» y enseñaron a quererlo desde la cuna.

A las cuatro y media de la tarde con la luz vespertina que solo recibe el oro de la Cruz de Guía salía el cortejo. Y tras los hermanos seguían los pasos de los pies ennegrecidos del Gitano. Su naturaleza nómada estaba hoy más que presente para ir a la Catedral, cobijo de la fe, para presidir el Vía Crucis del Consejo de Hermandades y Cofradías.

Nuestro Padre Jesús de la Salud vestido de realeza deslumbraba las primeras calles del recorrido con un sol que se dudaba por la mañana. Fue muy acertado las andas del Nazareno, recordando estampas añejas con los candelabros de la Virgen de la Encarnación prestados por la Hermandad de la Cena.

Uno de los momentos entrañables de la tarde tuvo lugar frente al Convento las Hermanas de la Cruz en la antigua calle de Alcázares. Era una fecha muy especial para las hermanas en el aniversario de la muerte de Santa Ángela de la Cruz en un día donde había largos colas de sevillanos para rezarle al cuerpo incorrupto de la Santa. Daba gusto ver el cortejo lleno de hermanos. Sobre todo el último tramo de cirios de tacón con gitanos viejos vestidos de elegantes pañuelos, corbatas de lunares y anillos de oro.

La Hermandad de los Gitanos llegó al centro por la Plaza de la Encarnación para adentrarse en Cuna por Laraña y llegar a las Plazas de El Salvador y San Francisco terminando de alcanzar la Catedral por Hernando Colón. Las calles estaban totalmente abarrotas. Ya con poco más de media hora de retraso llegó pasadas las 20:30 horas a la Catedral donde se rezó el ejercicio del Vía Crucis como viene siendo tradición en Sevilla el primer lunes de cuaresma.

A las 22:20 horas, casi un hora después de lo previsto, volvía a salir de la puerta de Palos el Señor de la Salud. Ya de noche la vuelta prometía en un centro que estaba ambientado con ganas de acercarse al Nazareno. En Mateos Gago el olor al incienso y al azahar abrieron los sentidos y trasladaban a la Gloria. La Escolanía de María Auxiliadora era el mejor acompañamiento para entender la cara del «Manué» en la estrechez de Fabiola cuando se acercaba a una bonita parte de su historia.

El reloj marcaba las 23:35 cuando llegó a la Parroquia de San Nicolás donde en otros siglos tantas plegarias recibió. Allí le esperaba la Hermandad de la Candelaria en la plaza que lleva el nombre de Nuestro Padre Jesús de la Salud. Una ilusión para ambas hermandades sobre todo para la Candelaria que recibía la advocación de donde nació la devoción en San Nicolás al antiguo Nazareno de la Hermandad de la Antigua y Siete Dolores. Una devoción que quedó para siempre en la feligresía de Madre de Dios aunque se marchara en los avatares nómadas el Señor de los Gitanos.

El cortejo siguió transcurriendo por las calles de la antigua judería, Muñoz y Pabón, Cabeza del Rey don Pedro, calles que le dieron a la procesión de vuelta un carácter sumamente extraordinario que se fue desgranando en múltiples escenas para el recuerdo que fueron alimentando la memoria colectiva de la Sevilla Cofrade para concebir una jornada inolvidable, singular, memorable e irrepetible. El recogimiento era absoluto en cada calle nada más sentir la presencia del «Nazareno Gitano». Mucha compostura y clase entre los hermanos que llenaron el cortejo de elegancia. Iban pasando las calles y seguían sin vaciarse. Olía a canela y clavo en la Plaza de San Román. Muchos recuerdos en tan pocos metros mientras la devoción se veían en las caras.

Eran las 01:20 horas y como una madrugá prematura la calle Verónica no podía tener más sentimiento al instante que entraba el Señor en su Santuario. Ya los hermanos de Los Gitanos sueñan con estrechar el calendario para seguir disfrutando con Él. Sevilla encendió las fraguas y quiso hacerse gitana porque no encontró forma más bonita para querer al Señor.

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