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Galerías, Sevilla

Sevilla se desbordó de Esperanza

De nada sirve contarlo si no lo pudiste vivir. Esto debe de servir de precedente para contar fríamente lo que ayer pasó en Sevilla, ramillete de un jardín soñado que desprendía emociones en cada rincón por donde pasó la Virgen de la Esperanza de Triana. La cruz de guía se puso bajo el dintel de la puerta de San Miguel a las cuatro de la tarde. La Avenida de la Constitución lucía repleta desde horas antes aguardando a la Virgen que salió unos minutos después. La avenida con el sol y la estela de incienso a modo de telón delantero recordaba a la estampa del Gran Poder en su última salida extraordinaria, fuera de la oscuridad de la madrugada, dejando una estampa inédita y haciendo un momento histórico cuando empezó a sonar ‘Pasa la Virgen Macarena’.

Tras dejar una abarrotada calle de García de Vinuesa y Puerta del Arenal llegó a Adrina donde se vivieron uno de los momentos más especiales de la procesión frente a la capilla de la Hermandad del Baratillo que lucía adornada para la ocasión. El palio empezó a revirar con ‘Siempre la Esperanza’ y dejó abierta la puerta de la locura cuando en el dintel de la capilla levantó a la música con ‘Pasan los Campanilleros’.

La calle Adriano estaba a rebosar como Pastor y Landero, una calle emotiva en lo que respecta al panorama musical porque volvió a escucharse tras el palio otra marcha macarena, ‘Cómo Tú, Ninguna’. Se iba acercando a la antigua cárcel del Pópulo y sonaba ‘Soleá, Dame la mano’. Había lágrimas en el ambiente y la Virgen había cambiado el recuerdo de la luz de la mañana por la luz hipnotizadora del atardecer tras una candelería.

Otro de los momentos más especiales fue la llegada a la Plaza del Altozano. No cabía un alma en tantos metros, Sevilla y Triana postrada ante la Virgen para disfrutar de su Gracia. Y  la Virgen quiso volver a mirar la Giralda, dando una vuelta completa mientras sonaba ‘Pasan los Campanilleros’, ‘Esperanza de Triana Coronada’ y ‘Encarnación Coronada’. La procesión llevaba unos pocos minutos de adelanto y el CECOP anunciaba que en la tarde del 3 de noviembre se habían concentrado sobre 285.00o personas alrededor de la Virgen.

‘Hasta aquí llegó la Esperanza’ anunciaba una pancarta en la esquina de Rodrigo de Triana con San Jacinto. El barrio había vuelto a florecer como una primavera de infancia. Balcones abiertos de par en par, imágenes de la Virgen y mantones engalanando la Rodrigo de Triana. A partir de aquí la Virgen fue un poco más pausa. Disfrutando todo el mismo con ella y gustándose los costaleros en cada puntita al frente que llevaban con el compás incomparables que caracteriza a este palio.

Minutos antes de las doce llegaba la Virgen a la revirá de Pelay Correa. Nadie imaginaba que a esa hora llegase a esa altura del recorrido ya a pocos metros de la calle Pureza. Y a las doce en punto entraba la Cruz de Guía en la Capilla de los Marineros tras la atenta mirada del público que se concentraba en una calle Pureza llena desde bastantes horas antes. En ese momento la Virgen era de Triana y tenían que disfrutarla. Marcha tras marcha, chicotá tras chicotá la Virgen de la Esperanza de Triana iba cosiendo un traje para la memoria eterna de un barrio que esa noche escribía una página de oro en el libro de su fe y su sentimiento.

Entrada la madrugada la Virgen hacía su entrada en su capilla de Pureza. Había empezado a dejar atrás una procesión reseñable, caracterizada por su comportamiento y emoción en la calle. La Virgen de la Esperanza de Triana había puesto boca abajo a Sevilla para que Sevilla y Triana fueran una sola.

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