En este primer Domingo de Noviembre, y donde venimos de celebrar nuestros difuntos. Vivimos el XXXI Domingo del tiempo ordinario, y un domingo más traemos a Gente de Paz un nuevo Evangelium Solis.
EVANGELIO
Lectura del santo Evangelio según San Marcos
En aquel tiempo, un letrado se acerco a Jesús y le preguntó: –¿Qué mandamiento es el primero de todos?
Respondió Jesús:
–El primero es: «Escucha, Israel, el Señor nuestro Dios es el único Señor: amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser.» El segundo es éste: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo.» No hay mandamiento mayor que estos.
El letrado replicó:
–Muy bien, Maestro, tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios.
Jesús, viendo que había respondido sensatamente le dijo:
–No estás lejos del Reino de Dios.
Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.
Palabra del Señor.
El evangelio de hoy nos presenta de una manera muy clara de los dos mandamientos principales de donde pende la Ley y los profetas. Después de la pregunta del escriba, Jesús deja una cosa muy clara, que el amor a Dios y el amor al prójimo no tiene “esencias” distintas. El Amor es el Amor. Es un amor de calidad que debe de ser compartido y que tiene que ser el mismo para Dios y para los hombres, aunque los mandamientos se enumeren en primero y segundo.
La novedad en la respuesta de Jesús, es que añada el segundo mandamiento al mandamiento principal. que añada al amarás, añada al prójimo. Con ello se ha revelado que el amor a Dios y el amor al prójimo es lo más importante de la vida, son un solo mandamiento, en realidad, y así podríamos entender el final de la lectura : ”No hay otro mandamiento más importante que éstos”, si os dais cuenta, está en singular y nos permitiría entender que el mandamiento más importante por el que preguntaba el escriba son los dos primeros que vienen a ser uno sólo. Porque no hay dos tipos de amor, uno para Dios y otro para el prójimo, sino que con el mismo amor amamos a Dios y a los hombres. Se podría decir que son inseparables, porque el Dios de Jesús, el Padre, no quiere ser amado El, como si fuera un ser absoluto y solitario. Así responde Jesús la gran pregunta del escriba, de una manera profética e sorprendente para muchos.
Lo que el evangelio de hoy quiere mostrarnos de manera clara es que el amor a Dios debe también ser amor a los hombres. Muchos se conforman con decir que aman a Dios, pero muchas veces se encuentran razones para no amar al prójimo. Aquí es donde el evangelio se hace novedad maravillosa para todos los seguidores de Jesús y para todos los hombres. Esta es la gran diferencia, el Dios verdadero no es como los dioses falsos, Dios que ser amado a traves de los hermanos. En definitiva, Dios es amor y no podemos amar a Dios a quien no vemos si no amamos al hermano a quien vemos. Todo esto la puso en marcha Jesús de Nazareno… y por ello dio la vida.





