La negativa del Obispado a celebrar en Linares una magna a la usanza tradicional puso los pies en la tierra a la sociedad cofrade linarense que ya contaba con un acontecimiento de grandes proporciones con el que sacar pecho y ofrecer al mundo una visión detallada y propia de la conmemoración de la Pasión del Señor.
Auspiciada en el decreto de reciente creación que elimina de un plumazo los eventos masivos que congreguen varios pasos, la decisión vino acompañada de una proposición alternativa de otro acontecimiento menos ambicioso pero con un atractivo ineludible que parece haber caído en gracia en el orbe cofrade linarense.
La propuesta nace del provicariado provincial y, según se ha desvelado desde partes muy afines a las cofradías, es la de realizar un Vía Crucis en andas y una posterior exposición —al más puro estilo «Kerigma» en Granada o «El Verbo Encarnado» en Málaga— en la Parroquia de San Agustín de la ciudad. Una información anunciada en un programa de televisión local pero que, aún, no ha sido confirmada oficialmente por la máxima entidad cofrade de la ciudad, que no es otra que la Agrupación de Cofradías.
No obstante, sin un dossier de información real y ajustada ni un comunicado oficial, las hermandades han comenzado a celebrar Cabildos Extraordinarios para aprobar la participación en el magno evento buscando siempre la mayor transparencia. El primero de ellos, el de la Hermandad de la Entrada Triunfal, tuvo lugar el pasado domingo con un resultado que no ha trascendido, quizá por el miedo que surge ante el problema generado tras el revuelo provocado por la filtración del magno evento primigenio.
Aún así, los que estuvimos en ese Cabildo podemos asegurar que el mejor sistema para evitar posibles perjuicios es el de los cauces oficiales, más aún tras las continuas trabas emitidas por el Obispado hacia las cofradías y los acontecimientos de piedad popular.
El viaje hacia el codiciado acontecimiento se prevé largo. La calma tensa continúa inundando un ambiente cofrade de prudencia y secretismo tras haber despertado al lobo de los decretos y las prohibiciones en una Diócesis en la que no se mueve nada sin ser aprobado. Lo que ha quedado claro, es que no se va a anunciar nada hasta que el último fleco quede más que atado.





