En la siguiente entrevista, la pintora y restauradora, reflexiona sobre su trayectoria y su vocación por el mundo del Arte
Desde que tenía uso de razón, la pintora y restauradora de Castilleja de la Cuesta, Sheila Criado, sintió una especial inclinación por lo artístico. Su admiración por Miguel Ángel Buonarroti (esto son palabras mayores) muestran que su vocación es inquebrantable y su capacidad para el trabajo también lo es.
Muestra de ello son los numerosos encargos que recibe y, sin haber llegado a los cuarenta años, Criado ya ha dado suficientes muestras de que es uno de los valores en alza en las disciplinas que abarca. En la siguiente entrevista da muestras de esa vocación, que conjuga con su sencillez y cercanía. No se la pierdan.
-Sientes inclinación por el mundo del Arte desde muy pequeña ¿Cuál es tu primer recuerdo?
Recuerdo, desde bien pequeñita, estar siempre con un lápiz y pintando cualquier papel en blanco que cayese en mis manos. Mi padre llegaba con el ABC y en los trocitos en blanco que quedaban hacía cualquier dibujito. Y ya viendo mi familia que me gustaba tanto el dibujo, como extraescolar, me apuntaron a unas clases de pintura, que daban en la Casa de la Cultura de Castilleja de la Cuesta. Y ahí, el primer dibujo inicial que me hizo la profesora, habló directamente con mi madre y le dijo: esta niña tiene unas dotes artísticas importantes, vamos a pasarla de nivel y va a empezar a pintar directamente al óleo. Empecé con una variante, digamos más profesional de las clases extraescolares.

Toda mi trayectoria y estudios ya fueron derivados a lo artístico. Cada vez me gustaba más, cada vez conocía más, todo era un enamoramiento puro y duro con lo que son las artes, el patrimonio y la cultura artística.
-¿Recuerdas cuál fue la primera pintura al óleo que hiciste?
Lo tengo colgado en casa. Es un paisaje, de un atardecer. Siempre le digo a mi madre que, como lo coja, lo voy a modificar. Pero ella se niega totalmente a que toque ese cuadro. Lo tiene con gran cariño, porque es mi primer óleo.

-De ahí sigues un proceso que acaba en la Facultad de Bellas Artes.
Me metí en Historia del Arte, porque, en un principio, no me dio la nota. Y ese año me mandaron un retrato y no supe dibujar. Ahí fue mi punto de inflexión para decir, esto no es lo que yo quiero, me voy a volver a preparar la Selectividad y así fue, me la volví a preparar, me dio la nota, entré en Bellas Artes y recuerdo, a día de hoy, el olor de esa clase de dibujo de mi primer día de la Universidad.
«Es un paisaje, de un atardecer. Siempre le digo a mi madre que, como lo coja, lo voy a modificar. Pero ella se niega totalmente a que toque ese cuadro»
-¿Cómo era?
El olor a carboncillo, a papel viejo, esas esculturas de escayola sucias (porque allí está todo sucio por el carboncillo y la tizne de los dedos de los alumnos). Recuerdo con muchísimo cariño no solo el primer día, sino todos los años que he pasado en la Universidad.
-¿Cómo fueron aquellos años?
Compaginaba la carrera con trabajar, para poder pagarme los estudios y siempre estaba de un lado para otro. Como compaginaba el trabajo con los estudios ampliaba siempre matrículas. La licenciatura era muy diferente a lo que, a día de hoy, conocemos como el grado y siempre buscaba asignaturas para ampliar con otros conocimientos. Me encaminé por la restauración, pero siempre estaba con (asignaturas como) dibujo al natural, paisajes, procedimientos pictóricos. Ampliaba con otras asignaturas que veía que se me estaban quedando en el tintero.

-Te especializas en conservación y restauración.
En tercero de la licenciatura tienes que escoger una variante, una especialidad y la escogí simplemente porque decían que era la que tenía más salidas. Aparte, la iniciación a la restauración la daba mi maestro, Francisco Arquillo, él era -y lo sigue siendo- el restaurador del Cristo de mi hermandad de Castilleja de la Cuesta. En cierta forma quería acercarme a él, ver su trayectoria, estudiarlo.

Ese año, cuando ya nos puso todos los ejemplos de restauraciones, todas las malas praxis y todo ese campo tan abierto de lo que es la profesión del conservador y restaurador, inmediatamente fue un enamoramiento total de mi profesión. Seguí con él en los diferentes cursos que iban produciéndose en esos años y, una vez que terminé la carrera, estuve cinco años con él de colaboradora, de asistente honorario en la facultad. Estuve nueve años en una empresa de restauración, cogiendo un poquito de fundamento y, en la pandemia, digamos que me lié la manta a la cabeza y monté mi propio estudio y la verdad es que, a día de hoy, estoy súper féliz, muy cómoda trabajando en infinidad de proyectos que, cada vez, son más bonitos, más interesantes. Y todos estos proyectos te dan a conocer a un gran número de personas, que no solo se convierten en clientes, sino que al final terminas teniendo una relación de amistad con ellos.
-Antes de la pandemia y el estudio propio ya tenías encargos.
Sí, claro. Cuando termino la carrera seguía colaborando con mi maestro no solo en la facultad sino en restauraciones, he estado en el equipo de trabajo de los Arquillo. Aparte, por mi cuenta ya tenía cosas de restauración y el tema de cartelería lo fui practicando desde que terminé la carrera.
«Ese año, cuando ya nos puso todos los ejemplos de restauraciones, todas las malas praxis y todo ese campo tan abierto de lo que es la profesión del conservador y restaurador, inmediatamente fue un enamoramiento total de mi profesión»
-¿Cómo es el proceso cuando te encargan la restauración de una imagen?
Se pone en contacto contigo el cliente y tienes que ir a hacerle un estudio in situ a la imagen o a la obra, para ver los daños. El restaurador tiene una visión especial, siempre lo digo, miramos de una forma diferente al resto de las personas y vemos las obras de arte con daños que no son apreciables para una persona que no entienda.

Se hace el primer estudio, esa primera toma de contacto, y después con todos esos datos recogidos (fotográficos y anotaciones), se realiza un primer proyecto de intervención, en el que se recogen los diferentes procesos que se van a seguir, los estudios que se van a realizar a la obra y, a continuación, ese proyecto -si pertenece a una hermandad- debe de llevarse al obispado que corresponda, para que la Delegación de Patrimonio de el visto bueno a que el trabajo lo está haciendo un profesional o licenciado y que los procesos que se van a realizar son idóneos para la restauración y conservación de la pieza.
-¿Cuál ha sido la imagen más difícil a la que te has enfrentado a la hora de restaurarla?
Todas las imágenes tienen su dificultad, porque tienen una casuística diferente y, donde piensas que te toca una que apenas tiene desperfectos, deterioro, de buenas a primeras te encuentras con una casuística que no tenías planteada.

Suelo tratar a todas las imágenes al unísono. Puede que en dificultad, al ángel eucarístico de Valencina de la Concepción hubo que hacerle un tratamiento muy importante de soporte y en estos tratamientos hay unas mediciones, unos estudios de anclajes, de maderas, de ensambles que son bastante complejos. Pero por mucho que digamos esta restauración es fácil, todas tienen algo que te pega la puntilla (risas).
-Este año se presentaba la restauración del Cristo Yacente de Ronda ¿Cómo ha sido?
Ese proceso ha sido un gustazo. Siempre digo que las imágenes son las que te dan el consentimiento para intervenirlas y la imagen del Cristo Yacente se portó muy bien, fue increíble intervenirla, porque todo el proceso que se iba haciendo sobre la imagen fue muy sencillo, muy poco costoso. Digamos que se prestaba a que se interviniera gratamente. Y, después, el trato con la hermandad fue fascinante y exquisito. Son unas personas maravillosas y, a día de hoy, sigo teniendo trato con ellos.
-¿Cómo es el trato con las hermandades, porque restaurar a una imagen es algo delicado?
Intento tratar a las hermandades como a mí me gustaría que me tratasen si yo estuviera en una junta de gobierno y la que se restaurase fuese mi imagen.

Me gusta darle un carácter de privacidad total a las imágenes, cuando están en el estudio, además de tenerles ese respeto. En mi estudio no se verá nunca una imagen tapada con una sábana. No me gusta darles el carácter de obra de arte cuando están en el estudio. La imagen, cuando se traslada al estudio del restaurador, debe seguir teniendo ese mismo significado y esa misma devoción, tanto fuera de su iglesia como dentro del estudio. No porque esté en un estudio o taller de restauración debe ser una obra más de arte siendo una imagen devocional.
Muchas de las hermandades se sorprenden con mi forma de actuar, de tratar a sus imágenes como si fueran mi devoción propia. Pero es que no lo concibo de otra forma. Creo que es como hay que tratar a las imágenes de otras personas, que les tienen devoción y están confiando en ti para que las pongas buenas, hablando en términos más llanos.
-Tienes, además, una labor muy ingente en cartelería.
Empecé con la cartelería en 2009. A día de hoy, llevo mucha cartelería a mis espaldas. Si tengo que destacar alguno, quizá el cartel de la Semana Santa del Aljarafe, que me abrió muchísimas puertas. Fue un cartel muy estudiado, porque representar a toda la Semana Santa de la comarca del Aljarafe con todo el patrimonio que tiene era complejo. Fue muy especial, porque pilló pasando la pandemia.

Es cierto que han venido otros carteles de gran importancia como el de la gala benéfica del Olivo de Plata de la Hermandad de la Redención, en el que me salgo un poquito de lo que normalmente suelo hacer y suelo trabajar, y también fue un exitazo.
-También hay otro que protagonizan la Soledad de Castilleja y la Virgen del Rocío.
Fue un cuadro que se le entregó a la Hermandad Matriz en una peregrinación que hace la obra social de la Hermandad de la Soledad de Castilleja, y me encargaron realizar el detalle que se le iba a entregar a la Matriz.
«En mi estudio no se verá nunca una imagen tapada con una sábana. No me gusta darles el carácter de obra de arte cuando están en el estudio»
Ese tipo de detalles o como cuando mi hermandad hace la peregrinación a Santiago, también me encargaron un cuadro de esa índole, y ver la obra mía a los pies de imágenes tan importantes, de tantísima devoción, la verdad es que es una sensación de orgullo tremenda.
-¿En qué estás trabajando ahora?
A finales de octubre se entregó la restauración del altar de la Soledad de Albaida, junto con las pinturas murales de Maireles, y se presenta el día 3 la conferencia de restauración; estoy con el altar y la imagen de San Sebastián de San Bartolomé de las Torres; sigo con el contrato de conservación y mantenimiento de las pinturas y las imágenes secundarias de las parroquias de Chucena e Hinojos (Huelva); la imagen de San Juan de Gibraleón, que ya está en la fase final, y es una imagen que se ha llevado nueve años en la puerta de la parroquia, con un deterioro máximo y ya está en fase de finalización, y la comparativa del antes y el después va a ser increíble.
«No te puedo decir, estoy deseando que me llegue el cartel de la Semana Santa de Sevilla, porque le doy la misma importancia que al cartel de la Semana Santa de Córdoba, de Huelva, de Ciudad Real o de Barcelona»
En cuanto a la cartelería, firmando contratos para la próxima Cuaresma. Se ha firmado el de las Glorias de Madrid; para la Semana Santa de Nervión, que me lo ha encargado la hermandad de La Sed; el del Sábado de Pasión de la Hermandad de la Humildad de Sevilla Este; alguna papeleta de sitio que aun no se ha anunciado; el cartel de la Semana Santa de Vélez Blanco (Almería). Varias obras que van a ser muy bonitas de elaborar.




















-¿Qué retos tienes pendientes? ¿Qué cartel te gustaría hacer?
A toda obra que me llegue le doy la misma importancia a una que a otra. No te puedo decir, estoy deseando que me llegue el cartel de la Semana Santa de Sevilla, porque le doy la misma importancia que al cartel de la Semana Santa de Córdoba, de Huelva, de Ciudad Real o de Barcelona. Lo voy a coger con la misma ilusión y las mismas ganas de elaborar ese reto que cualquier otra obra.





