El Rincón de la Memoria, Sevilla

Siete años de la coronación del Carmen: la primera en las collaciones históricas

Con ojo de historiador, cuando Don Juan José Asenjo, Arzobispo de Sevilla, colocaba en las sienes de la monumental Virgen del Carmen del Santo Ángel, la portentosa imagen de Cristóbal Ramos, la corona de oro que le donaron sus devotos, tenía lugar una curiosidad histórica: se trataba de la primera Imagen de la Virgen que se coronaba en las collaciones históricas de la Magdalena y el Salvador, en el corazón de la Sevilla. 

Desde las calles de estas históricas collaciones, de un lado del puente de Triana llegando hasta San Isidoro y hasta el Sagrario, en ese amplio casco monumental del centro, la Virgen del Carmen era la primera imagen que recibía ese privilegio singular. Se cumplían 500 años del nacimiento de Santa Teresa, y el convento solicitó al Sr. Arzobispo esta Coronación por la presencia de la Orden en la ciudad desde hacía más de cuatro siglos. 

Y se le concedió. Y lo hacía con todos los méritos más que sobrados, con una amplia devoción en un templo de tanta actividad cultual y cultural. Una Imagen que recibe cada día la mirada de miles de personas que cruzan sus puertas buscando el alimento de la Eucaristía y la reconciliación con el Padre. Una Imagen ante la que se imponen varios miles de Escapularios al año, prueba de su devoción no solo de los siglos sino también del presente.

Una devoción que cuenta con una Imagen vicaria para las procesiones que fue fundada en 1588, con su Archicofradía propia, que reparte sus bendiciones cada 17 de julio.

Se cumplen ya siete años de aquella Coronación única y especial, coronada en su templo, rodeada de sus fieles, que permitió verla descender de su camarín y contemplarla de cerca, donde Sevilla descubrió una de sus imágenes más maravillosas de la Madre de Dios, en las palabras del Arzobispo pronunció aquella tarde del 10 de octubre de 2015: “He coronado a la Virgen del Carmen más bella de la Archidiócesis”. 

Ella sigue cumpliendo la promesa de su Hijo en la cruz, cuidando de todos sus hijos, con la indulgencia del Santo Escapulario: “En la vida protejo, en la muerte ayudo y después de la muerte, salvo”.