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«Soledad», la película «de cofradías» que revolucionó Córdoba

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El 16 de abril de 1958 un breve artículo insertado en el Diario de Córdoba anunciaba la llegada del equipo de rodaje de una película, que originalmente iba a titularse «Érase una vez Andalucía», algunas de cuyas localizaciones tendrían lugar en la ciudad de San Rafael. El objetivo de esta llegada no era otro qué incluir en la cinta imágenes de la Semana Santa cordobesa. El hecho de que la Semana Santa de aquel año concluyese el 6 de abril motivó que el equipo de rodaje tuviese que improvisar una reconstrucción del ambiente que por aquel entonces se producía en las calles cordobesas durante la Semana Santa. El 7 de mayo un anuncio de la productora Aspa en el mencionado periódico anunciaba la búsqueda de dos niños, una niña de ojos oscuros y un niño de ojos claros, para participar en una escena concreta de la película que se está rodando en la ciudad.

Cuatro días después, un periodista del diario, entrevistó a la protagonista del filme que por aquel entonces ya había cambiado de título para llamarse «Un amor y Andalucía», Pilar Cansino, prima hermana de Rita Hayworth, que compartía cartel con Germán Cobos y Fernando Fernán Gómez. Considerando que la idea de los creadores de la película era que la parte de la historia se desarrolla ese durante la Semana Santa, resultaba imprescindible que algunas cofradías participarán en ella.

Cuatro fueron las corporaciones que, de un modo u otro, participaron en el rodaje, dos de ellas con sus titulares y otras dos aportando algunos de sus elementos patrimoniales: la Esperanza, el Caído, la Expiración y el Remedio de Ánimas. La Esperanza permitió que sus dos titulares formasen parte de la película mientras que la Cofradía de San Cayetano cedió la imagen del Señor. Todos ellos formaron parte de unas escenas que se rodaron en las calles Herrera, Velázquez Bosco y Cardenal Herrero a la altura de la Virgen de los Faroles.

A lo largo del rodaje las imágenes permanecieron en el interior de la Santa Iglesia Catedral, enclave en el que se montaron los pasos y donde se guarecieron. En el caso de la Virgen de la Esperanza la persona responsable del montaje y el desmontaje era el conocido cofrade Ignacio Torronteras, que tuvo que encargarse de volver a montar el paso incluida la cera y la flor, corriendo todos los gastos por cuenta de la productora de la película. Incluso se llegó a pagar unos días de excedencia a un hermano de la corporación cordobesa para que pudiese estar al cuidado del patrimonio de la cofradía en los días de rodaje, tal y como explicaban José Antonio López Chocero y Juan Antonio Gavilán Sánchez en un reportaje sobre el filme recogido en una edición de los años 90 del siglo pasado de Alto Guadalquivir.

Si ustedes han visto la película, y si no la han visto podrán constatarlo con el visionado de los vídeos que adjuntamos, convendrán conmigo que no se profundiza precisamente en la realidad de la Semana Santa de Córdoba y que la aparición de los pasos no es más que una excusa, más o menos exótica, para enraizar la trama argumental en lo que algunos pensaban que era Andalucía. Pero, más allá de consideraciones de este calado, lo cierto y verdad es que la cinta deja imágenes impagables como la presencia de Nuestro Padre Jesús de las Penas, que por aquel entonces ni siquiera salía en procesión el Domingo de Ramos, y que por tanto no tenía paso procesional, motivo por el cual se solicitó a la Hermandad de la Expiración el suyo para entronizar al Señor.

Según recuerdan López Chocero y Gavilán Sánchez, los responsables de la película insistieron en la presencia de la imagen de Juan Martínez Cerrillo por su fotogenia. Más allá de la presencia de Jesús Caído procesionando a ruedas tal y como hacía cada Jueves Santo hasta finales de los años 70, la aparición del paso de la Expiración, así como la de los faroles de mano de la Hermandad del Remedio de Ánimas, que portaban las hileras de nazarenos vestidos con la túnica del Caído, -todos ellos figurantes-, no cabe duda de que la cofradía estrella de la película y la que percibió un mayor rédito económico fue la Esperanza, suficiente como para sufrir una auténtica revolución patrimonial a resultas de lo obtenido con la película.

Hasta las cuadrillas costaleras fueron sufragadas por la productora. Conviene recordar de que en aquellos tiempos no existía la figura del hermano costalero y que por tanto las cuadrillas estaban conformadas por profesionales. Uno de estos «costaleros», valga la expresión en este caso, fue el mismísimo Fernando Fernán Gómez que aparecía en una escena bebiendo agua en el descanso entre chicotá y chicotá, ataviado para la ocasión pero llamativamente sin costal. La película muestra a la Virgen de la Esperanza ataviada con la estética de la época, muy diferente a la actual, al igual que la disposición de la cera. El paso presentaba los antiguos varales la cofradía escenas nueve años antes y que lució posteriormente el paso de palio de la Hermandad de la Entrada Triunfal.

Como hemos comentado, el beneficio económico para la Hermandad de la Esperanza, debió destacable, habida cuenta de que a resultas de la cinta el 22 de marzo de 1959, Domingo de Ramos, Nuestro Padre Jesús de las Penas acompañó por primera vez a su Madre entronizado en su nuevo paso diseñado por Juan Martínez Cerrillo. Por su parte el paso de Jesús Caído presentó reformas el Jueves Santo de 1959. Además, la Hermandad de la Esperanza tuvo suficiente como para acondicionar el local del convento de Santa Isabel.

Respecto a la película, ya con su nombre definitivo, «Soledad», fue estrenada el 21 de abril de 1959 en el cine Coliseum de Madrid con críticas no precisamente benignas en la medida en que se ofrecía «una imagen ficticia de España». La película llegó meses más tarde, cosas de la época, a la ciudad de Córdoba siendo estrenada, de la mano de la propia Hermandad de la Esperanza, el 17 de diciembre de 1959, víspera de la festividad de la dolorosa, en el Teatro Duque de Rivas, pasando tras dos días de protección al Cine Cabrera donde tuvo un solo pase. Cifras que evidenciaban el fracaso económico de una película manifiestamente mejorable, pero no merman el interés que deriva de conservar llamativas escenas, irrepetibles en muchos de los casos, que forman parte de la historia de las cofradías cordobesas.

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