Esta semana asistí al paraninfo de la Universidad de Sevilla para escuchar un simposio de alto interés cultural y cofradiero que trataba de la influencia de las hermandades y cofradías sevillanas en la época de la peste, es decir, a finales del siglo XVI. Esta conferencia estaba organizada por los responsables de la serie ‘La Peste’ en colaboración con el Ayuntamiento y la Universidad de Sevilla. En una hora se sacaron muchas conclusiones, pero me gustaría resaltar una. Después de más de cuatro siglos, las hermandades sevillanas siguen igual. ¿Qué ha pasado?
Es cierto que ha habido muchos cambios, siempre para bien. Sobre todo en enseres, ajuares y popularidad. Los grandes talleres de imaginería y orfebrería andaluces dieron a nuestra santa fiesta un esplendor que no cesa desde el siglo XVII. Pero las hermandades en su forma siguen igual. ¡Y han pasado tantos años!
En el simposio estaba sentado el profesor José Roda Peña además de otros especialistas que instruyeron magistralmente cómo era la vida de las hermandades externa e internamente. En lo que respecta internamente casi nada ha cambiado. El día a día estaba caracterizado por las discusiones internas de los hermanos, ni que decir tiene que el tiempo no ha acabado con ésto. Tanto era así, que las cofradías convocaban un cabildo los días previos a la salida para imponer la paz entre ellos.
También eran frecuentes las peleas con otras hermandades. No existía orden para ir a la Catedral, así que sin orden imaginar lo que se podía formar para pasar primero. Y pensar que casi todavía ocurre en estos años. Estas riñas acababan con los hermanos de las distintas cofradías a porrazos, dañando enseres y produciendo un espectáculo bochornoso agravado por lo que se está celebrando. Gracias a Dios hoy en día no llegamos a estos extremos. Aunque no neguemos que en las porfías cofradieras de los bares no nos hemos convertido alguna vez en estos hombres de finales del XVI.





