Tensión en Trevélez por la suspensión de la procesión de San Benito con dinero de por medio: recogida de firmas contra el párroco

El municipio de Trevélez, en plena Alpujarra granadina, se encuentra inmerso en una grave controversia tras la cancelación de la tradicional procesión de San Benito. La decisión del párroco, Rubén Ávila, ha provocado un profundo malestar vecinal y ha desencadenado una recogida de firmas para solicitar su relevo.

La imagen del santo, que habitualmente recorría las calles del pueblo el sábado más próximo al 11 de julio, fecha en la que se conmemora al patrón de Europa, no procesionará este año. Según fuentes municipales, el sacerdote ha adoptado esta medida por desacuerdos con la asociación de mujeres que desde hace años organizaba tanto los actos religiosos como las actividades festivas, entre ellas la degustación popular de papas de matanza, verbenas, convivencias o un torneo de fútbol.

La supresión de la festividad ha provocado un hondo malestar entre los aproximadamente 700 habitantes del municipio, que el pasado lunes comenzaron a reunir firmas para elevar al Arzobispado de Granada su petición de destitución del párroco. Desde la institución eclesiástica se ha trasladado al Ayuntamiento que se está analizando el conflicto, aunque fuentes locales indican que el sacerdote mantiene firme su decisión y no contempla abandonar la parroquia.

Ruptura de una tradición profundamente arraigada

Desde la corporación municipal y la asociación organizadora lamentan que se haya roto una costumbre que ha desempeñado durante décadas un papel clave en la cohesión vecinal y en la vida cultural y religiosa del pueblo. “Sin la procesión, la fiesta pierde todo su sentido”, aseguran fuentes locales, subrayando la importancia de una celebración que, año tras año, reunía a vecinos y visitantes en torno al culto y la convivencia.

Como medida simbólica, la asociación de mujeres estudia instalar un altar en la plaza del pueblo, donde se pueda realizar la tradicional ofrenda floral. No descartan acompañarlo de pancartas de protesta contra la decisión del sacerdote, en un intento por mantener viva la devoción al santo pese a la suspensión oficial de los actos.

El conflicto de fondo: dinero, espacios y tensiones acumuladas

El origen del desencuentro se remonta a varios años atrás. Según detalla la asociación a través de un comunicado difundido por el Ayuntamiento en sus redes sociales, desde hace tiempo venían organizando la venta de un número de lotería de Navidad cuya recaudación, sellada con el cuño de la iglesia de San Benito, se entregaba íntegramente al párroco de turno. Asimismo, parte de los beneficios de las fiestas se destinaban a la parroquia, y el resto se empleaba en mejoras del templo y en la organización de los actos.

Hace dos años, sin embargo, el sacerdote denegó a la asociación el uso de los salones parroquiales, alegando que una experiencia negativa con terceros —ajenos a la organización— había motivado su decisión. Pese a que las mujeres responsables de las actividades no estaban implicadas en aquel incidente, se les impidió el uso de dichos espacios, que posteriormente fueron cedidos a otros colectivos externos al pueblo.

Ante este gesto, la asociación decidió no entregar en mano al párroco el importe completo de la lotería, aunque aseguran que la aportación económica continuó siendo considerable. Parte de esa recaudación, puntualizan, se destinó a sufragar la elaboración de un mosaico con la imagen de San Benito instalado en la fachada de la iglesia, como expresión de fe y compromiso con el patrimonio local.

El pasado año se produjo un nuevo roce, cuando durante una misa el párroco habría criticado públicamente a la asociación por esa gestión. En respuesta, decidieron no utilizar el sello parroquial en la lotería, sustituyéndolo por el de su propia entidad. A través del comunicado insisten en que su labor siempre ha estado guiada por el deseo de mejorar el templo y trabajar por el bien común de Trevélez.

Expectación ante la respuesta del Arzobispado

La polémica ha trascendido lo estrictamente religioso para convertirse en un asunto de relevancia comunitaria. Muchos vecinos aguardan con preocupación la reacción definitiva del Arzobispado de Granada, que deberá mediar en un conflicto especialmente delicado en una localidad donde los vínculos entre la Iglesia y la vida social son estrechos y tradicionales.

La cancelación de la procesión no solo pone fin a una cita emblemática del calendario festivo, sino que también simboliza una fractura en la relación entre la parroquia y buena parte del vecindario. Una ruptura que, de no resolverse, podría dejar secuelas duraderas en la vida comunitaria del pueblo.