El viejo costal, Opinión

¿Timón o ancla?

Bien es cierto que estamos los cofrades en un momento evolutivo creo que importante, a tenor de lo sufrido en la pandemia, y con la necesidad de recuperar el tiempo perdido, los cofrades, vamos a realizar tantas salidas extraordinarias como nos sean posible, estaré o no estaré de acuerdo con este planteamiento, pero la realidad tiene que ser irremediablemente aceptada.

Estas salidas son una proclamación pública de nuestra fe, nuestra catequesis, ¿pero todos los que la ven, son cofrades?, y aquí debemos de empezar a analizar con precisión de esta extraña evolución que aludía al inicio. No todos son cofrades, muchos de ellos se preguntan a la vista de nuestra proclamación pública lo siguiente: ¿será folclore de nuestra tierra?, ¿será tradición?, ¿quizás, deporte?, y otros ¿pero esto que es?.

Una cosa es lo que siente el cofrade y otra muy distinta lo que siente los que no lo son, ¿quieres un ejemplo?, vamos a estar más o menos de acuerdo pero voy a intentarlo, imaginaros un paso con un crucificado yacente dando alegres pasos adelante y atrás, con alguna marcha ligera, sería algo inadmisible para los cofrades, pero quizás al público no cofrade le encante esta ignominiosa acción, de seguro que algunos estarían dispuestos a aplaudir tan “delicado” momento, admirando el “buen hacer de costaleros y capataces”.

La calle es lo que tiene, que la ocupamos todos, y por supuesto con todos los puntos de vistas posibles y casi las mismas cantidad de opiniones, y todas y cada una de ellas exactamente igual de válidas.

Y es aquí donde creo que se está realizando un momento evolutivo significativo y los cofrades debemos de decidir, por ahora estamos dando mucho de lo que nosotros entendemos como catequesis popular, y lo estamos haciendo a conciencia, y creo, que en más cantidades de lo que sería recomendable, la continua presencia de nuestros titulares en las calles, las constantes salidas, y en definitiva la cercanía al público trae aparejada una “confianza” que degrada en buena parte el respeto que se le debe a un sagrado titular, respeto que se ve difuminado por esa continua presencia.

Lo que nos debería de obligar a pensar: ¿pero es de calidad esta catequesis?, ¿la entienden todos los que la ven desde las aceras?, la cosa ha cambiado aunque nos pese, los ojos que ahora miran no son los ojos de hace unos años, el público en la actualidad es más “laico” menos creyente, más libre en sus pensamientos religiosos y nosotros mantenemos la misma forma de impartir nuestra catequesis, y ¿será entendida nuestra constante reiteración?, ¿debería de evolucionar nuestra manifestación de fe?.

Desde las primeras salidas de hermandades, hasta la fecha de hoy, el estereotipo ha evolucionado poco o muy poco, desde Trento se empezó a acercar a los titulares al pueblo, con representaciones de la Pasión, con la sana intención de representar antes los ojos de los muchos que ni sabían leer ni tenían acceso a la Sagrada Escrituras, ese es el fundamento de nuestra catequesis, pero de este Concilio ya han pasado cinco siglos, y estamos prácticamente estancados en la misma coyuntura.

Ahora creo que ha llegado el momento de que vayamos decidiendo lo que se ha de hacer, en el sentido de determinar cómo queremos hacerlo, si queremos ser el timón que guie esta nave o el ancla que la frene.

Y es que la opción de reconducir nuestra catequesis acercándola más a las condiciones de la sociedad actual, o por el contrario ser el ancla que frene esta alocada carrera sin sentido. Sea como sea, lo que estamos notando todos es que sea timón o ancla, lo que hace falta es que ambos estén en las rudas manos de un avezado capitán, conocedor de las dos vertientes existentes, que disponga con celeridad y acierto que se ha de hacer.

Y a modo de resumen, lo que nos falta es ese capitán señalado, que sepa realizar la necesaria evolución en la sociedad actual, con sus condiciones, y que determine con acierto si girar el timón o arrojar el ancla, y que tenga muy claro el rumbo que se ha de seguir, y que parece que estamos perdiendo últimamente.