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Málaga

Un canto de devoción a la Madre de Dios

A las cinco de la tarde las campanas de la catedral comenzaron a repicar. Una suave brisa movía las banderas que pendían desde las torres, la de Málaga, Andalucía, España y la del Vaticano. Apenas se podía acceder a esta zona, que ya se encontraba abarrotada minutos antes de que comenzase la procesión de la patrona. Pasaban dos minutos más cuando el trono de Santa María de la Victoria aparecía ya bajo el dintel de la puerta, reencontrándose con sus hijos. A sus pies se encontraba la media luna cedida por el Socorro de Antequera y en su mano llevó un ramillete de flores en lugar del tradicional pajarito. Además, los arbotantes fueron sustituidos por los faroles del Nazareno, de Pasión, luciendo unas guirnaldas en tonos malva. Si a las 17:30 la imagen tendría que estar pasando por San Agustín, cuando el reloj marcaba esta hora, el trono ya se encaminaba hacia la plaza del Siglo. A su paso por la calle donde se encuentra la iglesia de los agustinos se interpretaba “Virgen de Ripoll”, una marcha que despertaba la curiosidad de los allí presentes. Acompañaban el obispo, el vicario general y el delegado diocesano de Hermandades y Cofradías. En la presidencia, el presidente de la Agrupación de Cofradías, Pablo Atencia.

Media hora antes de la salida procesional de la patrona tenía prevista su salida María Auxiliadora. Sin embargo, al final se decidió salir en torno a las cinco, suprimiendo varias calles del recorrido para llegar a su hora. Sin embargo, uno de los parones del día se produjo cuando, en la calle Cisneros con Fernán González cuando Zamarrilla llegó se encontró con que el cortejo de María Auxiliadora no había llegado, corporación que la precedía. El hermano mayor, Rafael Gallego, decidió con la hermandad del Cautivo continuar para no provocar más parón a la Virgen de la Trinidad. José Luis Pérez, presidente de la archicofradía de María Auxiliadora, aseguró que cumplieron con el horario establecido. La priostía decidió que las cintas rosa y celeste que portaban respectivamente la Virgen y el Niño Jesús desde sus muñecas durante estos días, acompañasen a las sagradas imágenes en su visita a la patrona. Una tradición que cumple un siglo desde que por primera vez las lucieran durante la procesión para que la gente las besara a su paso. La estampa más entrañable la pusieron los niños y niñas que, vestidos de angelitos, iban precisamente de estos colores. También acompañaron los pequeños que este año han realizado su primera comunión. Una vez iniciado el recorrido inicial, estos permanecían fuera, hasta su reincorporación tras la visita de María Auxiliadora a Santa María de la Victoria. La Virgen realizó este año su salida procesional anual enmarcada dentro del Mater Dei. Realizó estación ante la parroquia de la Divina Pastora y Santa Teresa de Jesús. Durante el recorrido se estrenó la marcha “Ante ti, Auxiliadora”, compuesta por Pérez Zambrana. Por Cruz verde, la Novia de Málaga, María Santísima del Rocío, se despedía de su barrio, entre aplausos y cantos. Una torre de sal que cobijaba a una de las dolorosas más populares con su particular tintineo, cuya belleza potenciaba aún más el sol, refulgía mientras la tarde llegaba a su ecuador.

Santa María de la Victoria llegaba a Marqués de Larios cuando María Santísima de la Trinidad se encontraba con un barrio que la acompañó en masa. La dolorosa del Lunes Santo se encaminaba hacia el puente de la Aurora, tras María Santísima de la Amargura, de Zamarrilla, que salía desde su casa hermandad a las 18:05 h. Entremedias, desde la casa hermandad de la Misericordia, la Reina del Perchel recibía sonoros aplausos de sus devotos, quienes habían engalanado las calles como si de un 16 de julio se tratase. La archicofradía avanzaba por su barrio cuando la plaza Fray Alonso de Santo Tomás estaba completamente abarrotada. Bullían los alrededores esperando la salida desde su casa hermandad de la Soledad de Mena. A las 18:00 h. asomaba la última dolorosa coronada canónicamente de Málaga. A esas horas, una la suave brisa que había aparecido a primeras horas de la tarde desaparecía. Un sol de justicia durante toda la jornada provocó que la gente buscase rápidamente lugares con sombra.

Después de la Soledad de Mena, salió la Virgen de los Dolores, del Puente. Con unas rosas en tonos azulados en homenaje a la patrona se encaminaba hacia el puente de la Esperanza, mientras que Zamarrilla y la Trinidad buscaban el de la Aurora. Tras la Virgen de los Dolores asomaba la Reina del Perchel, que hacía un saludo ante la Virgen de la Esperanza, que aguardaba en el interior de su basílica esperando su salida. Se cerraban las puertas del templo y las vallas comenzaban a colocarse. A la hora establecida, las 19:45 h. se abrían las puertas y tres niñas repartían el característico romero que después sería pisado por los hombres de trono y que recogerían los fieles, aunque algunos se saltan esta norma no escrita para recogerlo antes de que el trono asome por el dintel del Salón de Tronos. Aplausos para recibir a María Santísima de la Esperanza que, a medida que se aproximaba al puente que lleva su nombre, el sol  iluminaba la parte trasera del trono más grande de la Semana Santa de Málaga, portado por 264 hombres de trono.

Tras ella, la elegancia de María Santísima de los Dolores, de la Expiración. El bullicio de la Esperanza y detrás el trono con la primera de las dolorosas malagueñas coronadas canónicamente. Nuevamente aparecía una brisa que hacía más llevadera la tarde. La imagen, que se reencontraba con los vecinos a las 19:30 h. cumplía su horario a rajatabla, acudiendo al centro de la ciudad tras la dolorosa del Jueves Santo con un exorno floral compuesto por rosas cool water color gris pálido, rosas véndela y de pitiminí color champán, calas, brnia, eryingium, algodones y rusco tintado en color plata.

En cuanto a Santa María de la Victoria, la imagen se encontraba aproximándose a la seo, sobre su característico trono, para después ser rápidamente depositada sobre la carroza del Corpus. Marcaba el reloj las 20:47 cuando Santa María de la Victoria asomaba por la puerta central de la fachada principal del templo catedralicio. La medalla de los canónigos del cabildo catedralicio volvió a lucirla, entregada este mismo día, pero que no acompañó a la imagen durante la procesión por si causaba daños a la talla. La Virgen se situó además sobre una peana cedida por la hermandad del Monte Calvario. El sol comenzaba a despedirse de la ciudad mientras iluminaba el palio que cobijaba a la madre de los malacitanos. Tras una breve lectura sobre la imagen, que presidía un efímero altar, se recordaba el 75 aniversario de su coronación canónica y los 150 años desde que fue declarada patrona de Málaga. A continuación, la coral de Estepona.

Las imágenes llegaban a la plaza del Obispo. La Soledad de Mena entró a los sones del “Ave María” de Caccini, interpretado por Raúl Bonilla, Samuel Guarino y Claudia Teruel. Antes, se leyó el pasaje de la Anunciación. Se marchaba la última de las dolorosas coronadas y ya se divisaba Nuestra Señora de los Dolores del Puente en su característico trono de estilo antequerano con la novedad de la gloria del palio, ejecutada por Orfebrería Sanlúcar bajo diseño del pintor José Antonio Jiménez Muñoz. Actuación de la coral, que se situaba en el atrio, lectura del Evangelio, rezo de las peticiones y la voz de una soprano para recibir a esta dolorosa del Lunes Santo, guion establecido que siguieron las nueve hermandades que pasaron ante la fachada principal de la catedral, intercambiando esta última parte con voces de más sopranos y un tenor. Al término, las bandas de música continuaban con su repertorio, comenzando el retorno a sus sedes. La noche asomaba y las candelerías de los tronos aparecían completamente encendidas ante la ausencia de viento mientras se interpretaba “Quia Respexit”, de Bach.

Con el manto cedido por la hermandad de la Pollinica de Archidona y bajo el palio de María Santísima Reina de los Cielos asomaba la Virgen del Carmen. La coral interpretaba la “Salve Marinera”, de Oudrid. Una de las estampas más inéditas, la de la Reina del Perchel bajo palio en un horario que nada tiene que ver con el que realiza su anual salida procesional y con ráfaga. Se marchaba con “Coronación de la Virgen del Carmen”, dedicada a la imagen para su coronación, compuesta por Eloy García.

La Novia de Málaga accedía al epicentro de la celebración. Era el turno de María Santísima del Rocío cuando el reloj marcaba las 22:10 h. Precisamente a esa hora tendría que estar llegando María Auxiliadora, por lo que se acumulaba un retraso de quince minutos. Sonaba el “Ave María”, de J. Arcadelt. María Auxiliadora, la segunda imagen coronada canónicamente en Andalucía tras la Virgen de los Reyes, llegaba después. Esta devoción, introducida por los salesianos a finales del siglo XIX, fue coronada en 1907, convirtiéndose además en la primera imagen coronada bajo esta advocación en España. El centro era un hervidero, ya que todas las imágenes se encontraban en el casco histórico, lo que hacía que la multitud de agolpase en las calles próximas al templo catedralicio.

A lo lejos se aproximaba María Santísima de la Amargura, de Zamarrilla, imagen coronada en 2003. Estrenaba rostrillo y broche, donado por una hermana de la corporación. En la plaza de la Aduana no cabía un alfiler para ver a María Santísima de la Esperanza, con un público que estallaba en aplausos ante una de las grandes devociones de la capital. Precisamente la Banda de Música de la Esperanza interpretó a lo largo del recorrido marchas dedicadas a cada una de las imágenes marianas coronadas. D. Jesús Catalá Ibáñez, obispo de la diócesis tomaba la palabra tras la lectura del Evangelio. Después, peticiones y el sonido de la Banda de Música de Zamarrilla anunciaban la llegada de la dolorosa. Se paraba el trono antes de acercarse a la plaza del Obispo. Comenzaba a sonar el órgano y “Vergin tutto amor”, de Durante, y la dolorosa se mecía suavemente hasta quedar detenida a la altura de la patrona.

Vestida por Curro Claros, la dolorosa de la archicofradía de la Expiración llegaba a la plaza de la Aduana. Llamaba la atención que el exorno no estuviera compuesto por claveles rosas, como suele llevar cada Miércoles Santo. Entre las joyas, la medalla de la patrona ceñida a la cintura sobre el lazo rojo. Y en la plaza del Obispo, la música de la Banda Sinfónica de la Trinidad anunciaba la llegada de la titular mariana del Cautivo. Candelería totalmente encendida para una imagen que recorrerá las calles de su feligresía en diciembre, con motivo del cincuentenario de su bendición. Con el “Ave María”, de Pietro Mascagni, la dolorosa llegaba ante Santa María de la Victoria.

Para recibir a María Santísima de la Esperanza, que estrenó un broche diseñado por Eloy Téllez, se escogió un fragmento del Apocalipsis. Por Molina Larios se acercaba la dolorosa del Jueves Santo, vestida por Leiva, bajo el palio antiguo, que dejó de usarse a principios de la década pasada. Un exorno compuesto por flores blancas, donde destacaban azucenas, peonias, rosas, claveles y jacintos que se tornaban en tomos amarillos a la luz de las velas. “Oh Sanctissima”, de Beethoven, para la penúltima de las imágenes coronadas que se postraba ante la patrona. La Virgen abandonaba la plaza del Obispo con el himno de su coronación cuando daban las 12:00 h. El coro de San Estanislao cantaba “Salve María”, de Frisina y la última de las imágenes, la dolorosa de la Expiración, llegaba sublime a los sones de “Cujus animam”, de Rosinni. Al final, tres cuartos de hora de retraso que no impidieron que la jornada brillara con luz propia. Tras el rezo de la oración a Santa María de la Victoria, el obispo agradeció a la Agrupación de Cofradías la organización y su esfuerzo en este día. Con la bendición, el canto del himno y la posterior entrada de la patrona en la catedral terminaba este acto. El repique de las campanas anunciaba el final de la celebración. Las banderolas de la patrona quedaban en la fachada como testigo de un acontecimiento histórico.

Pasaban las doce y media de la noche y la Virgen de los Dolores del Puente ya se encontraba en el interior de Santo Domingo. En su casa hermandad también se había recogido ya la Soledad de Mena. Rocío y el Carmen llegaban sus respectivos barrios, iluminando el cielo fuegos artificiales. En el barrio de la Trinidad se aproximaban la Amargura y la Trinidad, que se saludarían frente a frente. Las últimas en entrar en sus sedes fueron la Esperanza y Dolores de la Expiración, quienes también se encontraron. Tras pasar el puente de la Esperanza se vivió un momento único. Allí, la Virgen de los Dolores giró para mirar de frente a la Esperanza mientras sonaba el himno de la coronación de esta última, de Perfecto Artola. Flashes y móviles en alza para guardar un momento irrepetible. La dolorosa del Paso entraba en el Salón de Tronos y la Virgen de los Dolores, bien entrada la madrugada, continuó hasta su sede, poniendo un majestuoso broche de oro a una jornada inolvidable.

 

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