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Un grupo de curas «sociocomunistas» anima a votar cualquier partido menos al PP o a VOX

La relación entre gobierno e Iglesia siempre ha sido una materia compleja y cambiante en la sociedad española, algo que ha afectado de sobremanera al modo en el que los ciudadanos desarrollan su vida. Hubo una época en la que, pucherazos aparte, había sacerdotes que hacían las veces de caciques para instar a votar al analfabeto populacho a lo que convenía.

Algo parecido parece que pretende el Foro de Curas de Madrid, un grupo de varias decenas de sacerdotes de clara ideología de izquierda, que ha emitido un comunicado en el que expone una serie de conclusiones, por llamarlo de algún modo, de cara a las elecciones que están por celebrarse en la Comunidad de Madrid.

Lo más llamativo del mismo es que se pide por parte de estos presbíteros el voto para cualquier fuerza política que no sea el PP o VOX. De ello se desprende que, en cambio, se anima a votar a partidos que, por ejemplo, incitan al odio contra la propia Iglesia señalándola de ocultar y amparar violaciones por sistema, o expropiaciones de bienes de la Iglesia, o ataques a la educación concertada, o apoyan aspectos tan contrarios a la doctrina católica como la eutanasia o el aborto.

El Foro de Curas de Madrid afirma sentir una «profunda preocupación por cuál acabe siendo el resultado de las elecciones convocadas en la Comunidad de Madrid». Señala, además, a Díaz Ayuso como alguien que ha mostrado que su «liberalismo político era más radical que el de sus antecesores y antecesoras en el cargo. Se vio, también, enseguida que desde la presidencia de la Comunidad iba a ejercer de jefa de la oposición al gobierno de coalición del PSOE y de Unidas Podemos».

Se posiciona además este grupo de sacerdotes claramente de parte de un gobierno que ha mostrado ser negligente e incapaz por activa y por pasiva, expresando que «durante esta grave crisis sanitaria el ambiente político nacional y en especial el de la Comunidad de Madrid se ha crispado hasta alcanzar cotas muy elevadas. Y, como consecuencia de esta crispación, ha crecido la agresividad hacia el oponente político. VOX llega a describirlo como un “enemigo de España”, al que hay que expulsar del tablero de juego. De este modo, cuando la pandemia exigía unir fuerzas para combatirla, desde el PP nacional, desde el PP de la Comunidad de Madrid y desde VOX se ha arremetido contra prácticamente todas las decisiones que tomaba el Gobierno, fueran las que fueran».

Todo ello para alzarse como supuestos representantes de la postura de la Iglesia y «procurar que la sociedad, en general, y nuestra Comunidad, en concreto, tengan una legislación y un gobierno que defiendan y protejan los intereses de las personas más necesitadas, que viven o transitan dentro de sus límites territoriales.» Concluyendo que, «aunque el PP y VOX tiendan a presentarse como quienes mejor defienden los intereses de la Iglesia Católica, y aunque haya católicos que así lo crean, en lo relativo a algo tan fundamental como es tender la mano a “los cansados y agobiados” no creemos que puedan ser tenidos como modelo.«

Afirmando que la posibilidad de que gobiernen ambos partidos -PP y VOX-, algo que califican como «un riesgo«, hacen «un llamamiento a los electores y electoras de la Comunidad de Madrid, particularmente a quienes nos decimos seguidores de Jesús, para que el próximo día 4 de mayo nuestro voto no contribuya a que el riesgo de que en nuestra Comunidad los más desvalidos sufran mayor desamparo se convierta en un hecho real. Además del PP y VOX, existen otras fuerzas políticas en las que podemos depositar nuestra confianza y consideramos, por los motivos expuestos, que sería razonable que esa fuese la decisión de la mayoría de los votantes de nuestra Comunidad.»

Al más puro estilo caciquil, añaden que «animamos a que ningún votante se quede en casa el día cuatro de mayo, especialmente los que más perjudicados se verían si la coalición PP/VOX asume el poder. A saber, los hombres y mujeres que se encuentran o pueden encontrarse en grave situación de desamparo económico, cultural o sanitario».

La Iglesia parece hacer la vista gorda ante un problema que, de no atajarse, puede suponer un verdadero caballo de Troya. A lo largo de la historia de nuestro país, casos similares han venido sucediéndose, de modo que han apoyado a partidos o movimientos históricamente antagónicos y dañinos para la Iglesia, que cobija al enemigo no ya solo en su propia casa, sino entre los propios pastores, encargados de guiar a los fieles.

Por mucho que algunos se empeñen, y en distintos sentidos, cuando religión y política o gobierno se entremezclan, suelen empezar a fallar las cosas. Que los curas, todos, se dediquen a cuidar a la feligresía y guiarla hacia Dios y no hacia los partidos políticos a través de los votos para intereses sectarios en una dirección u otra.

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