Córdoba, Galerias

Un sábado memorable de derroche, espectacularidad y fantasía

La Hermandad de la Paz y Esperanza ha regalado al pueblo de Córdoba una nueva jornada para atesorar en la memoria colectiva de todos sus ciudadanos. Un sábado memorable, rebosante de espectacularidad, tal y como pretendían la mayor parte de los hermanos de la corporación capuchina, que han dejado constancia, desde el preciso instante en el que el primer miembro del cortejo puso sus pies en el Patio de los Naranjos, hasta que el imponente misterio se perdió de todas las miradas en las naves de su hogar capuchino, bien entrada la madrugada, cuáles son las señas de identidad de la cofradía más populosa de toda la Semana Santa de Córdoba.

Con una expectación que se masticaba por las aceras, en todo el entorno de la Santa Iglesia Catedral, el pueblo esperaba ansioso a que todo diese comienzo y se precipitasen los acontecimientos, cuando los particulares sones marciales de la Centuria Mvnda, aportando una original brillantez a la cabeza del cortejo de la cofradía del Miércoles Santo, de su singular sonido personal e intransferible, rompieron la espera para preconizar lo que estaba a punto de acontecer.

Un reducido cortejo, – cuya organización fue sencillamente inexistente en muchas partes del recorrido – mucho menos numeroso de lo esperado, considerando que hablamos de la cofradía que más nazarenos pone en la calle cada Luna de Nisan, del que ya no formaban parte los más de cien costaleros que sí lo hicieron en el traslado de ida, y en el que se daban cita varias representaciones de hermandades, amén de la presencia de miembros de la clase política local, que daba paso al esperado instante en el que el Rey de Capuchinos, entronizado en su espectacular paso de misterio y luciendo la magnífica túnica, impecablemente dispuesta, que le han ofrendado sus cirineos, aunque inexplicablemente con la luz apagada hasta superar la Puerta del Puente, ya caída la noche, ponía literalmente la calle boca abajo al compás de la extraordinaria Banda de la Salud que, en el tramo en el que ha acompañado Nuestro Padre Jesús de la Humildad y Paciencia, en esta tarde noche de gloria, ha demostrado fehacientemente que la apuesta realizada por esta magnífica formación musical cordobesa, por parte de la Junta de Gobierno que preside Enrique Aguilar, es un acierto incuestionable. Con un repertorio perfectamente escogido para acompañar a las siempre fastuosas coreografías desarrolladas por la cuadrilla que porta sobre sus hombros al «misterio del caballo», como popularmente se conoce a uno de los pasos más significativos de toda la Córdoba Cofrade, la Banda del Naranjo demostró, sin ningún género de dudas, que estamos ante una de las mejores bandas en su estilo de todo el actual panorama de la música procesional.

Una presencia largamente esperada que por fin se ha materializado en este inolvidable sábado de otoño y que dio paso, a partir de la Plaza del Potro, tras uno de los momentos más emotivos de la jornada, las marchas compartidas entre ambas formaciones musicales a lo largo de la calle Lineros, a la que pasa por ser la banda de referencia en este preciso estilo, cúspide alcanzada en los últimos años de manera incuestionable y que, curiosamente, comenzó a fraguarse detrás de Nuestro Padre Jesús de la Humildad y Paciencia en el inolvidable en Vía Crucis Magno de 2013. Este sábado Rosario de Cádiz ha vuelto a dejar el listón donde acostumbra, en niveles inalcanzables para el resto de bandas. Desde la primera nota hasta la última, su música ha sido un lujo indescriptible, un deleite y un escándalo. Una auténtica barbaridad en perfecta simbiosis con la espectacularidad inigualable de la cuadrilla costalera que dirige Vicente Mengual que ha deparado múltiples escenas que serán repetidas una y otra vez en los reproductores de miles de cofrades durante años.

Era de esperar que un recorrido tan exageradamente largo, incomprensible incluso, fuese propicio para que se multiplicasen, casi hasta el infinito, escenas cargadas de sentimiento trufadas con instantes en los que la emoción se ha sentido a flor de piel. Y así ha ocurrido. El paso por enclaves como Puerta Nueva, San Lorenzo, San Andrés – donde un pequeño incidente, sin mayor trascendencia, ha obligado a tres sanitarios a acudir corriendo, habida cuenta de que la ambulancia no podía acceder por encontrarse transitando el paso y posteriormente ha provocado que banda e incluso paso se echasen a un lado para que pudiera pasar la ambulancia – o Santa Marina – lugar en el que la Hermandad del Resucitado ha realizado una ofrenda floral al Señor -, se han vivido de manera muy especial para todos los afortunados que han tenido la oportunidad de reflejarse en la humilde mirada del Hijo de Dios. Especialmente significativo ha sido el paso por el hogar del inolvidable Juan Martínez Cerrillo, de cuya gubia nació el Humilde Rey de los Cielos hace tres cuartos de siglo, y cuyo nieto formaba parte del cortejo en el traslado de ida, haciendo gala de esa humildad que nació de la creatividad de su abuelo, como un hermano más. Allí, una gran pancarta con la imagen de Nuestro Padre Jesús de la Humildad y Paciencia y Nuestra Señora de la Paz y Esperanza y una espectacular petalada recibieron la llegada del Rey de Capuchinos, que abandonó el significativo enclave con una levantá a la música que enardeció al respetable.

La noche continuó avanzando, sumando recuerdos para atesorar en la memoria, como la levantá dedicada al Capataz que creó esta cuadrilla, Juan Berrocal, en Isabel la Católica, hasta que la apoteosis estalló en todo su esplendor, como era de esperar, al llegar a los Jardines de La Merced, a altas horas de la madrugada, donde los corazones se detuvieron y los miles de cordobeses que esperaban la llegada del Señor contuvieron la respiración hasta que todo explotó en un derroche de espectacularidad y fantasía, envuelto en miles de aplausos, que convirtieron la oscuridad de la madrugada de otoño en una inusitada luminosidad y un atronador retumbar infinito de aclamaciones y ovaciones que supuso el broche de oro para una jornada que jamás olvidarán los hermanos de la cofradía de La Paz y Esperanza.