El Capirote, Sevilla, 💙 Opinión

Un silencio que hiere

El pasado martes escuchaba unas palabras de Jesús Lozano, gestor cultural y hermano de La O que vino a manifestar que Isabel II no hizo nada por la ciudad de Sevilla. Quizá sería interesante que se acercase al Hospital de la Caridad y preguntase por qué la reina es la única hermana admitida en una hermandad que viene realizando una labor encomiable o que lea la entrevista que hace años se le realizó a Sergio Raya.

La anécdota sirvió para preguntarme por la actuación de las hermandades con relación a la monarquía. Con el asunto de la eutanasia el Consejo mostró su posición —antes lo hizo el Gran Poder— pero, ¿para cuándo su apoyo a la monarquía? Lo hizo el Real Círculo de Labradores, el Real Club de Andalucía y en el balcón principal de la Real Maestranza la institución colocó un cartel donde muestran su apoyo a Felipe VI.

La hermandad de la Corona mostró públicamente su apoyo y muy cerca de aquí la de Valme hizo lo propio mediante una carta que envió a Casa Real su hermano mayor. Mientras tanto, en la capital hay un mutismo que no se entiende y que sigue estando presente en las cofradías. Siguiendo la estela de sus antecesores, a Felipe VI pudimos verlo en la Campana en 2015 en Semana Santa. Más de cuarenta y cinco hermandades penitenciales tienen el título de real y parece que ninguna de ellas recuerda los años de estabilidad que la monarquía ha dado desde que comenzase el reinado de Juan Carlos I. Más de cuarenta años donde la Corona ha tenido un papel decisivo, como en el intento de golpe de estado del 23 de febrero de 1981.

Tampoco parecen tener en cuenta el interés mostrado por Felipe VI la pasada Semana Santa cuando se puso en contacto con Paco Vélez, presidente del Consejo para conocer cómo estaban viviendo las hermandades los difíciles días en medio de la crisis sanitaria. Y menos aun recuerdan los estrechos lazos entre las hermandades y la Corona. Ahora, cuando podría estrecharse aun más la relación entre la realeza y nuestras cofradías, estas agachan las orejas y deciden guardar silencio.

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