Quien tiene un amigo, tiene un tesoro. Así reza el refranero español. Y quién tiene la suerte de tener a Miguel Ángel Bejarano de amigo, bien lo sabe.
Hombre de la Virgen. Almonteño sano que lleva a gala sentirse hijo de la Madre de Dios, Aquélla que habita en las marismas de Huelva. Hombre que es to’de Dios, menos los zapatos, como se suele decir.
Orgulloso de sus genes, de sus tradiciones, de su fe, expande la devoción a la Virgen del Rocío por donde quiera que va. Y por esa forma de ser, ha regalado una medalla de oro de la Hermandad Matriz de Almonte al Círculo Cultural Rociero Pino-Montano y otra al Simpecado de la filial de Sevilla Sur, con quién Miguel Ángel hace el camino en la Romería, llevando un poquito del sentimiento almonteño hasta este rincón sevillano.






