Andalucía

Una Magna para la eternidad gaditana: el Perdón y Virgen de los Reyes

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Cádiz vivió una jornada tremendamente histórica el pasado 17 de septiembre con motivo de la procesión Magna celebrada en la ciudad por el 300 aniversario de la colocación de la primera piedra de la Catedral de Cádiz. La ciudad puso su nombre a la altura que merece en el olimpo de las Semanas Santas de Andalucía, con una imaginería excepcional, un personalísimo estilo de carga y de andar, y unos enclaves por los que transitan las hermandades, que convierten cualquier chicotá en un auténtico sueño hecho realidad. Por ello, nos proponemos desde este portal rescatar algunos momentos vividos en la antigua Gades en tan importante acontecimiento, que bien podría ser un punto de inflexión en lo que se refiere al prestigio repercusión de su Semana Santa.

Uno de los grandes misterios de la antigua Gades, el del Perdón, destacó de sobremanera en tan histórico acontecimiento. La corporación de Santa Cruz viene a representar, con gran dramatismo, el calvario de Jesús clavado en la cruz, escoltado por los dos ladrones la Magdalena, San Juan, y en esta extraordinaria ocasión, acompañado por la Virgen del Rosario y un soldado romano que pertenecía a la Hermandad de la Sentencia. Todo ello, coronado por una de las mejores obras del insigne imaginero sanroqueño Luis Ortega Brú.

Estuvo acompañado por la A.M. Virgen de los Reyes de Sevilla, en un binomio que estuvo a la altura de lo que se esperaba, que era mucho, brindando momentos que quedarán grabados a fuego para la historia de la Cádiz cofrade en general y de la cofradía en particular, fruto del gran nivel exhibido por la banda hispalense, por la perfecta armonía de determinadas marchas de su repertorio con la idiosincrasia del misterio, y del característico y gaditanísimo andar del paso. Sobresalió especialmente la recogía de la corporación en Santa Cruz, donde sonaron las marchas «Perdona a tu Pueblo», popular «Padre Nuestro», de Pascual González, «Al Rey de los Reyes», de Javier Cebrero, «Vida», de Alejandro Blanco y «A la Gloria», de Miguel Ángel Font, terminando con la interpretación del Himno Nacional.

De todas estas maravillosas obras, a nadie puede dejar indiferente esos acordes absolutamente celestiales de la marcha «Vida«, que, pese a contrastar con el momento evangélico representado, tan próximo a la muerte de Jesús, vino a ser la banda sonora perfecta para el arrebatador misterio que se reflejaba en la subida hacia su templo, haciendo brotar los emocionados aplausos de los asistentes. Vino a poner la guinda a una salida procesional de ensueño, revestida de historia, en el que Cádiz y Sevilla se dieron la mano, una vez más, a través del pentagrama, dejando atrás los piques tan históricos como absurdos entre dos tierras que dotan de un encanto muy especial a la Andalucía que todos conocemos y que tan fácil cautiva a todo aquel que la pisa.