Una mañana para paliar la Soledad

Ella volvió a recorrer las calles del barrio que tanto la ama, esta luminosa mañana de septiembre, para endulzar con el eterno de sus pupilas la árida Soledad que condena a quienes no encuentran el camino de la verdad, mientras Córdoba contenía la respiración ante la belleza que se precipitaba por sus rincones.

La Virgen de la Soledad, la maravillosa dolorosa del maestro Álvarez Duarte, repartió sus dones a cada paso de su pausado y elegante caminar y el mundo entero quiso acogerla entre sus brazos para calmar su dolor inabarcable, recorriendo rincones inigualables como las calles Ronquillo Briceño, Claustro, Tinte o Barrionuevo.

Entre al amor sincero de quienes quisieron acompañar su mirada, la Virgen retornó de nuevo a su hogar por las Siete Revueltas envolviendo el aire de su dulzura infinita. Nuestro compañero Antonio Poyato, acudió a su llamada para ser fiel testigo de un acontecimiento irrepetible, porque irrepetible es cada ocasión en la que la Madre de Dios visita las casas de sus hijos.