Una multicolor alabanza a la Madre de Dios

Sometida a un intenso calor estival que parece no querer abandonar los rincones de la ciudad de San Rafael, la tarde de domingo ha estallado en una multicolor alabanza a la Madre de Dios. Una alabanza potenciada por un intenso aroma de flores e incienso, que se ha multiplicado con fruición por distintos rincones de la Córdoba Cofrade. Y es la ciudad continúa inmersa en una perenne ensoñación en forma de procesión que trufa con una densidad inusitada el calendario de este prolífico Tiempo de Glorias.

Derramando alegría, la Reina del Mercado Sánchez Peña ha conquistado a sus fieles por las inmediaciones del barrio de San Pedro. Precedida por un considerable cortejo, en el que destacaba la presencia de algunas de las hermandades del barrio y sus aledaños, y acompañada con brillantez por la Agrupación Musical Ecijana, una formación musical de una elevadísima calidad evidenciada en cada una de sus intervenciones y que jamás defrauda, la Virgen derramó su magia, entronizada en su tradicional baldaquino, regalando al numeroso público asistente un rosario de múltiples imágenes para atesorar en la memoria.

Especialmente emotivo e intenso fue el paso de la imagen letífica por la calle escultor Juan de Mesa y a su paso por la Basílica de San Pedro a la que llego a sones de la marcha «Rocío» de Manuel Ruíz Vidriet, a la que siguió «Aniversario macareno», con la que la Virgen se plantó a las mismas puertas del templo en el que descansan los restos de los Santos Mártires de Córdoba. Al término de la visita, el paso realizó un giro de 360 grados para despedirse de la Basílica y continuar su peregrinar por las calles de un barrio que esperaba anhelante la llegada de la Virgen del Socorro.

Poco más de media hora después el tiempo pareció detenerse en el corazón mismo del barrio de Capuchinos, por obra y gracia del Redil Eucarístico de la Divina Pastora de Almas, que después de una década, y gracias a la intervención indiscutible de Fray Ricardo de Córdoba, volvía a derramar la esencia de esta centenaria devoción mariana por las calles de un barrio por el que no parecía haber pasado el tiempo. Con alegría contenida paso firme, elegancia y distinción, la cuadrilla dirigida por David Arce paseó a la Divina Pastora camino del convento de las Capuchinas donde las religiosas esperaban con ansiedad la visita de la Madre de Dios. Acompañada por el siempre impecable repertorio de la banda de María Santísima de la Esperanza, un auténtico lujo para los paladares más exquisitos, la Divina Pastora demostró a la Córdoba cofrade que ha vuelto para quedarse, para perpetuar su presencia bajo el cielo azul de la ciudad que la esperaba desde hace 10 años. 

Celestial sobre su paso magníficamente exornado, la Virgen ha estrenado un sombrero realizado con una magnífica malla y pasamanería en oro, complementado por una colección de flores de talco en plata del siglo XVIII, un juego de pedrería compuesto por perlas finas y corales. Además ha lucido un juego de pendientes antiguos realizados en plata de ley, que han sido restaurados para esta ocasión. Finalmente, el cortejo ha estrenado la manguilla de la Cruz conventual, realizada sobre brocado valenciano y pasamanería antigua en oro.

Dos barrios con un inconfundible sabor cofrade que se han volcado este domingo con la Virgen María, representadas en dos advocaciones sobre las que descansa buena parte de la religiosidad popular de una ciudad que se empecina en preservar sus tradiciones por obra y gracia de sus más íntimas devociones. Un loable empeño que tiene por objetivo que se transmitan de generación en generación y jamás se diluyan.