La reciente reforma integral de la Immaculate Conception Church de Omaha, templo confiado a la Fraternidad Sacerdotal de San Pedro (FSSP), alcanza su punto culminante con la incorporación de una nueva imagen de Nuestra Señora de los Dolores, esculpida por el artista Juan Alberto Pérez Rojas. La pieza, concebida como dolorosa de candelero para vestir, destaca por su realismo anatómico, la serenidad de su composición y la intensidad emocional que transmite.
Esta creación supone un punto de inflexión dentro de la trayectoria del escultor, quien ha explorado en ella un modelo mariano distinto a los habituales en su producción. La imagen sorprende por la pureza de sus líneas y por la perfección de un rostro de gran equilibrio formal. El óvalo facial, amplio y armónico, se afirma con fuerza en la zona de la mandíbula y el mentón, lo que confiere al conjunto una poderosa presencia. A pesar de la simetría de sus facciones, Pérez Rojas introduce leves asimetrías que otorgan movimiento y veracidad al gesto de dolor.
La mirada, elevada y cargada de dramatismo, se acompaña de cinco lágrimas de cristal —tres en una mejilla y dos en la otra— que resbalan por un rostro enmarcado por cabello y orejas talladas, algo inusual en la obra del autor. Este detalle, junto con el tratamiento de las cuencas orbitales y la expresión de los párpados, transmite la sensación de un llanto incontenible.
La boca entreabierta, donde se aprecian con precisión los dientes y la lengua, intensifica la naturalidad del gesto. Las comisuras ligeramente caídas refuerzan la sensación de lamento silencioso, mientras que el entrecejo fruncido concentra el peso del dolor. Los ojos de cristal aportan un realismo vívido, en sintonía con la estudiada anatomía de la nariz —de base sólida y punta afinada— y los surcos nasogenianos marcados, que acentúan la impresión de sufrimiento.
El escultor ha cuidado con detalle la transición hacia el cuello, donde la tensión de los músculos esternocleidomastoideos revela la carga emocional que soporta la figura. Las manos abiertas completan la composición: la izquierda, apoyada sobre el pecho, sostiene una espada de plata que remite al pasaje evangélico de la presentación de Jesús en el templo (Lc 2, 34-35), cuando el anciano Simeón anuncia a María: “Y a ti, una espada te atravesará el alma”. La derecha, extendida hacia adelante, aporta dinamismo y dramatismo, evocando las representaciones devocionales de la iconografía servita difundida entre los siglos XVII y XVIII.
La policromía, de matiz nacarado, mantiene la sobriedad característica del autor. Tonos rosados en párpados y mejillas, labios carmesí y cejas finamente delineadas completan la armonía del conjunto. Esta sutil gama cromática acentúa el carácter doliente de la imagen y pone de relieve el minucioso trabajo de modelado que define la obra.
Con esta escultura, Pérez Rojas logra conjugar equilibrio formal, profundidad espiritual y un realismo contenido que invita a la contemplación. La nueva Nuestra Señora de los Dolores no solo enriquece el patrimonio artístico de la iglesia de Omaha, sino que se erige en un testimonio de la permanente búsqueda de belleza y fe en el arte sacro contemporáneo.

















