Una procesión de la Fuensanta llena de protagonistas

Nuestra Señora de la Fuensanta realiza su salida desde la Catedral a su Santuario

Una procesión expresa, desde cada uno de sus prismas, el reflejo mismo de la existencia, de la vida. Con su carácter efímero (el mejor de los símiles), el tiempo de espera hasta su llegada ya supone un indicio de la comparación con nuestros propios anhelos y el camino que recorremos para alanzarlos.

La de la Virgen de la Fuensanta, Patrona de Córdoba y de sus cofradías, es una procesión ganada al tiempo, en un pulso firme por conquistar el espacio que merece la que debe ser una salida señera. Y, ahí, aparece uno de sus protagonistas, Juan Villalba. El que fuera (en dos etapas) presidente de la Agrupación de Cofradías fue uno de los principales valedores para que la Virgen fuera coronada, primero, y saliera en procesión por su barrio, años después.

Pero no fue el único de los protagonistas, ya que la procesión ganó en prestancia cuando en los mandatos de Gómez Sanmiguel se la llevó a la Catedral, como este sábado, para que fuera triunfal desde el templo mayor hasta su Santuario. Para ello se cuidaron los detalles y, el primero, fue dotar a la Patrona de una de las mejores bandas, la del Maestro Tejera, que aun sigue poniendo sus delicados sones a los pies de la Virgen.

También se quiso dotarla de un paso a la altura de la importancia de la imagen y fue donde entró el Cabildo Catedral. A la par que se decidió que, cada año, fuese un capataz distinto el que la guiará por el corazón de la ciudad hasta el de su barrio. Y este año fue Manuel Orozco el encargado de tal responsabilidad.

Orozco fue sus pies hace 30 años, en el traslado de ida para la coronación de la mano de Rafael Muñoz Serrano; 20 años más tarde auxilió a su hijo, Rafael Muñoz Cruz, cuando este fue el capataz de la Patrona en el 20 aniversario de su coronación y, este sábado, fue él quien hizo lo propio e invitó a Muñoz Cruz a acompañarlo en un gesto tan emotivo como generoso con su maestro.

Protagonistas efímeros, a los que se recuerda en crónicas como esta y a los que no se nombran y pueblan las aceras para rezarle o lo hacen bajo el paso, en el zanco izquierdo de la delantera, no para sumar un paso más a sus espaldas, sino para continuar escribiendo una historia devocional a Dios y a su Madre, como hicieron Antonio Pontes y tantos otros que pasaron por esas trabajaderas.

También hubo protagonismo para la nueva junta de gobierno de la Agrupación. Medido, no pretendido, pero al fin y al cabo ellos -capitaneados por Manuel Murillo- son los encargados de preservar que la procesión de la Fuensanta no decaiga y entregar ese tesoro de la ciudad, en el futuro, a quienes los releven.

La Fuensanta ya espera a su día en el Santuario. Cuando el Obispo le rinda honores y las campanitas suenen en su honor de la mano de esos niños que, puede, la acompañen con el paso de los años. Y hagan bueno eso de que una procesión expresa, desde cada uno de sus prismas, el reflejo mismo de la existencia, de la vida.