Victimismo, caída en desgracia y resurgir: una historia de bandas

La caída en desgracia lleva al victimismo de los perjudicados, aunque eso no sea del todo así

No se suele decir, al menos abiertamente, que una banda (de las que están a un supuesto primer nivel) sea buena o mala. Más allá de lo políticamente correcto, la realidad es que las formaciones musicales atraviesan por momentos álgidos y por baches, algo que sucede en todas aunque a unas se les note más que a otras.

Los motivos son diversos, si bien, el principal suele estribar en una dirección musical obsoleta, y, derivado a veces de ello, en la salid de músicos. Cuando un grueso se marcha -si el número es importante- se puede “recuperar” parte del mismo de otra/as formaciones, pero hay una labor de reinicio, que requiere tiempo y años de ensayo.

Motivos

A eso hay que sumar el cambio de responsables en la elección y selección de marchas. Y es que, por muy definido que sea el estilo, la evolución de la música procesional es algo evidente desde que las redes sociales la potenciaron y comenzaron a salir (como champiñones en una alpaca) críticos musicales que con dos minutos de YouTube o una sola revirá ya dan el calibre de la banda en cuestión.

Osado, pero cierto. Tanto como decir que una de las mejores marchas de los últimos tiempos de una famosa agrupación musical de la capital hispalense deja mal a la banda, porque su interpretación más reproducida fue el año del estreno de la pieza y aquello no sonó a rumor de ángeles precisamente.

Ese es el apartado de la moda, donde la caída en desgracia lleva al victimismo de los perjudicados, aunque eso no sea del todo así. Y es que salir de una hermandad, por más emotiva que se ponga la banda de turno es algo natural, habitual y no dejará de suceder. Cuando el sustituto viene de fuera de Sevilla la excusa ya está puesta, lo malo llega cuando es de la casa.

Labor «callada»

En ese instante es cuando empieza el trabajo de los miembros de la banda, dedicados a difundir la información corporativa, que se realiza tanto en redes como en programas, como de una forma mucho más anónima. Un buen gabinete asegura que, aunque dentro de tres años estés igual en lo musical -o un poco peor- habrás resurgido y todo será pasado y golpes de tuits y vídeos de autoconsumo, autobombo y todos los calificativos que se quieran, porque vuelven a haberse firmado contratos.

Entre tanto, en esta historia de bandas falta la guinda del pastel, las que abren plazo para buscar músicos (alguno ya estaba “fichado”) con la sempiterna excusa de ir renovando, aunque el motivo de fondo sea el decreciente número de componentes. Todo el ‘mundillo’ las sabe y juega con suposiciones que son certezas. Así que la prueba del algodón esrá en contar si en las actuaciones hay “refuerzos” y hasta dónde llega el número de los mismos.