Vídeo | La Magna hace justicia con un gran capataz
Hay nombres que son mucho más que un nombre. Forman parte del mito y solo mencionarlo es icónico si se pronuncian con el respeto debido.
Y uno de ellos es el de Juan Berrocal, el capataz de Humildad (y de tantas otras cofradías como el Buen Suceso, por ejemplo) y del Resucitado. En esta última cofradía, Berrocal (como Morante en Las Ventas) se retiró de los martillos, dejando un legado que es parte de la mejor historia del costal de Córdoba.
Él fue el único que debatió a Curro el trono de los martillos y, de no ser por alguna circunstancia que no viene al caso, probablemente el cetro hubiera sido suyo, si es que no lo fue en algún momento.
La sola voz del capataz, como decía otro de su gremio, imponía respeto. Y lo sigue haciendo, aunque ahora el paso del Resucitado lo mande, como aprendió de su padre, su hijo Juan Luis con gran maestría.
Y en esta vuelta de la Magna, el hijo ha cedido el llamador al padre, para que sus costaleros escucharan la voz del hombre que los hizo grandes y que tantas veces nos hizo vibrar y llevar la emoción y el escalofrío al borde mismo de las pupilas.
Juan ha llamado a sus hombres y el paso se ha erguido en la noche cordobesa con un aura flamígera. Entonces, como cuando éramos niños, han irrumpido los sones de Santa María Magdalena de Arahal y el embrujo ha convertido a Córdoba en el sortilegio de las cofradías. No hay nada más grande que ellas y solo se les igualan aquellos hombres que nos dieron una meta a la que llegar.





