Córdoba, El Cirineo, El Rincón de la Memoria, España, Opinión, Sevilla

18 de julio

Lamentablemente, hemos llegado a una situación en la que es suficiente con darse una vuelta por las redes sociales para darse cuenta de que el daño está hecho o en el peor de los casos el trabajo perfectamente encauzado. España a punto de romperse por Cataluña – luego llegará el País Vasco – un clima social de enfrentamiento cargado de una violencia in crescendo, un odio cada vez más evidente hacia todoloquehueleaincienso, terroristas ocupando las instituciones al amparo de la equiparación entre asesinados y verdugos, la ridiculización y la negación del más elemental respeto a las víctimas perpetrada por impresentables con cargo público, una clara persecución ideológica a todo aquél que pretenda separarse un milímetro del buenismo reinante y la corrección del pensamiento único, una invasión silenciosa ante la que ningún representante político hace absolutamente nada y una sociedad cuyos valores se han ido desintegrando paulatinamente sin que nadie haya tenido los arrestos suficientes de coger el toro por los cuernos para volver a recomponer todo lo destruido y mientras, determinados políticos, o lo que sean, enfrascados en cosas tan esenciales para el bienestar de la ciudadanía como expropiar la Catedral de Córdoba o Zaragoza, o sacar a Queipo de donde a nadie daña que esté. Porque resulta extremadamente complicado creer a estas alturas que todos los pasos que se han venido dando por parte de determinado espectro político de la sociedad española han tenido un origen casual.

Es verdad que la cara visible de quien originó todo este enfrentamiento, que ha partido en dos a la sociedad española, no parece precisamente el más listo de la clase, pero también es probable que ni siquiera fuera idea de Rodríguez Zapatero – el peor presidente de la democracia española contemporánea, únicamente superado por el despreciable Azaña – aquella infame Ley de Memoria Histórica que con el paso de los años se ha convertido en una auténtica pira funeraria para la estabilidad de este país. Aquí ha existido una campaña organizada. Ya sé que la Policía Nacional, la Delegación del Gobierno y demás poderes facticos de la ciudad de Sevilla negarán está máxima y dirán que todo ha sido fruto de una ola acústica, pero la realidad es que ni aquella ni ésta se la cree ni el que asó la manteca.

El mito de las dos Españas ha resucitado, con toda la crudeza, la ira y la violencia del mundo, tirando por la borda el trabajo, el esfuerzo, la generosidad y el sacrificio de nuestros padres, los que protagonizaron aquella modélica transición que la gentuza podemita lleva unos años intentando manchar de inmundicias. Y todo ha sido por el odio indisimulado, vengativo y repugnante de los nietos y bisnietos de quienes perdieron una guerra que comenzó, no con el golpe de Estado de 1936 – por más que mientan, repetir una mentira hasta la saciedad no la convierte en realidad – sino en el golpe de Estado de 1931. Aquél en el que destruyeron un sistema político legítimo, con todos sus defectos, como todos, por otro – ilegítimo porque no llegó de manera democrática, sino a resultas de una elecciones municipales que ni siquiera ganaron “las izquierdas” por una mayoría aplastante que pudiese haber justificado lo injustificable y la huida cobarde aunque comprensible de un rey acojonado que pensaba que terminaría como terminó la familia del Zar en 1917 – construido por una mitad de España contra la otra, exactamente lo mismo que pretende ahora resucitar la más repugnante estulticia social que ha parido este país que se acerca irremisiblemente al abismo de su desaparición, amparada bajo siglas centenarias que han sido prostituidas por sus propios militantes, los irresponsables que prácticamente han extinguido su coalición por un puñado de escaños – llámenlo prostitución igualmente – y por los antisistema y antidemócratas que se agrupan como una hidra de mil cabezas bajo un repugnante círculo morado lleno de odio y violencia. 

Empiezo a creer, y lo digo con desesperación, que no hay futuro más allá del enfrentamiento, no porque yo lo diga, sino porque así lo desea, evidencia y busca toda la gentuza que aplaude y jalea a violentos proterroristas que solo entienden la convivencia mediante la expulsión o extinción de aquellos a quienes odian y entre los cuales nos encontramos todos los que somos Iglesia, no lo olviden, ni siquiera aquellos que forman parte de ella y se han arrojado con una ceguera incomprensible en brazos de estos totalitarios. 

Este 18 de julio ha vuelto a ser vivido del mismo modo que viene siendo vivido en los últimos años por todos estos subhumanos. Mintiendo, tergiversando, engañando, odiando, sembrando violencia, intentando enfrentar a unos contra otros, vecinos contra vecinos, insultando, escupiendo, vociferando, ladrando… potenciando todo el odio alimentado por décadas de mentiras difundidas amplificadas y amparadas de manera organizada desde la escuela a la universidad, pasando por la prensa, la literatura, y por supuesto esa bazofia infame que algunos llaman cine español y que no es más que propaganda barata y enaltecimiento de la mentira.

Este 18 de julio, muchos han dedicado todo el tiempo del que al parecer disponen, a volver a redundar en el mismo engaño en el que llevan ahondando durante décadas, haciendo creer que la República de los años 30 fue una especie de parque temático de democracia, libertad, igualdad y defensa de los derechos sociales cuando en realidad fue un desastre de proporciones bíblicas, asesinatos por doquier incluidos, que empujó a todo un país a una guerra fratricida de la que todavía no nos hemos recuperado. Predicar que la guerra civil empezó el 18 de julio de 1936 es sencillamente mentir; empezó cinco años antes, cuando media España construyó sobre el odio más recalcitrante y la violencia más depravada un castillo de naipes que se derrumbo a medida que el pueblo fue consciente del engaño – sí, he dicho el pueblo, la gente porque, ¿no creerán realmente que aquella guerra fue de “gente” contra militares golpistas, verdad? Les considero un poco más preparados que un niño de guardería  – .

Mientras, muchos otros hemos pasado la jornada recordando todo aquello que nos fue hurtado por el odio irracional, nauseabundo y repugnante de aquellos seres infames que son ejemplo para los protagonistas del nuevo Frente Popular que ansía con todas sus fuerzas llevarnos a una nueva guerra civil para ver si ésta la ganan. Pregunten a los hermanos de San Roque, La O, los Gitanos, la Hiniesta, la Amargura, la Cena, San Bernardo, la Macarena, Montesión… a tantos y tantos cofrades de Málaga o de los cientos de pueblos de toda la geografía andaluza que perdieron obras de arte centenarias, auténticas maravillas, pero sobre todo el objeto de la devoción de muchas generaciones, cuál es su memoria histórica cada vez que la fecha 18 de julio hace acto de presencia. Pregúntenles por la herida abierta en sus corazones por la sinrazón y la ira gratuita y entonces, solo entonces respóndanse si aquello que todos estos inconscientes que se amparan bajo las siglas de partidos políticos que antaño respetaron al contrario y sobre todo estos odiadores profesionales, anti todo lo que no sean ellos, consideran el paraíso era tal o una bomba de relojería que terminó estallando por la rabia alimentada durante cuatro largos años de destrucción. Y sobre todo pregúntense si no nos estamos encaminando lenta e inexorablemente al mismo punto al que aquel odio nos empujó.

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