El viejo costal, Opinión

​Miedo al aire frío del invierno

Ya nos está echando frio por quintales el invierno, y nos golpea con una de sus heladas cada noche. Noches despejadas donde las estrellas brillan y titilan, seguro que castañeando sus dientes, dejando cristalinos sonidos que rompen la serenidad de cada mirada mía al exterior de la casa, mientras crepita el fuego en la chimenea y me siento abrazado por su calor.

Todo viene a que ya han pasado las fiestas de Navidad y Reyes, también la de fin de año, la noche vieja, cuando todas las noches son iguales, nosotros nos empeñamos en llamarle “vieja” a la que nos dará paso a la luz floreciente del primer día del año.

Hemos pasados las fiestas como mejor nos han dejado las normas, las vacunas, las pruebas esas llenas de letras y que detectan antígenos, desconozco los que significan las letras, y que son los antígenos, y así a cada uno su miedo o valor, me llaman la atención las cadenas que saltan y corren por las redes sociales, intentando por todos los medios evitar que nadie se vacune, aludiendo a no se cuantas enfermedades cardíacas, asegurando que toda persona vacunada, será persona muerta, cabrá mayor ataque al menos común de los sentidos, el sentido común.

Paseando con la cabeza perdida en este revoltijo de pensamientos, imposible cuando llegan, dejar la cabeza en punto muerto, imposible, vaciarla de una redundante idea que como un eco, se repite siempre con el mismo contenido y con menos intensidad, pero que nunca te abandona.

Recibiendo la fría caricia del aire de esta noche, que como el aire de Madrid “capaz de matar a un hombre y no apagar un candil”, con este compañero de caminata, me voy preguntando a cada paso lo que cada Hermandad tendrá que determinar lo conveniente o no conveniente de realizar, o no, los ensayos de costaleros, algunas «igualás» ya han caído. Y la curva de la gráfica de la estadística de contagios se ha transformado en una línea vertical, si, perpendicular al suelo que se eleva hasta un incierto final, difícil determinación sabiendo que esta sexta ola está golpeando con fuerza en entorno de toda nuestra vecindad, a nuestra sociedad.

Yo siempre pensé que la peor decisión de todas era la de una “Junta de Aguas”, determinar si salir o no salir, era la más difícil de las determinaciones, si se acierta y llueve, bien, todos estarán de acuerdo con lo acertado de la determinación, por el contrario si no llueve, todos estarán de acuerdo del error tan grande que han cometido todos los que forman la Junta de Aguas, y a pesar de todos los medios tecnológicos empleados, la dificultad de acertar con una determinación que la hará acertada, o no, unas gotas de caprichosa lluvia. Pero ahora es peor, la determinación de prever la imposibilidad de contagios en un ensayo, donde el patrimonio no se juega, pero si con la salud de algunos hermanos, y ahora lo que la hará acertada o no, serán unas gotas microscópicas exhaladas por alguien que pueda estar contagiado, dentro o fuera de la cuadrilla.

No quiero pensar en la responsabilidad de los que han de hacerlo, estamos en la segunda decena del mes de enero, y aún queda invierno, invierno y frio por delante, y yo me dejo abrazar por el calor de fuego, dormitando, y ruego que no fallen en su determinación los que han de tomarlas desde nuestras hermandades, que mantengan fría su cabeza y acierten de pleno, evitando que este doloroso frio solo sea capaz de apagar las velas y que nunca mate a un hombre, como el aire de Madrid.