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Sevilla, ⭐ Portada, 💚 El Rincón de la Memoria

1606, un rosario de procesiones visita al Santo Crucifijo de San Agustín

El protector de la ciudad salió en rogativas

En el siglo XVII la venerada imagen del Santo Crucifijo de San Agustín salió en numerosas ocasiones. La primera de las que se tiene constancia, en 1605, tuvo lugar el 21 de enero, un mes donde ya había tenido lugar otra procesión extraordinaria, la de la Virgen de los Reyes, el día nueve, celebrándole un novenario en su honor, con la asistencia del cardenal y los dos cabildos.

Ambas imágenes salieron en rogativas ante las sequías que padecía la ciudad. El crucificado salió a las ocho de la mañana, estando acompañado por las cofradías de Nuestra Señora de las Virtudes y San Nicolás de Tolentino. Tras estas, las comunidades del Carmen y de San Agustín, cerrando el cortejo representaciones del Consistorio. Jesús Manuel Gutiérrez recoge cómo quedó conformada la procesión:

«Primeramente las dichas cofradías con muchas luces, en seguida la del Santo Cristo en numeroso concurso, con la imagen de Nuestra Señora de Gracia y muchos caballeros con luces acompañándola; los religiosos descalzos del Carmen se presentaron con cruces al hombro, mordazas en la boca, ceniza en las cabezas, y en las manos calaveras y huesos de difuntos, lo que dio gran ejemplo y movió a la penitencia; seguían las demás religiones, como los victorios, los terceros, carmelitas calzados, mercedarios, agustinos descalzos, franciscanos descalzos, franciscanos y dominicos, continuaban las cruces parroquiales, juntamente los capellanes, curas y beneficiados de ellas, la música de la santa iglesia, religiosos de las demás órdenes, y últimamente el cabildo eclesiástico con su prelado y secular».

Las calles, adornadas para la ocasión, estaban abarrotadas de público, visitando la imagen los conventos de Madre de Dios de la Piedad y de Santa María de Jesús. Bermejo afirma que los sevillanos pedían «a voces el agua». Regresó hasta su sede canónica por la tarde, tras la solemne función celebrada en su honor en la catedral. El día 22 comenzó una solemne novena. Al frente de la misma, varias órdenes religiosas, y asistiendo el arzobispo, el obispo auxiliar y el cabildo secular.

Nueve días para la historia

El primero de los días celebró la función la comunidad del convento de San Pablo, haciendo estación de penitencia por la tarde la cofradía del Dulce Nombre de Jesús. Por su parte, al día siguiente la función fue ofrecida por los frailes de San Francisco, saliendo siete cofradías hacia el cenobio donde recibía culto el protector de la ciudad. De ellas tan solo se conoce la de la Vera Cruz, ignorándose las otras seis. Según recoge José Manuel Gutiérrez, fue tal el público que el cortejo estuvo detenido alrededor de tres horas.

Las funciones tuvieron lugar por la mañana. Al atardecer, la cofradía o cofradías residentes en el mismo convento cuya orden religiosa predicaba la novena recorrían las calles de Sevilla con destino al cenobio de San Agustín. El tercero de los días fue el turno del Carmen, siendo la Soledad hoy de San Lorenzo la cofradía que salió. Mediando la novena fueron los trinitarios calzados quienes además acompañaron a las cofradías de las Cinco Llagas y las santas Justa y Rufina, formando unidas un mismo cortejo.

La segunda parte de la novena fue el turno de la compañía de Jesús y la de Jesús Nazareno, de San Antonio Abad y el séptimo, el de los carmelitas descalzos y la cofradía de Nuestra Señora de la Palma, que llegó al convento con la imagen de San Andrés en parihuelas. Una de las más llamativas procesiones fue la del octavo día. Predicaron por la mañana los padres mercedarios unidos con los descalzos de la orden y, al atardecer, «hicieron estación unidas las cofradías de la Expiración y Pasión, acompañadas de otras dos, que no se hallan nombradas, con asistencia de la dicha comunidad y fue una de las mejores funciones». El autor destaca que llevó «la especial música que en aquel tiempo tenía». La comunidad contaba con su propia capilla de música y según apunta Historical Soundscapes pudo ser este motete el que sonara durante el recorrido. La novena concluyó el día 30 de enero, con la fiesta que celebró la comunidad agustina. Por la tarde fue la cofradía de Nuestra Señora del Rosario, de Monte-Sión, la que visitó al Santo Cristo de San Agustín.

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