Cada año el Ayuntamiento de Sevilla renueva el voto de Acción de Gracias que realiza desde 1649 ante el Cristo de San Agustín en agradecimiento por salvaguardar la ciudad de una epidemia de peste que asoló a sus habitantes, una cuestión perfectamente asociable a la triste actualidad inimaginable hace tan solo unos meses.
La devoción a este legendario crucificado se pierde en la memoria de los tiempos en una época en que ni siquiera existían las hermandades. Los primeros datos de su existencia se remontan al año 1314 según afirma El Cronista Ortiz de Zúñiga quién sitúa la imagen en un punto indeterminado en el convento de San Agustín la Orden Trinitaria.
Podemos afirmar por tanto que la devoción al Cristo de San Agustín es muy anterior a la existencia de la primera hermandad de nazarenos de Sevilla la Madre y Maestra y a la gran devoción cristifera hispalense Jesús del Gran Poder. La devoción era tal que en el año 1482 don Diego de Merlo asistente de Sevilla hizo construir un templete en cuyo centro se habilitaría una columna con una copia en mármol del Santo Crucifijo de San Agustín que ya por aquel entonces era la imagen más venerada de la ciudad.
Curiosamente, la imagen de estilo gótico y cabellos naturales se ha representado con un paño de pureza de tela, a imagen y semejanza de los crucificados de origen mexicano muy posteriores en el tiempo como el Cristo de Gracia, el popular Esparraguero de la ciudad de Córdoba.
Son muchos los milagros que a lo largo de los siglos se le atribuyeron a esta venerada imagen entre los que destaca la atribución de la extinción de la epidemia de peste que tuvo lugar en el siglo XVII de la que se deriva una terrible mortandad en la ciudad.
En agradecimiento el Ayuntamiento de Sevilla renueva desde 1649 el voto de Acción de Gracias que se celebra cada 2 de julio. Hay quienes afirman que la devoción que llego a tener el Cristo de San Agustín era muy superior a la que puedan tener las actuales devociones populares de la ciudad de Sevilla La Macarena, la Esperanza de Triana o el Gran Poder.
Las crónicas narran lo ocurrido: «Año de 1649, padeciendo esta Ciudad una gravísima peste, de la que murió mucho número de sus moradores, los dos ilustrísimos Cabildos eclesiástico y secular, pidieron a este convento de San Agustín se llevase la imagen del Santo Cristo a la Santa Iglesia, y en 2 de julio del dicho año salió con solemne procesión, acompañado de la ciudad y de todas las religiones, y con grandes clamores de todo el pueblo le llevaron a la Santa Iglesia, y a la salida de la calle Placentines el ilustrísimo Cabildo eclesiástico salió a recibir la procesión, y habiendo estado aquella tarde y noche en la santa Iglesia la santísima Imagen, el día siguiente la volvieron a su capilla, y fue nuestro Señor servido que desde el día que salió comenzó a mejorarse la peste, y al cabo del octavario totalmente se quitó, como lo certificaron los médicos, por lo que la M.N. y M.L. ciudad de Sevilla dedicó el dicho día 2 de julio, para venir perpetuamente a darle gracias por el beneficio recibido».
El Cristo de San Agustín llego a la parroquia de San Roque en 1810 a consecuencia de la desamortización del convento del que procedía, a resultas de la cual los monjes fueron expulsados de su hogar y el Santo Crucifijo donado a la parroquia de San Roque. Desde entonces el Cristo fue protagonista de diversas procesiones, en ocasiones en solitario, otras acompañado de la imagen de la Magdalena e incluso con la Virgen y San Juan a sus pies. El Miércoles Santo de 1826 procesionó acompañado por una centuria de romanos. Su salida procesional se prolongó hasta 1896.
A raíz de ahí su presencia en las calles de Sevilla no fue permanente si bien existe constancia de que la última vez que piso los adoquines de la ciudad de San Fernando fue en 1926. Sólo 10 años después El Cristo de San Agustín la gran devoción que durante siglos hábito el corazón de miles de sevillanos fue destruido por la sinrazón el 18 de julio de 1936. Desde 1944 su lugar fue ocupado por el actual Cristo de San Agustín perteneciente a la Hermandad de San Roque obra de Agustín Sánchez Cid.
La tradición volverá a reproducirse el segundo día de julio cuando a partir de las 20 horas se celebre en la iglesia de San Roque la Solemne Función votiva en honor al Santo Crucifijo de San Agustín con la asistencia de la Excelentísima corporación municipal escoltada por la Policía Local vestida de gala que renovará el mencionado voto de gratitud al venerado titular de la Corporación en una jornada en la que una vez más Sevilla volver a encontrarse con su historia.
Fuente documental: J.M. Montero de Espinosa, Antigüedades del Convento Casa Grande de San Agustín de Sevilla y noticias del Santo Crucifixo que en él se venera, Imprenta de D. Antonio Carrera y compañía, Sevilla, 1817. Reproducción del texto que contenía un letrero colocado en el convento.





