Cruz de guía, Opinión

200 o 300. Un sinfín de componentes

Una de las más arduas polémicas que está surgiendo en el seno de las redes sociales, atañe directamente a una de las más genuinas festividades de la capital hispalense.

La efeméride que conmemora el día de Nuestra Señora de los Reyes configura una de las jornadas marcadas en el calendario cofrade sevillano. Un oasis en el interior del insufrible verano que estamos viviendo, el cual volverá a contar con los sones de la formación capitalina que rinde pleitesía a tan grandiosa advocación.

Lo hará con un ingrediente más especial, aún si cabe, que no es otro que la consagración de una jornada de puertas abiertas que reúna a músicos de todos los puntos cardinales de nuestro país de cara a participar en el bando anunciador de la gloriosa procesión de la Santa Imagen y Patrona de Sevilla.

Dicho esto, tal como ustedes saben y habiéndose producido la oficialidad del asunto por parte de la formación, la A.M. Virgen de los Reyes, las reacciones no se hicieron esperar, pues la viralidad con la que fluyen las redes sociales provocaron un efecto en cadena ante una noticia que caló con gran acervo ante los aficionados a la música cofrade.

No obstante, no todo se ha vestido de un carácter positivo y ante la ferviente campaña de promoción del acto han surgido las críticas hacia un modelo utilizado hasta la saciedad.

Y es que el fenómeno conocido como Puertas Abiertas, que las formaciones utilizan para, no nos engañemos, promocionarse dentro de un mundo defenestrado por la publicidad a través de un «modus operandi’ consistente en la configuración de «macrobandas» integradas por una cifra infinita de componentes, ha confeccionado un punto de inflexión en la historia de muchas formaciones y un comodín para alcanzar la tan ansiada difusión social.

Pero, realmente, esta coyuntura que se nos presenta durante el transcurso de la época estival poco tiene que ver con el motivo que la Banda de Virgen de los Reyes haya decidido celebrar esta jornada de puertas abiertas.

A nadie se le escapa que la formación sevillana no cuenta con la necesidad de promocionarse como una de las mejores bandas de todos los tienpos, sin embargo, la polémica se ha originsdo alrededor del modo en que se está vendiendo la celebración como un acto totalmente inédito, así como el procedimiento que se está siguiendo en la aplicación de un carácter competitivo dentro del mundo de las bandas, en este caso por alcanzar el «título» de formación con mayor número de componentes en una procesión.

Sean 500 o 600, en opinión de quien les escribe, es un auténtico disparate conformar una auténtica guerra de intercambios de acusaciones entre componentes de la banda y aficionados. Un despropósito total, ver a directores con las espadas en alto ante un acto que ya poco tiene que ver con la religiosidad popular y la celebración de una festividad tan importante para la capital hispalense.

Es otra muestra más del desarraigo y la pérdida de sentido en el que se ha sumergido el mundo de la música cofrade ante el hype que las RRSS han proporcionado al orbe. Un mundo cada vez más mediatizado que ha concluido por perder el sentido de su ser olvidando el motivo para el cual fue creado.