A paso mudá, 💙 Opinión

552 días… y solo una noche

Que las procesiones han vuelto con casi todo su anterior esplendor, no hace falta decir que lo sabe prácticamente todo el mundo. Sin duda alguna, bajo mi opinión creo que ha sido un acierto máximo volver a ellas, siempre siguiendo las pautas recomendadas y establecidas por la Consejería de Salud. Y una señal clara de que han vuelto, se pudo ver el pasado 18 de septiembre en la ciudad de Córdoba.

552 días pasaron desde aquel 15 de marzo del año 2020, donde las luces de nuestras candelerías comenzaron a apagarse, al igual que la luz de la esperanza por volver a vivir momentos mágicos con nuestras imágenes titulares. Pero tras, casi, dos años solo nos bastó una noche para poder revivir con añoranza, pasión e ilusión aquello que perdimos, o más bien, un virus nos quitó, por tanto tiempo y de forma tan repentina e inmediata.

Solo una noche nos ha servido para poder volver a ver una cruz de guía, un cortejo, para oler de nuevo el incienso, para escuchar el martillo, el rachear del andar de los costaleros, o las melodías de los instrumentos que dejaron de sonar. Una tarde-noche en la que en la Plaza de Capuchinos se respiraba la paz de haber vuelto y la esperanza de que todo saliera bien. Y así fue. Pude apreciar como las personas allí presentes, cumplían con las medidas sanitarias, los costaleros, muy a su pesar, con las mascarillas dentro del paso procesional, una banda aún más grande si cabe con la separación correspondiente, y un público capaz de transmitir ilusión en sus caras a pesar de todo. Y todo esto, también lo traslado a la ilusión de la corporación de la Virgen del Rayo en su primera procesión en tan señalado día.

Todo esto era necesario, pero siempre he pecado de algo: no nos volvamos locos ahora sacando procesiones cada fin de semana, y mantengamos esa chispa viva para el Domingo de Ramos. Ya no por la pandemia, que también, sino porque la ilusión con la que hemos vuelto la cansamos rápido, la Semana Santa 2022 nos parecerá una más, y no puede ser. Debe ser la Semana Santa con la cual nos volvimos a sentir niños, con la inocencia de ellos y su ilusión por todo.

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