En mi Huerto de los olivos, 💙 Opinión

8-M Mujeres cofrades

El pasado lunes fue 8-M, día de la mujer, como bien sabemos todos y todas. Pero en la actual situación social que nos encontramos y que todos o casi todos estamos viendo parece ser que ese día festivo de la mujer solo es para un sector de la sociedad actual.

Parece que hoy en día solo las mujeres que visten algún atuendo de color lila o morado, que peguen voces en sus lugares de quedada, que manifiesten un odio al hombre desorbitado, que se creen las verdaderas protagonistas de dicha efeméride son las únicas que tienen derecho a ser las estrellas de esta celebración.

No voy a entrar a polemizar con ninguna de ellas, porque no me apetece escuchar insultos o voces. Cada uno, o en este caso una, se manifieste como su cultura y educación le indique que debe de hacerlo. Y por qué hago esta introducción… Pues es muy sencillo.

Estoy a meses de cumplir mi medio siglo de vida. Una vida engendrada por un padre y una madre que son mi ejemplo a seguir cada instante de mi vida. Por su educación y la que me inculcaron a día de hoy, que gracias a Dios aún viven a pesar de todo lo que están padeciendo por unas cosas y otras. Una guerra, una postguerra, una dictadura, una transición, una democracia monárquica y ahora para colmo una terrible pandemia.

Cuando comencé con mi formación educativa tanto en la guardería, como en el colegio y después en el Instituto y posterior intento de carrera, hubo profesoras que me enseñaron una barbaridad. A las cuáles les doy las gracias, por su enseñanza y formación.

Pero desde que entre en el mundo de las hermandades hace ya muchos años, recuerdo que siempre hubo mujeres en aquellas hermandades en las que estuve. Mujeres ni más guapas ni menos guapas, mujeres que estuvieron al pie del cañón trabajando tanto en sus casas como en sus hermandades. Podría citar a muchas, a muchas es a muchas, pero como no quiero que mi memoria me juegue una mala pasada no las nombraré. Pero haberlas haylas.

Recuerdo en labores de limpieza de enseres típicos de una hermandad, orfebrería, túnicas, bordados, montaje de pasos o cultos, colocación de flor en los altares itinerantes, cruces de mayo y ferias -antes es cierto estaban más en las cocinas que en las barras- pero eso ha cambiado también para su integridad total en la sociedad y sobre todo en las hermandades.

Todas en la medida de sus posibilidades ya que muchas después de sus labores de casa o de sus familias, tenían fuerza y ganas e iban a sus hermandades a dar su punto de vista y sobre todo a aportar ese grano de arena que hoy en día, para los cofrades más jóvenes -ellos y ellas- aportaron muchas cosas de las que hoy gozan las generaciones más jóvenes.

Y ya para gozo de ellas, también hay que destacar, cuando fueron tan valientes y se metieron bajo los pasos de sus Titulares. Tanto pasos como tronos. Ellas aportaron en muchas localidades esas cuadrillas donde no había un número suficiente de hombres para sacar esos pasos. Pasos que, si no fuese por ellas, se hubiesen quedado encerrados y les hubiese costado mucho trabajo poder salir un año o dos o quién sabe cuántos.

Desde este humilde artículo quiero darles mi homenaje, hoy mi columna sale que es 11 de marzo, pero es mi pequeña distinción a todas y cada una de las mujeres que estuvieron, están y estarán en sus respectivas hermandades para seguir creciendo en años la historia de las mismas. Gracias a todas y cada una de ellas.

Les dejo esta semana, sean felices y extrapólenlo. Estamos cerca de lo que todos sabemos. El azahar está despertando de su letargo y podemos encontrar naranjos con su fruto y flor al unísono.

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