La Semana Santa cordobesa de 2017 continúa avanzando, haciendo historia con el anunciadísimo y trascendental cambio que ha supuesto la nueva Carrera Oficial que, como cabía esperar, no ha dejado de convertirse en el tema principal de las conversaciones que van surgiendo en la comunidad cofrade, comentando los nuevos itinerarios que tan raros se nos hacen después de tanto tiempo acudiendo en masa al centro de la ciudad así como los tapones y cuestionados parones que, de cuando en cuando, se generan en los alrededores de la Catedral.
Precisamente en el corazón de este envidiable entorno arrancaba la jornada del Miércoles Santo, con una gran cantidad de público aglomerado a las puertas del Buen Pastor y a la espera de que la Hermandad del Perdón pusiese su cruz de guía en la calle precediendo a su titular, que este año veía enriquecido su paso con el estreno del bordado en oro del respiradero frontal que ya en otros artículos anteriores hemos tratado con la atención que se merece, más aun teniendo en cuenta que su confección ha sido confiada, ni más ni menos, que al entregado taller propio con el que cuenta la corporación y del que tan orgullosa se siente. Acompañado por la excelente Coronación de Espinas cuyo nivel está alcanzando esta Semana Santa cotas muy elevadas el Señor entró Carrera Oficial con la magnífico Pasión. Muerte y Resurrección haciendo las delicias del público asistente que permaneció ensimismado con la ensoñadora escena. Por su parte, la hermosísima Virgen del Rocío y Lágrimas cruzaba el pórtico de su templo, luciendo su magnífica saya bordada en oro de estilo persa y satisfaciendo la curiosidad de los presentes, que comenzaban a ser testigos de los vaticinados avances del palio que con tanto acierto diseñase Álvaro Abril, tratando de plasmar en cada uno de sus detalles la esencia cordobesa tal y como vamos pudiendo comprobar cada vez con más claridad e impaciencia a partes iguales, conscientes de la notable evolución patrimonial de la que está siendo objeto nuestra Semana Santa. La Virgen de San Roque accedió al itinerario común con Rocío, derrochando elegancia y alegría a partes iguales provocando la satisfacción de propios y extraños.
También en las primeras y sofocantes horas de la tarde, la añeja Hermandad del Calvario llegaba al este año concurrido barrio de la Magdalena, evocando en cierto modo con ello el trascendental pasado de este entorno y la iglesia que tiempo atrás hiciese de cuna de algunas de nuestras hermandades y acogiese en su seno a más imágenes de las que muchas veces recordamos. Así, siguiendo los pasos de otras cofradías, la corporación de San Lorenzo avanzaba decidida camino de la Carrera Oficial, con la cuadrilla del dulcísimo nazareno guiando los pasos del titular, siguiendo a su vez las órdenes de Carlos Lara – que se estrenaba con gran acierto y no pocas ilusiones en la estación de penitencia de la cofradía del Calvario – y acompañada por los alabados sones de la Banda de Cornetas y Tambores de Nuestra Señora de la Salud, que sigue sumando elogios con cada una de las pruebas a las que se somete, logrando una simbiosis de elegancia y sobriedad muy del gusto de quien les habla. La Virgen del Mayor Dolor seguía los pasos del Señor del Calvario, con su intachable y personalísimo sello propio – que incluye desde su palio, hasta su exorno floral o su cadencia – y escoltada por una también omnipresente AMUECI, que tras largos años ha terminado por hacerse un hueco y un respetado nombre en nuestra querida Semana Mayor, merced a la indiscutible calidad y heterogeneidad que derrocha en cada una de sus actuaciones.
Como cabía prever por propia experiencia, la Paz se convertía, como cada Miércoles Santo, en un atractivo de magnetismo ineludible, recorriendo las céntricas calles de la ciudad y atrayendo a su paso a una ingente cantidad de personas – hecho que se volvería a repetir, cómo no, en los clásicos Jardines de Colón, donde la cofradía tiene su punto álgido – que no querían dejar de acudir ni tan solo por un año a su obligada cita con el Señor de Humildad y Paciencia sobre el irrepetible paso de misterio que tanta fascinación y sorpresa sigue despertando en cuantos se acercan él. Cabe destacar asimismo los acompañamientos musicales en sendos pasos de la cofradía de Capuchinos, contando con el buen hacer de la Banda de Cornetas y Tambores Nuestra Señora del Rosario de Linares a pesar de que son muchas las voces que opinan que su repertorio tal vez no sea el más adecuado para un misterio que anda como anda Humildad y la Banda de Música de Nuestra Señora de la Soledad de Cantillana que tenía una difícil papeleta al suplir a la Sociedad Filarmónica de Pilas que superó con nota elevada. La decepción que provocó la fría entrada en Carrera Oficial del primer paso de la corporación capuchina, después de solventar un pequeño incidente con un árbol que tuvo lugar en la Trinidad, fue suplida en los Jardines y en la entrada en Capuchinos donde la cuadrilla volvió a recuperar la espectacularidad que es seña de identidad de este paso y que pareció obviarse durante la mayor parte de su recorrido. Por su parte la Paz sorprendió con una finura más patente de lo esperado, para un palio al frente del cual muchos siguen echando mucho de menos la mano del añorado Rafael Muñoz. La Plaza de Capuchinos fue la apoteosis con la llegada de la Paloma de Capuchinos que fue recibida por una gran petalá a los sones de Coronación de la Macarena y vítores y gritos de guapa que convirtió en singular una entrada que se prolongó más allá de las tres y media de la madrugada del Jueves Santo.
El en otro tiempo conocido como Señor de los Hortelanos llenaba los rincones del Alcázar Viejo que, como siempre, se deshacía con el antiguo y querido nazareno, tan emblemático de un barrio como San Basilio y la enternecedora Virgen del Amor. A pesar de la modificación en el horario que ha supuesto la nueva Carrera Oficial para la Hermandad de Pasión – con un itinerario considerablemente más breve y de salida también mucho más tardía –, no deja de resultar llamativo el cariño y la cálida compañía con la que la cofradía da sus primeros pasos en su tarde del Miércoles Santo, fiel a lo que indudablemente, es una tradición más que consolidada. La entrada del Señor de Pasión en Carrera Oficial fue sencillamente espectacular, de pellizco, como bien comentaba su capataz, acompañado por la siempre efectiva Santo Tomás de Villanueva que enlazó las marchas Caridad del Guadalquivir, La Saeta y Al Cristo de los Faroles que provocó la reacción favorable del público asistente. Muy elegante y derrochando finura María Santísima del Amor en cuyo caminar se nota la experta mano de Luís Miguel Carrión.
Por su lado, la Hermandad de Palmeras volvía a captar la atención del colectivo cofrade con un desafiante recorrido y un horario que ya alimentó tiempo atrás no pocos debates. Con ese recuerdo ligeramente aletargado en el subconsciente cofrade y la idea, siempre presente, de que probablemente hayamos estado ante la última ocasión en la que haya procesionado la talla del singular crucificado, la cofradía de la Piedad pisaba los talones a la de Pasión, aún con el acompañamiento musical de la Banda de Cornetas y Tambores Sayones de Pozoblanco con una actuación sobresaliente que captó la atención del respetable desde la misma Ribera con Bulería de San Román, trabajo que ha sido relevado más tarde, en el largo camino de regreso a su lejano templo de San Antonio María Claret, por la Agrupación Musical Santísimo Cristo de la Piedad de Ciudad Real.
La Plaza de San Pedro se llenaba poco a poco en torno a las 0:30 horas con un indiscutible ambiente de expectación a la espera de la Hermandad de la Misericordia, poniendo de manifiesto el porqué de su sobrenombre de Silencio Blanco y haciendo alarde de su inconfundible estilo, fácilmente asociable a esa Córdoba “rancia” por la que el tiempo parece resistirse a dejar su huella. Ambos pasos de la cofradía – el de Nuestra Señora de las Lágrimas con los varales y la candelería del paso de palio ya restaurada con excepción de los candelabros de cola – llegaban abriéndose paso en mitad de un silencio que se acrecentaba progresivamente en mitad de la noche cordobesa con impecables acompañamientos musicales, propiciados por la destreza de la también admirada Banda Caído y Fuensanta y la Banda de Música María Santísima de la Esperanza, que parece no resignarse a quedarse fuera de ninguna de las intensas jornadas de la histórica Semana Santa a la que estamos asistiendo. Clasicismo en el paso del Cristo de la Misericordia y un gusto exquisito en el palio de la virgen – es un delicia ver alejarse el palio de las Lágrimas- terminaron de conformar un Miércoles Santo que nos regaló un buen número de instantes para el recuerdo.





