El paso del tiempo es ese juez inexorable que va depositando con su infinita cadencia las cosas en su sitio. Este jueves se cumplen 31 años del día en que se sembró la semilla cofrade en un barrio que probablemente jamás había soñado que en sus entrañas brotase una cofradía, por obra y gracia de la luz infinita que emana de la dulce mirada de la maravillosa Estrella que tallase Juan Ventura, inspirada en la dolorosa que quien ahora es un vestidor, Manuel Jiménez, atesora entre sus devociones particulares.
Ocurrió el 20 de diciembre de 1987 y el mundo entero se detuvo para contemplar el caminar de la más bella de las estrellas del firmamento, camino de su nuevo hogar, en el corazón íntimo de la Huerta de la Reina, conteniendo la respiración hasta verla y sentirla depositada en el lugar que desde aquel preciso instante se convirtió en el mismísimo Cielo y donde desde el primer suspiro comenzó a recibir el cariño incondicional de sus vecinos para paulatinamente ir ocupando un lugar de privilegio en el altar de sus devociones más íntimas y trascendentales.
Y es que, como bien conocen en el seno de la hermandad de la Estrella, la fecha del 20 de diciembre está íntimamente ligada tanto a la hermandad como al barrio de la Huerta de la Reina, porque desde aquel preciso instante, la Estrella le da luz a todo un barrio, para convertirse en soberana perpetua de sus entrañas y gobernar en sus corazones… para siempre.





