Las órdenes religiosas que continúan evangelizando en Écija

Sin duda, Écija pasa por ser uno de los pueblos más devotos de la provincia sevillana. Conocida por las once torres que guardan al pueblo astigitano, son hasta catorce hermandades las que procesionan por sus calles cada Semana Santa bajo la luna de Nissan. Pero, en el interior de los conventos y monasterios de Écija, las distintas órdenes religiosas continúan su labor misionera y evangelizadora, como hace siglos viene realizando en la localidad de la campiña sevillana. El trabajo callado de monjas y frailes por sobrevivir en una sociedad cada vez más carente de devociones es visible aún en Écija, y esperemos que así sea por muchos años más.

Actualmente, apenas cuatro conventos femeninos permanecen en la ciudad, existiendo tan sólo uno masculino. Sin embargo, Écija fue protagonista de la gloria de tiempos pasados, llegando a contar entre sus calles con hasta 16 cenobios religiosos, cuyos edificos han pasado a erigirse como iglesias la gran mayoría. A continuación, daremos un breve paseo por los distintos conventos ecijanos y las órdenes religiosas que lo rigen.

CONVENTO DE SANTA FLORENTINA

Para conocer la historia de los conventos y monasterios de Écija, habría que remontarse al año 1383, cuando se funda el Convento de Santa Florentina, regido desde entonces, y hasta la actualidad, por la Orden de Religiosas Domínicas. De la fábrica primitiva de este edificio, de estilo mudéjar, se conserva sólo la portada, por la cual se accede al torno, a través de donde se pueden adquirir los exquisitos productos de repostería elaborados por las religiosas.

Como dato curioso, podríamos destacar que hace varios años se produjo un milagro en este convento. Tras recibir la noticia de que su padre padecía una enfermedad, una joven acudió angustiada a la hornacina exterior del convento, que acoge una pequeña efigie de San Martín de Porres. A los pocos días, volvió al mismo lugar a ofrecer dos rosas al santo ante la notable mejoría de su progenitor. Al terminar la misa de ese mismo día, una devota de San Martín de Porres, que momentos antes había depositado una limosna en el cepillo de la hornacina, notó que las flores, que antes se encontraban fuera, estaban ahora a los pies del santo en el interior de la capillita. Asombrada, informó a las religiosas, quienes afirmaron que era imposible abrir la hornacina, ya que la monja encargada de custodiar las llaves de la cristalera de ésta estaba presente en la misa.

CONVENTO DE NUESTRA SEÑORA DE LA MERCED

El primer convento de la Comunidad de Padres Mercedarios Descalzos, fundado en 1509 al amparo de los condes de Palma, se ubicaba a extramuros de la ciudad. Sin embargo, ya en 1543, se traslada a su actual emplazamiento tras sufrir constantes inundaciones de río Genil. La orden mercedaria habitó el convento hasta la exclaustración, siendo cedido en 1895 a la Comunidad de las Hijas de María Auxiliadora (Salesianas), que actualmente continúan rigiendo el cenobio.

El retablo mayor está presidido por un espectacular camarín que acoge una imagen de Nuestra Señora de la Merced, sedente tallada o de candelero para vestir, pues el convento posee dos imágenes de su titular. Curiosamente, para la construcción de la espadaña en 1630 se reutilizaron materiales procedentes del derribo de la cercana Puerta de Estepa.

La hermandad de la Piedad, que procesiona cada tarde de Viernes Santo, tiene su sede canónica en este templo. Se trata de la única cofradía residente en un convento.

REAL MONASTERIO DE SANTA INÉS DEL VALLE

El Real Monasterio de Santa Inés del Valle, regido por la Comunidad de Clarisas Franciscanas, fue fundado a finales del siglo XV a extramuros de la ciudad, trasladándose posteriormente a su emplazamiento actual. Entre los benefactores del convento cabe destacar la reina Isabel la Católica, que lo eligió para hospedarse mientras recaudaba fondos para la Guerra de Granada, cuya habitación aún se conserva. También hicieron valiosos legados la emperatriz María de Austria y la infanta Isabel Clara Eugenia, así como el Cabildo de la ciudad. Era tal su importancia que también llegaron importantes reliquias al convento, como una espina de la corona de Cristo.

La puerta del tercer tramo fue cegada durante las reformas realizadas en los años sesenta, colocándose en el centro una hornacina donde se venera la aparición de la Virgen de Fátima, que goza de gran culto popular. El convento ha sufrido a lo largo de su historia numerosos incendios e inundaciones. Actualmente la mayor parte del convento se encuentra en estado ruinoso.

CONVENTO DE LA DIVINA PASTORA

Tras pasar por numerosos emplazamientos, el Convento de la Divina Pastora se fundó en 1629 por los Padres Paúles Capuchinos, que rigieron el convento hasta la exclaustración. Actualmente, desde 1924, está en manos de la Compañía de las Hermanas de la Cruz, el cual fue inaugurado en presencia de la misma Santa Ángela de la Cruz. La calle donde está emplazado el cenobio lleva el nombre de la santa, así como la construcción de un monumento en su honor.

OTROS CONVENTOS

El Convento de las Marroquíes debe su nombre popular al apellido de sus fundadoras, las hermanas doña Luisa y doña Francisca Marroquí, si bien su título es Convento de la Santísima Trinidad y Purísima Concepción de Nuestra Señora. Desde su fundación, se encuentra regido por la Comunidad de Concepcionistas Franciscanas, que abandonaron el convento en octubre de 2014. El verdadero tesoro de este convento eran los célebres bizcochos marroquíes, cuya receta trajeron unas monjas de Navarra y que actualmente pervive en el Convento de Santa Florentina. En la próxima primavera, las Peregrinas de la Eucaristía se harán cargo del convento.

El Convento de las Teresas, regido por la Orden de las Carmelitas Descalzas, debe su nombre a la fundadora de la orden, Santa Teresa de Jesús. El cenobio se encuentra emplazado en el antiguo Palacio mudéjar de los condes de Palma desde 1630. Las monjas abandonaron el convento antes del inicio de la cuaresma de 2015.

Por su parte, la exclaustración del Convento de la la Visitación de Santa Isabel -las Filipensas se produjo a principios de 2014. La mayor parte del patrimonio se la llevaron consigo las religiosas, pasando algunos enseres a la Parroquia Mayor de Santa Cruz. En la actualidad constituye la sede del Consejo General de Hermandades y Cofradías de Écija y el Economato Social Virgen del Valle.

Las actuales iglesias de la Encarnación –desacralizada–, Los Descalzos, San Francisco, Santa Ana, Santo Domingo o el Oratorio de San Felipe Neri estuvieron habitadas antaño por distintas comunidades religiosas hasta su exclaustración, así como la Parroquia de Nuestra Señora del Carmen hasta época reciente. Además, en el actual emplazamiento de la Ermita del Valle se encontraba un convento visigodo, que creó Santa Florentina, siendo el primer convento femenino construido en la Península Ibérica.

En la actualidad, también reside en Écija un reducido grupo de Hermanas de la Caridad, que se encargan de gestionar el Colegio de Nuestra Señora del Valle.

Para conocer otras iglesias y conventos que desaparecieron en los anales de la historia de Écija pincha aquí.