Iglesias y conventos que desaparecieron en los anales de la historia de Écija

Écija siempre ha sido una ciudad profundamente católica desde que San Pablo iniciara su cristianización a mediados del siglo I. Prueba de ello es que fue la primera capital de la Bética con sede episcopal, es decir, en tener diócesis. Actualmente, Écija cuenta con 6 parroquias, 11 iglesias filiales, 4 conventos femeninos (sin contar el colegio de Nuestra Señora del Valle regido por las Hermanas de la Caridad) y sólo 1 convento masculino.

Quizás la iglesia desaparecida más conocida sea el Convento de la Purísima Concepción, regido por los Mercedarios Descalzos, aunque primitivamente fue una Ermita. Lo único que queda de él son las populares Torres Gemelas. Su fundación se remonta a 1624, cuyo templo era presidido por Nuestra Señora de la Merced, talla que se encuentra en la Parroquia de Santa María. En las décadas de 1950 y 1960 se procedió a la demolición de este vasto monasterio, si bien ya en la Segunda República su altar mayor fue trasladado a la Parroquia de Santa María, donde cobijó a Nuestra Señora del Pilar. Actualmente constituye el retablo principal de la Parroquia Mayor de Santa Cruz. Lo que queda del convento es propiedad del Ayuntamiento de Écija.

Como único templo existente en Écija sin uso religioso tenemos a la Iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación, sita en calle Mayor. Conocida popularmente como las Monjas Blancas, estuvo regido por la Comunidad de Mercedarias Descalzas desde su fundación en 1704. Posteriormente ha sido usada como cuartel de la Guardia Civil o dependencias municipales, siendo actualmente el almacén de los palcos de Semana Santa. Ha sido restaurada recientemente, si bien su retablo mayor, púlpito y otros enseres fueron traslados a la vecina Iglesia del Hospital de San Sebastián.

Otro cenobio muy popular, gracias a la hermandad de la Sangre, es el desaparecido Convento de San Agustín, propiedad de los padres agustinos, en el entorno de la calle Zamoranos. Su fundación se remonta a 1491, y en el mismo lugar se hallaba en ese momento una Ermita dedicada a la Madre de Dios. Tras varios momentos de ruinas entre los siglos XVII y XVIII, la cofradía de la Sangre abandonó la que fuera su sede canónica para trasladarse a la Parroquia Mayor de Santa Cruz a principios del siglo XIX. Ya en 1787, la orden se trasladó al también hoy extinguido colegio de la Compañía de Jesús. En el convento se conservaban los cuerpos de San Julián y San MarioCuriosamente, su retablo mayor es el actual camarín de la hermandad de la Sangre.

La calle Espíritu Santo debe su nombre al antiguo convento del mismo nombre que se encontraba en ella. Desde su fundación en 1498 estuvo regido por dominicas, en cuya barrera se encontraba la casa de San Fulgencio. Tras su demolición se construyó el palacio del marqués de las Cuevas del Becerro, el cual tuvo posteriormente usos militares y, en la actualidad, en el lugar se levantan viviendas.

También el Convento de Nuestra Señora de los Remedios daba nombre a la plaza del mismo nombre. Fue propiedad de las Carmelitas Calzadas, siendo fundado en 1507, donde la principal devoción era Nuestra Señora del Carmen. El Padre Roa cuenta que existía en este convento una monja que murió a la edad de 110 años, que se había quedado ciega y pidió al Señor que le restituyera la vista para rezar las horas canónicas. Y así fue: la ceguera se fue de tal manera que “hacía labores de aguja”.

La actual Plaza de Abastos fue en sus inicios el Convento de San Fulgencio, de la Compañía de Jesús. Se fundó a finales del siglo XVI por deseo del pueblo, y en 1598 se funda el colegio y pasan a las casas de Garcilaso de la Vega, donde celebran la beatificación del fundador e intentan obtener las reliquias de San Fulgencio. En 1682 se reedifica la Iglesia, y no fue hasta 1767 cuando los jesuitas fueron expulsados de Écija y se reparten los enseres entre las parroquias de la ciudad.

Popular también es el desaparecido Monasterio de Nuestra Señora del Valle, en la actual barriada del mismo nombre. Fundado por Santa Florentina, acogía la imagen de la Virgen del Valle que su hermano San Fulgencio le regaló. Este fue el primer convento femenino que hubo en la Península Ibérica, pues el primitivo edificio data del siglo VI. Tras la expulsión musulmana, en 1486 se reedifica un monasterio regido por ermitaños de San Jerónimo, donde se dice que la tumba de Santa Florentina permaneció hasta la llegada de los jerónimos. La imagen de la Patrona se entroniza definitivamente en la Parroquia Mayor de Santa Cruz en 1849, quedando el monasterio en unas ruinas irreparables que han evolucionado a la actual Ermita del Humilladero del Valle.

Otros conventos de los que no se sabe su ubicación son los de Nuestra Señora de los Ángeles, del siglo XVII y regido por los Padres de San Francisco, o el de San Diego, fundado en 1621 por los Padres Descalzos de la Regular Observancia de San Francisco. Cabe también destacar el Convento Hospitalario de San Pedro, San Pablo y San Juan de Dios (1626), regido por la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, cuya devoción principal era San Rafael Arcángel. En la segunda mitad del siglo XIX sirvió como hospital militar; actualmente apenas se ven unas ruinas en la calle Mayor.

Los antiguos frailes del Convento de San Francisco también tuvieron su primitiva sede en otra ubicación, la Ermita de San Gregorio, que se encontraba en la Plaza del Matadero y que de ella provenía la imagen de Nuestro Padre Jesús Sin Soga, actual titular de la cofradía del mismo nombre. En la Iglesia de Santa Bárbara también se venera una talla de Santa Quiteria, procedente de una desaparecida Ermita del mismo nombre. Otras órdenes que tuvieron otros emplazamientos primitivos son Las Teresas, que se encontraba en la calle Trascampanario, y La Merced, que estuvo en la actual barriada Colonda.

Finalmente, entre febrero de 2014 y febrero de 2015 Écija lloró el desalojo de tres conventos: la Congregación de María Santísima de los Dolores y San Felipe Neri, las Filipensas (Convento de la Visitación de Santa Isabel), anteriormente Comunidad de Religiosas Mínimas de San Francisco de Paula; la Comunidad de Concepcionistas Franciscanas, las Marroquíes (Convento de la Santísima Trinidad y Concepción de Nuestra Señora); y la Comunidad de Carmelitas Descalzas, las Teresas (Iglesia Conventual de San José). El pasado mes de diciembre se dio a conocer la noticia de que el Convento de las Marroquíes sería reabierto al culto para acoger a las Peregrinas de la Eucaristía.