Pongámonos es situación, más que nada para los jóvenes componentes de bandas, no se si esto ocurriría fuera de Córdoba pero aquí sí. Pues bien, a principios de los años 80 existían en nuestra ciudad cuatro bandas de cornetas y tambores de estilo prácticamente paramilitar, que era la música que existía en los desfiles procesionales de Córdoba, la mayoría de los acompañamientos eran en cruz de guía. También, como no, las bandas del Regimiento de la Reina (Lepanto), la banda de Artillería Córdoba X y La Legión. Esas bandas de final de los 70 y principio de los 80, a memoria de un niño de 10 años eran Cristo del Amor (la del Cani), Banda del Huerto (la de Antidio), la Victoria (la del Naranjo) y Cristo de Gracia (Esparraguero).
De mediados de los 80 hacia los 90 algo empezó a cambiar. La del Amor se iría transformando en agrupación musical, la del Huerto pasaría a la hermandad de la Esperanza con aires totalmente de la Guardia Civil de Eritaña, el Naranjo iba y venía y el Esparraguero desaparecería, pero nacieron la de la Ciudad de los Niños en el barrio de Carlos III y la de San Joaquín (las Costanillas) banda en la que con orgullo comencé. Toda esta introducción así «por lo alto» es para intentar explicar el cambio que también en la música se fue produciendo en nuestra tierra.
Aún recuerdo unas palabras que seguro, dichas desde el cariño, me dijo mi padre, cofrade y costalero del Cristo de Gracia. A la pregunta «papá, me quiero apuntar en una banda», su repuesta fue, anda ya niño eso es de «macarras». Y en parte tenía algo de razón. Para las cofradías de entonces de Córdoba, la música iba en un segundísimo plano y las bandas eran lejanas a ellas. Todo se limitaba a llevar algo en cruz de guía, ya que los pasos en su mayoría iban a ruedas. Con la llegada de las cuadrillas de costaleros todo iría cambiando.
Por supuesto, éste que les escribe no hizo caso a su padre y a escondidas se apuntó a la banda de las Costanillas. En la primera bronca de mi padre al decirme otra vez lo de «macarra» le contesté una cosa que hoy en día llevo a gala «papá, me tienen que conocer como músico cofrade», quizás se veía el cambio que se iría produciendo. Ya empezó a funcionar la banda del Cristo de la Sangre (el Císter), mal vistos por el resto de bandas por su estilo «sevillano» pero sin duda fue la primera banda que comenzó a que el cofrade también podía ser músico. Un proyecto que duró 7 años, más o menos, pero que sin duda logró que a los músicos nos miraran de otra manera. El testigo lo recogió la Banda de la Estrella, la Banda de música del Cristo del Amor y siempre la banda de Antidio que se convertiría en la Banda de La Fuensanta.
Y hoy en día gracias a aquellos «macarra» que más tarde se convirtieron en «músicos cofrades» disfrutamos de un panorama inmejorable en Córdoba y nuestra provincia. Ahora tenemos otra lucha de «macarras», hemos pasado a ser cofrades de segunda, pero eso lo hablaré en otra ocasión. Gracias a tí, Papá, por hacerme cofrade desde chiquitito con aquellos claveles rojos que cada Viernes Santo veía en el lavabo de casa después de ser su costalero.





