El Soberano Poder en la mágica intimidad del taller imaginero

El proceso de hechura de una imagen devocional está preñado de multitud de emociones y detalles que trascienden de la mera factura. Instantes únicos que se viven en la mágica intimidad del taller imaginero, donde se multiplican las cuentas del rosario de recuerdos que alimentarán para siempre la memoria infinita de quienes han tenido la fortuna de formar parte de esa intimidad. Afortunados como nuestro compañero Antonio Poyato, que ha podido acceder a este maravilloso joyero de sentimientos para dejar testimonio gráfico de lo vivido entre los muros de esa especie de templo en el que metafóricamente se convierte el taller del imaginero cuando, poco a poco, se va materializando la presencia del Hijo de Dios en sus entrañas. Poyato ha sido el elegido, el afortunado, que ha podido realizar, a través de su particular modo de plasmar la realidad que le rodea, una crónica gráfica histórica, que pasará a los anales de la historia de la Quinta Angustia.

Un reportaje en el que se aprecian algunos de los detalles más significativos de la talla de Nuestro Padre Jesús Soberano Poder. La barba clásica, los ojos de la Quinta Angustia, la rodilla ensangrentada – prueba fehaciente de que el Señor ya ha caído al menos una vez -, la potente zancada, los detalles extremadamente simbólicos traídos de Tierra Santa para la peana – Tierra de Cafarnaún y Jerusalén, agua del Jordán, bálsamo de los óleos con los que se unge cada día la piedra del Santo Sepulcro, hojas  y tierra del Huerto de los Olivos y una piedra de la Vía Augusta – o la abeja reina posada sobre la corona, que representa al Rey de la creación pero que simultáneamente goza de un importante contenido eucarístico que los autores han desvelado a los lectores de Gente de Paz en una interesantísima entrevista. Detalles que no dejan a nadie indiferente que bajo la mirada de nuestro compañero ya son parte de la memoria colectiva de la Córdoba Cofrade.