Uno de los presentes que los magos entregaron al Niño Dios fue el incienso, ese que tanto añoraremos un año más en nuestras calles. Poco a poco van sucediéndose los comunicados de las diócesis con un patrón muy marcado, de nuevo el mismo que Sevilla, en el que se suspende todo tipo de culto en la vía pública organizada por cualquier grupo religioso.
¿Y qué tiene que ver todo esto con el incienso? Pues que nos vamos a hartar, o al menos deberíamos intentarlo. Estos comunicados coinciden en que se debe sustituir lo público por cultos internos y es ahí donde tenemos que centrar nuestros esfuerzos. Al igual que cada detalle de la salida procesional se cuida con esmero, toda esta situación debería permitirnos centrarnos en cultos sublimes con toda la atención puesta en la liturgia de cada momento y principalmente en la celebración de la Sagrada Eucaristía, y sí… Con mucho incienso.
Por eso, muchas gracias Majestades por esta oportunidad de demostrar que los cofrades somos mucho más que forofos de pasear pasos por la calle y que somos Iglesia y católicos que le ponemos todo nuestro ser también al culto interno dónde se hace realmente presente el Señor.





