Así es el impactante proyecto del Misterio de la Crucifixión, de López del Espino, para el Amor y Paz de Lucena

El imaginero Francisco Javier López del Espino ha presentado en sociedad la nueva maravilla que ha proyectado para el universo cofrade, el futuro Misterio de la Crucifixión, concebido para la hermandad del Santísimo Cristo del Amor y María Santísima de la Paz de Lucena. Una impactante escena, conformada por dos sanedritas y tres romanos, uno de ellos un centurión a caballo, que representan el expolio de Nuestro Padre Jesús de la Crucifixión (vulgo Barrenillas), y acompañarán al Señor, obra de Pedro Muñoz de Toro y Borrego, datado en el siglo XIX.

Las figuras sustituirán a los dos sayones que acompañan al titular cristífero de la hermandad, dos tallas de escasa calidad artística pero con gran tradición en la Semana Santa Lucentina. En la búsqueda del espectacular incremento de expresivo, escénico y artístico que propiciará la labor de López del Espino, la cofradía ha previsto que la primera fase del proyecto, los dos soldados a pie, estén concluidos en 2023, con el objetivo de que procesionen en 2024 junto con el centurión a caballo. Finalmente, tras la autorización del cabildo general de hermanos, se incorporarían las figuras de los dos sanedritas, a priori en 2025.

El autor

Nacido en el seno de una familia humilde y trabajadora, Francisco Javier López del Espino cursó estudios primarios en Lucena y su sensibilidad artística fue evidente desde pequeño, pues desde que tuvo uso de razón recuerda haber dibujado y pintado infinidad de imágenes, hasta que en la adolescencia empezó a sentir atracción hacia la escultura y en especial hacia la imaginería. A los 17 años, con la intención de empezar a formarse como imaginero, se trasladó a Córdoba para realizar los estudios de grado medio de talla artística en madera. Con posterioridad, inició los estudios de grado superior en escultura, a la vez que entró a trabajar con importantes imaginemos cordobeses. Para enriquecer su aprendizaje como imaginero, también trabajó durante dos años y medio en la escuela taller La Merced VI, encargada de reconstruir el retablo mayor de la Iglesia de la Merced de Córdoba, desarrollando su labor como oficial en el módulo de imaginería, ejerciendo labores de policromía, dorado y restauración.

Finalizado el periodo de estudio y aprendizaje, se trasladó a Lucena, donde abrió su propio taller en la calle Julio Romero de Torres nº 21. Enseguida comenzaron a llegar los encargos, destacando una escultura de San Juan Pablo II bendecida por el Papa Francisco en la Plaza de San Pedro de la Ciudad del Vaticano en febrero de 2014, que recibe culto en Lucena. Además, cuenta con obras en Sevilla, Almería, Conil (Cádiz), Córdoba, Tarancón (Cuenca) Ciempozuelos (Madrid), Ciudad Real, Elche (Alicante) Albacete, Malagón (Ciudad Real), Écija (Sevilla), Lucena (Córdoba) Huesca, Valencia, Porcuna (Jaén), Guadalajara, etc.

Afirma buscar como escultor es que sus imágenes transmitan un sentimiento determinado, igual que lo transmite una persona. Para ello, trata de imprimirles la divinidad que cualquier imagen religiosa debe tener, la tristeza, la belleza, el sufrimiento y el dolor, con la intención de que parezca que la imagen que estamos contemplando posea el mismo sentimiento que nosotros. “Para mí, como escultor-imaginero, desabrocharme el alma y volcar todos mis sentimientos sobre el barro o la madera resulta, aparte de algo indescriptible, una obligación”, afirma el escultor.